Conan O’Brien: tres décadas de comedia, crisis televisivas y un inesperado reinado en los Oscar

Sobrevivió a despidos, polémicas televisivas y cambios de formato. Hoy es uno de los anfitriones más eficaces de los Premios Oscar

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El anfitrión Conan O'Brien abre los Oscar 2025 en el Dolby Theatre de Hollywood.
Foto: Patrick T. Fallon / AFP

Cuando la Academia anunció que volvería a confiar en Conan O’Brien para conducir la gala de los Premios Oscar, muchos en la industria reaccionaron con una mezcla de alivio y entusiasmo. Después de más de tres décadas en la comedia televisiva estadounidense, el presentador pelirrojo de humor surrealista y gestos elásticos se ha convertido en una figura singular dentro del ecosistema del entretenimiento: alguien que atravesó crisis públicas, cambios de formato y transformaciones mediáticas sin perder su identidad cómica.

O’Brien nació en 1963 en Brookline, Massachusetts, en una familia irlandesa-estadounidense de clase media acomodada. Su padre, Thomas F. O’Brien, fue un reconocido epidemiólogo vinculado a investigaciones sobre resistencia antimicrobiana, mientras que su madre, Ruth Reardon O’Brien, fue una de las primeras mujeres en convertirse en socia del prestigioso bufete Ropes & Gray. Ambos tenían trayectorias académicas brillantes y transmitieron a sus hijos -eran seis- una fuerte disciplina intelectual.

Ese entorno marcaría la formación del futuro comediante. O’Brien estudió Historia y Literatura en la Universidad de Harvard, donde se graduó cum laude y llegó a presidir la revista satírica Harvard Lampoon, uno de los viveros históricos de la comedia estadounidense. Por sus páginas han pasado figuras que luego dominarían la televisión y el cine, y el propio O’Brien se integró rápidamente en ese circuito creativo.

Su primer gran paso profesional fue como guionista en Saturday Night Live a finales de los años 80. Poco después se sumó al equipo de The Simpsons, donde escribió algunos episodios especialmente recordados por los fans, entre ellos “Marge vs. the Monorail”, considerado uno de los clásicos de la serie.

El salto inesperado llegó en 1993, cuando NBC lo eligió para reemplazar a David Letterman al frente del programa nocturno Late Night. La decisión sorprendió a la industria: O’Brien era prácticamente desconocido frente a las cámaras. Los primeros meses fueron difíciles y las críticas feroces. Según recordó años después el periodista Andrew Anthony, un crítico llegó a sugerir que el presentador debía abandonar el programa.

Sin embargo, lo que parecía un error de casting terminó convirtiéndose en un caso singular de perseverancia televisiva. O’Brien desarrolló un estilo propio basado en el humor físico, la autoparodia y el absurdo deliberado, con sketches que a menudo se alejaban del formato convencional del talk show. Con el tiempo, ese estilo le ganó un público fiel y consolidó su lugar en la televisión.

En 2009 llegó el que parecía el momento culminante de su carrera: NBC le entregó la conducción de The Tonight Show, el programa que había inmortalizado décadas antes Johnny Carson. Pero el proyecto duró apenas unos meses. Tras cambios de programación y tensiones internas en la cadena, el antiguo presentador Jay Leno regresó al espacio, lo que obligó a O’Brien a abandonar el puesto en uno de los episodios más comentados de la televisión estadounidense.

Lejos de desaparecer, el comediante convirtió aquella crisis en una nueva etapa. Continuó su carrera en el canal TBS con el programa Conan, que se emitió hasta 2021, y más tarde expandió su presencia hacia formatos digitales y sonoros. Su podcast Conan O’Brien Needs a Friend se transformó en uno de los más escuchados del género, con entrevistas a figuras como Tom Hanks, Paul McCartney o Al Pacino en conversaciones más relajadas que las de la televisión tradicional.

Conan O'Brien
Conan O'Brien
Foto: Patrick T. Fallon / AFP

Su debut como anfitrión de los Oscar en 2025 confirmó que su estilo también podía funcionar en el mayor espectáculo de Hollywood. La ceremonia combinó el monólogo clásico de apertura con el humor físico y las situaciones absurdas que lo hicieron famoso en televisión. Entre los momentos más comentados estuvo una parodia inspirada en la película La sustancia, en la que aparecía saliendo del cuerpo de Demi Moore, además de varios chistes sobre las películas nominadas y las polémicas de la temporada. La crítica destacó que su tono -más autoparódico que agresivo- ayudó a mantener un clima distendido durante la gala.

Más allá de los chistes, O’Brien ha explicado a The Hollywood Reporter que su trabajo como anfitrión también implica una dimensión humana: busca empatizar con los invitados y ganadores, conectar con el público y honrar la comunidad cinematográfica desde la autenticidad, recordando que su papel no es solo hacer reír, sino acompañar y celebrar el trabajo de quienes participan en la ceremonia. Esta filosofía anticipa que su regreso en 2026 mantendrá el equilibrio entre comedia, respeto y cercanía, con la intención de ofrecer una gala entretenida pero también memorable para los protagonistas del cine.

El propio O’Brien reveló después que varias ideas humorísticas quedaron fuera del programa por las estrictas normas de la Academia. Una de ellas incluía tratar a la estatuilla del Oscar como si fuera su compañero de departamento en un sketch doméstico, pero el equipo del evento rechazó la escena porque la figura no puede aparecer acostada ni vestida. El comediante confesó que la regla lo sorprendió: “Oscar nunca puede estar en posición horizontal”, le explicaron.

El último año ha tenido además momentos personales difíciles. Sus padres fallecieron con apenas tres días de diferencia, ambos con más de 90 años. En una entrevista con The Boston Globe, O’Brien recordó la relación entre ellos como la de “dos espíritus afines” que compartían disciplina y sentido del deber.

A pesar de los golpes y las reinvenciones, el presentador ha mantenido una filosofía relativamente simple sobre su carrera. En una conversación reciente con Michelle Obama, explicó que los períodos de incertidumbre son inevitables en cualquier trayectoria creativa. “Puedes tener una mala semana o incluso un mal año. Lo importante es entender que nadie se libra de esas etapas”, dijo. Como consejo, sugirió: “No te castigues si alguna etapa consiste solo en mantenerte sin avanzar, porque más tarde te das cuenta de que estabas aprendiendo”.

Ese optimismo moderado -que define como mantenerse siempre “en un 51% o 52% de optimismo”- parece haber sido clave para atravesar décadas de cambios en la industria televisiva. Y también explica por qué, después de tantos altibajos, sigue siendo una de las figuras más respetadas de la comedia estadounidense.

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