Su historia está ligada al mar desde el comienzo. Bergen fue fundada alrededor del año 1070 por el rey Olav Kyrre, poco después del final de la era vikinga, y su ubicación la convirtió rápidamente en un punto estratégico para el comercio y la navegación. Para el siglo XIII ya se había transformado en uno de los principales centros comerciales del norte de Europa.
Ese pasado todavía puede recorrerse a pie. También puede navegarse. Y, sobre todo, puede verse en el paisaje: Bergen está rodeada de montañas y situada en el corazón de la región de los fiordos noruegos, entre el Sognefjord y el Hardangerfjord. El New York Times propone recorrer Bergen justamente a través de esa combinación de historia, cultura y naturaleza.
Mirando al mar.
El lugar donde mejor se percibe la historia de Bergen es Bryggen, el antiguo muelle que se extiende junto al puerto.
Allí se instalaron comerciantes de la Liga Hanseática, una poderosa red comercial del norte de Europa. En 1350, la organización estableció allí una de sus oficinas comerciales, desde donde durante siglos controló buena parte del comercio, especialmente el de bacalao seco procedente del norte de Noruega.
Los edificios de madera de Bryggen, con sus fachadas de colores, pasadizos estrechos y construcciones que parecen inclinarse unas sobre otras, son hoy una de las imágenes más reconocibles de Noruega. El conjunto fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1979.
Pero lo que se ve actualmente no es exactamente una ciudad medieval intacta. Los incendios fueron una amenaza constante en Bergen y el gran incendio de 1702 destruyó buena parte de la ciudad. Bryggen volvió a levantarse siguiendo, en buena medida, la estructura y las técnicas anteriores. Otro incendio, en 1955, provocó nuevas destrucciones y dio lugar a excavaciones arqueológicas que permitieron recuperar miles de objetos relacionados con la vida cotidiana medieval. Detrás de las fachadas que dan al puerto aparece otro Bergen: corredores de madera, pequeños patios, talleres de artistas y galerías. El New York Times recomienda, entre ellas, Galleri Fjalar, instalada en uno de los antiguos edificios del muelle y vinculada a Kristian Espedal, exvocalista de la banda noruega de black metal Gorgoroth.
Los navegantes.
La historia de Bergen no comienza con los mercaderes alemanes. La ciudad surgió en un momento inmediatamente posterior a la era vikinga, cuando el dominio de los mares del norte ya había creado redes de navegación que conectaban Escandinavia con las islas británicas, Islandia y otras regiones de Europa. La ubicación de Bergen -protegida y al mismo tiempo conectada con el mar- ayudó a convertirla en un importante centro comercial.
La herencia marítima puede explorarse actualmente en el Museo Marítimo de Bergen. Allí hay una exposición dedicada a los barcos vikingos, desarrollada junto con el Museo Universitario de Bergen.
La muestra pone el foco en una cuestión que ayuda a entender aquella sociedad: los barcos no eran simplemente vehículos para desplazarse por el mar. También eran símbolos de poder y estatus, y desempeñaban un papel en la muerte y los rituales funerarios de personas importantes.
La ciudad cultural.
La Bergen contemporánea está lejos de ser solamente un museo al aire libre. El New York Times destaca una escena artística que combina instituciones tradicionales con espacios pequeños y experimentales. Los cuatro museos Kode, alrededor del lago Lille Lungegårdsvann, forman uno de los centros de esa actividad.
El museo Rasmus Meyer posee una de las mayores colecciones de obras de Edvard Munch fuera de Oslo, mientras que el Stenersen está dedicado al arte moderno y contemporáneo. También forma parte del circuito Troldhaugen, la casa donde vivió el compositor Edvard Grieg, situada en las afueras de la ciudad.
La música tiene además una presencia particular en Bergen. En Verftet, un antiguo distrito industrial vinculado a la producción de conservas de pescado, funciona USF Verftet, un centro de conciertos y exposiciones. En el mismo sector, otros espacios independientes transformaron antiguas instalaciones industriales en bares y salas de música.
Esa mezcla entre patrimonio y cultura contemporánea es parte de la identidad que Bergen busca proyectar: una ciudad con un pasado muy visible, pero que no parece interesada en quedarse atrapada en él.
Rodeada por siete montañas.
Para comprender Bergen también hay que alejarse de sus calles. La ciudad está rodeada por siete montañas y varios senderos permiten acceder a miradores sobre el centro urbano, el puerto y los fiordos. Entre las opciones se encuentra el monte Løvstakken, mientras que el monte Ulriken, de unos 643 metros, es el más alto.
Otra posibilidad es subir al monte Fløyen, al que se llega desde el centro mediante un funicular. Desde arriba, Bergen aparece de una manera diferente: las casas se amontonan entre las montañas y el agua, y el puerto deja de parecer el centro de una ciudad para convertirse en una pequeña pieza dentro de un paisaje mucho mayor.
Es justamente esa relación entre ciudad y naturaleza la que distingue a Bergen. Las montañas no están en las afueras y los fiordos no son un destino completamente separado: forman parte del paisaje cotidiano.
Bergen es conocida como una de las principales puertas de entrada a los fiordos noruegos. La ciudad se encuentra en el corazón de la región de los fiordos, entre dos de los grandes sistemas de la costa occidental, el Sognefjord y el Hardangerfjord. Los fiordos son valles profundos excavados por los glaciares durante sucesivas eras de hielo. Cuando el hielo retrocedió, el mar ocupó esos grandes corredores, dejando un paisaje de montañas abruptas, cascadas, glaciares y estrechos brazos de agua.
Desde Bergen se pueden realizar recorridos por los fiordos, entre ellos el que navega por el estrecho de Mostraumen. El pequeño ferry Beffen, que recorre el puerto histórico durante los meses de verano permite contemplar la ciudad desde el agua.