Cien años del nacimiento de uno de los padres de Astérix, un francés que se crió en Argentina y veraneó en Uruguay

René Goscinny habría cumplido 100 años el pasado 14 de agosto. Con Albert Uderzo creó a los galos de la poción mágica, pero también estuvo detrás de personajes como Lucky Luke y El Pequeño Nicolás.

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René Goscinny

"Era al cómic lo que la Torre Eiffel es a París, lo que Balzac a la novela francesa; en una palabra, lo que Obélix a Astérix”. Así definió el periodista Bruno Frappat a René Goscinny, el guionista y editor de historietas francés que el mundo reconoce fundamentalmente por ser, junto a Albert Uderzo, el padre de Astérix.

El pasado 14 de agosto habría cumplido 100 años y estuvo muy lejos de hacerlo porque un infarto se lo llevó cuando tenía apenas 51 años. Además de los galos, dejó otros reconocibles personajes y guiones que hasta hace poco se seguían estrenando.

Nació en París en una familia judía, pero cuando tenía apenas 2 años se mudó a Buenos Aires porque su padre, ingeniero químico, consiguió trabajo en Argentina. Eso lo salvó de padecer las persecuciones y malos momentos que sus familiares tuvieron en Europa, algo que de todas formas lo marcó a la distancia.

En su nuevo país estudió en el Liceo Francés, de donde se dice que sacaría muchos de los personajes que luego formarían parte de El pequeño Nicolás, el personaje que ideó junto a Jean-Jacques Sempé. A la semana de recibirse de bachiller, su padre murió de una hemorragia cerebral y con 17 años Goscinny tuvo que salir a buscar trabajo. El primero que consiguió fue como ayudante contable de una empresa reparadora de neumáticos de no muy buena calidad.

Poco después renunció para empezar a trabajar como dibujante en una agencia de publicidad, al tiempo que publicó ilustraciones en los boletines internos del Liceo Francés, una semilla de lo que en el futuro lo haría conocido a nivel mundial. Cabe destacar que durante su permanencia en Argentina, realizó viajes a Uruguay, Brasil y Venezuela.

En octubre de 1945 se fue a Nueva York con su madre buscando a un tío materno, pero al siguiente año retornó a Francia para no hacer el servicio militar de los Estados Unidos. En contrapartida, se unió al ejército en Aubagne y se convirtió en el dibujante oficial del 141 Batallón de Infantería Alpina, para el que hizo carteles e ilustraciones.

Por ese entonces ilustró La niña de los ojos dorados, para la publicación de la novela de Balzac en el libro Clásicos del siglo XIX.

En 1947 volvió a Nueva York, donde enfrentó la etapa más difícil de su vida. Estaba solo, no tenía trabajo y eso lo llevó a deprimirse. Poco después encontró trabajo, nada menos que con el equipo que en 1952 fundaría la revista MAD, y de ahí en más comenzaría un recorrido por distintas publicaciones que lo pondría en contacto con nombres pesados del mundo de la ilustración. Si aún no lo eran, terminarían siéndolo, y Goscinny crecería con ellos. Por ejemplo, en 1949 conoció a Maurice de Bévere, alias Morris, quien sería el creador de Lucky Luke, el vaquero “más rápido que su propia sombra”. Antes de colaborar con él para este personaje durante seis exitosos años, Goscinny creó su primera historieta, Dick Dicks, sobre un detective en una Nueva York casi desierta. La anécdota es que como no se le daba dibujar automóviles, los personajes se trasladaban de un lugar a otro corriendo.

En esa red de contactos que fue tejiendo, se topó con George Troisfontaines e Yvan Chéron, directores de las agencias World Press e International Press respectivamente. Fue trabajando allí que conoció nada menos que a Albert Uderzo, el dibujante con el que desarrollaría sus publicaciones más famosas. Desde la primera versión de Oumpah-Pah —el jefe de una tribu ficticia de indios americanos durante la colonización de América del Norte por parte de Francia e Inglaterra—, pasando por una revista femenina, hasta llegar a Astérix y Obélix.

