"Ahora me estoy dando cuenta de que fue una historia linda”, confiesa Miguel Zerebny. Apenas habían transcurrido 36 horas del cierre de Los Caracoles, la galería que con tanto amor y dedicación llevó adelante con su socio Sebastián Manuele durante 22 años en José Ignacio. No ocurrió nada raro, sino la necesidad de ambos de pasar a otra etapa. “Bajar un poco la pelota y tener más tiempo libre”, explica a sus 69 años mientras en el Instagram de la galería cada día que pasa se suman más mensajes de apoyo.
Hay palabras de algunos de los tantos artistas de renombre y no tanto que pasaron por el local, pero hay muchas más de los vecinos que disfrutaron de un espacio que puso en relieve un tipo de arte elegido especialmente para el balneario.
“El tema de la curaduría lo tenía clarísimo; sé lo que funciona y lo que no en José Ignacio. Se presentaban muchos artistas que crean muy buena obra, pero yo sabía que acá su temática no funcionaba conociendo el público y por dónde venía. El secreto era la selección”, explica Miguel sobre los más de 60 artistas entre pinturas y objetos que formaban parte del plantel fijo. En los últimos años los redujeron a unos 40 porque el espacio, de unos cien metros cuadrados, no les estaba dejando lucirse como corresponde.
Esa obra es la que, por estos días, Miguel estuvo descolgando, embalando y entregando a sus dueños. “La característica fue buscar gente que estaba empezando; siempre me gustó ver artistas emergentes y guiarlos para obtener más ventas. Teníamos gente consagrada, pero no era nuestro fuerte”, explica y agrega que la regla era “elegir obra alegre”: mucho color, grandes tamaños.
De todo su plantel destaca especialmente al pintor Mario Giacoya, que fue el que hizo que Los Caracoles pasara de ser un lugar en el que primaban los objetos a otro en el que la pintura comenzó a dominar. Su muerte, el año pasado, quizás haya acelerado más el proceso de cierre que se estaba gestando desde ya hacía un tiempo. “Lo poco que sé de arte fue por Mario; fue una persona muy importante para mí”, dice este diseñador gráfico que se volcó por entero al arte.
En enero de este año el tema del cierre volvió a cuestionar a los socios y, con Sebastián ya más volcado al área editorial, resolvieron finalmente que esta temporada fuera la última. Si bien siempre estuvieron abiertos todo el año (en invierno, sábados y domingos a excepción de 2025 por reformas), lo que llamaban temporada —abiertos todos los días— iba del 12 de octubre hasta el domingo de Pascuas. Fue así que el cierre definitivo se dio entonces el 5 de abril de 2026.
Nostalgia
“Ese domingo vino todo el mundo. Los artistas sabían, pero en el pueblo lo anuncié por el chat de vecinos en la semana. Recibimos muchos saludos, fue muy gratificante. Son esas cosas que no tomás noción de lo que tenés en la mano hasta que pasa algo así”, remarca Miguel.
Confirma que en la decisión de cerrar también influyó que José Ignacio ya no es lo que era cuando abrieron, allá por 2004. Habían empezado en el 2000, en el local de la Liga de Fomento con una cooperativa de artistas gracias a que la obra de Sebastián había destacado en Hecho Acá (ver recuadro). Al segundo año se había ido la mitad y al tercero resolvieron abrir local propio. Fue cuando apareció Giacoya y todo cambió.
Comenzaron con un local a la entrada. “Era espantoso y lo dejamos lindo”, recuerda. Dos años después se mudaron al mini centro comercial que se levantó en el balneario y finalmente en el 2006 recalaron en el lugar que estuvo abierto hasta hace poco.
“Empezamos cuando esto era baldío, baldío. Era todo más chico y más cuidado. Ahora hay más gente que no conocemos, el tipo de construcción cambió y es mucho más competitivo, aparecieron las casas de decoración”, describe de un pueblo cuyo pasado los viejos habitantes extrañan.
También señala como una característica del lugar que, por suerte, parece no haberse perdido: el tratar a los famosos o personajes que veranean en la zona como personas comunes y corrientes. En su caso particular, recuerda especialmente el caso de Shakira. “En la época que tenía la chacra nos compró varias cosas. Al principio no me di cuenta de que era ella, después la reconocí, pero el secreto era tratarlos como si no fueran conocidos. A la gente le gusta eso de acá”, destaca Miguel.
Insiste en que la clientela lo es todo. “El secreto fue siempre conocer al público de acá, saber por qué lado viene la cosa y agregar el toque personal de cada uno”, explica quien se define como una persona muy exigente a la hora de trabajar. “Por no decir hincha pelota, ¿viste?”, bromea al contar que siempre le costó delegar, por eso se le hizo un poco más pesado en el último tiempo, con Sebastián más volcado al área editorial.
Ahora llegó el momento de disfrutar del retiro y de estar cerca de esa playa que los sedujo cuando estaban buscando donde quedarse tras vivir un tiempo en Buenos Aires. “Llegamos por casualidad luego de recorrer desde el Chuy hasta Mar del Plata”, recuerda.
¿Pensaron en pasarle la posta de la galería a alguien? “Pudo ser una sobrina, pero tuvo familia y se le complicó. Intenté venderla, pero no supe cómo hacerlo y tampoco me molesté mucho en averiguarlo. Entonces simplemente se terminó un ciclo; fue un logro lo que tuvimos con Sebastián. De la misma forma que se inició, se termina y ya está”, concluye sin estridencias.
La obra con caracoles que bautizó el proyecto
La galería se llamaba Los Caracoles por la obra de Sebastián Manuele.
Miguel Zerebny juntaba conchillas, berberechos y su socio las transformaba en piezas muy grandes que comenzaron a llamar la atención en Hecho Acá y en ferias internacionales.
“Se vendían muy bien en el verano, pero llevaban meses de trabajo”, recuerda Miguel y aclara que se distinguían de lo que, con los mismos materiales, se hacía en otras partes del mundo. “En otros lugares eran kitsch, de mal gusto, mientras que lo de Sebastián era una pieza muy fina que la gente veía de lejos y creía que era un tapiz”, señala.
Con el tiempo tuvo que dejar de hacerla porque era un trabajo muy rutinario que terminó por provocarle tendinitis.
“Fue una pena porque realmente fue una obra muy importante”, se lamenta sobre lo que se transformó en el leit motiv de la galería y, por esa razón, le dio el nombre.