El gran espaldarazo se daría en Pilote, una revista juvenil nacida en 1958 que con el tiempo se transformaría en una de las publicaciones más importantes en el mundo de las historietas y de la que Goscinny fue uno de sus autores más productivos, además de cofundador y jefe de prensa. Fue allí donde los galos de la poción mágica se presentaron en sociedad.

El historietista conoció a Gilberte, su esposa, en una travesía por el Mar del Norte en 1963. Ella nunca había escuchado hablar de él. Se casaron cuatro años después y fueron padres de Anne en mayo de 1968. La única hija de la pareja es quien auspicia desde 1996 el Premio René Goscinny al guionista de historietas más destacado del año. El mismo se entrega en el Festival Internacional de Historietas de Angulema.

Cine y más

Goscinny también incursionó en la pantalla grande. Su primera experiencia fue como autor del guion de Tintin y el misterio del vellocino de oro, el primer largometraje sobre el joven periodista belga. Con los años se sumaría la segunda película de Astérix, porque para la primera no fueron convocados ni él ni Uderzo, y films protagonizados por Gerard Depardieu. En forma póstuma la Academia de Cine Francesa le entregó un premio César, galardón que se sumaba al nombramiento de Caballero de las Artes y las Letras que recibió junto a Uderzo.

Con el tiempo, con el propio Uderzo y Georges Dargaud, crearía la productora Studios Idéfix —el nombre del perro de Obélix—, de la que no pudo disfrutar mucho porque de regreso de unas vacaciones en Jerusalén, un médico le hizo hacer una prueba de esfuerzo en una bicicleta estática y su corazón no lo soportó.

Se fue muy pronto, pero habiendo tenido una existencia tan prolífica que en sus cajones aún había varios guiones sin conocer la luz de sus tres personajes más emblemáticos: el galo, el vaquero, e Iznogoud, un gran visir inspirado en los cuentos de Las mil y una noches que quería “ser califa en lugar del califa”.

Afortunadamente quienes trabajaron con él se preocuparon por estrenar lo que no había sido estrenado y completar lo que dejó inconcluso. Por ejemplo, hasta 1998 se publicaron obras inéditas, entre ellas el número 24 de Astérix, Astérix en Bélgica. Este personaje siguió en manos de Uderzo que, como muestra de respeto, continuó firmando los libros con el nombre de ambos.

El primer homenaje que se le brindó a Goscinny fue en 1985, en la Torre Eiffel. Luego vendrían otros en distintas ciudades europeas y en Nueva York. Además, en Francia hay 11 escuelas y colegios que llevan su nombre, y ciudades —incluida París— con una calle René Goscinny. Su estatua, ubicada en el distrito 16 de la capital francesa, fue inaugurada en 2020. El alcance de este artista es tal que su apellido ha sido incluido en el diccionario Larousse.

Astérix

Un galo con mucho aporte argentino

Astérix, el Galo apareció por primera vez en la revista Pilote, el 29 de octubre de 1959. Las aventuras de una cincuentena de galos que en una pequeña aldea resistía el dominio del Imperio Romano, se transformó en una de las historietas más famosas del mundo.

Dibujada por Albert Uderzo, René Goscinny era el creador de las historias y se dice que para la pareja protagónica se inspiró en los personajes argentinos Patoruzú y Upa. La influencia argentina está presente hasta en los pantalones de Obélix, a rayas verticales celestes y blancas, como la camiseta de Racing, equipo del que era hincha Goscinny.

Astérix comenzó con 6 mil ejemplares y con el tiempo sus libros llegaron a superar el millón en un par de días.

El primer satélite francés lleva su nombre, fue tapa de L’Express y el presidente Charles De Gaulle rebautizó en broma a todo su gabinete de ministros con nombres sacados de los libros del galo de la poción mágica, que además llegó al cine.

Asterix, casi un héroe nacional para Francia.

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