170 años de Florida, el departamento que fue protagonista del origen mismo de la nación

Este 2026 se conmemoran 170 años desde su creación oficial. Pero para hablar de Florida es inevitablemente retroceder más allá de 1856. Porque cuando todavía era una villa, de unos pocos cientos de habitantes, allí se escribieron algunas de las páginas más decisivas de la construcción del Uruguay.

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El acto de la Declaratoria de la Independencia ocurrió en un modesto rancho que se encontraba en este predio, junto a la iglesia.

Hay departamentos que nacieron con una ley. Y hay otros que, antes de existir administrativamente, ya ocupaban un lugar central en la historia nacional. El caso de Florida pertenece a esta segunda categoría. Este 2026, está conmemorando 170 años desde su creación oficial, cuando el gobierno de Gabriel Antonio Pereira dio vida a una nueva jurisdicción administrativa en el corazón del país.

Pero para hablar de Florida es inevitablemente retroceder más allá de 1856. Porque cuando todavía era una villa, de calles de tierra, ranchos de piedra y apenas unos cientos de habitantes, allí se escribieron algunas de las páginas más decisivas de la construcción del Uruguay.

A pocas cuadras del centro actual, donde hoy la ciudad transcurre entre oficinas, plazas y tránsito cotidiano (tampoco hay que imaginarse un gran trajín, salvo en fechas como la de San Cono), en agosto de 1825 sesionó el Gobierno Provisorio de la Provincia Oriental.

Y fue allí, en aquella humilde Villa de San Fernando de la Florida, donde el 25 de agosto se aprobaron las leyes que marcarían el rumbo político del naciente país, entre ellas la histórica Declaratoria de la Independencia del imperio del Brasil.

No es casual que, al hablar de Florida, los aniversarios siempre parezcan superponerse: el de un departamento, el de una ciudad y, en cierto modo, el de una parte esencial de la identidad uruguaya.

“El departamento se fundó el 10 de julio de 1856; hasta ese momento formábamos parte del departamento de San José”, explica a Domingo el historiador Alberto Lamaita Rodríguez, actual director de la Biblioteca Municipal y una de las voces de referencia en la reconstrucción del pasado floridense.

Profesor de Historia, egresado del IPA, Lamaita asumió recientemente la dirección de la biblioteca “Ariosto Fernández”, tras desempeñarse en el Museo Histórico Departamental. Desde allí, entre documentos, correspondencia oficial y archivos locales, reconstruye una historia que, según advierte, no puede limitarse a la fecha de creación del departamento. “En general, la historia de Florida nosotros la remontamos hasta 1805, o incluso antes, hacia 1770, cuando surge la Villa del Pintado alrededor de un oratorio levantado para Nuestra Señora de Luján”, anota.

Ese primer núcleo poblado, ubicado en las inmediaciones del actual territorio departamental, sería fundamental para comprender la posterior fundación de la villa. Según Lamaita, la decadencia de aquel asentamiento llevó al presbítero Santiago Figueredo a trasladar la imagen de la Virgen a un nuevo punto, en tierras pertenecientes al Cabildo de Montevideo, cerca de la confluencia del arroyo Pintado y el río Santa Lucía Chico.

Allí, el 24 de abril de 1809, nacería oficialmente la Villa de San Fernando de la Florida, último centro poblado fundado por la administración española en territorio oriental antes del estallido revolucionario de 1811 que hizo muy popular a José Artigas.

Dieciséis años después, con el prócer ya en su exilio paraguayo, esa pequeña villa fue escenario de hechos trascendentes. ¿Por qué Florida fue elegida por los orientales en plena Cruzada Libertadora? No existe, dice Lamaita, un documento que despeje definitivamente la incógnita.

“No hay ningún documento que diga: Juan Antonio Lavalleja decidió reunirse en Florida por estas razones. Son interpretaciones”, explica. Y ensaya una lectura geográfica y militar: “Puede haber influido la ubicación central que tiene la villa, que no está muy lejos de Montevideo, donde estaban los portugueses y brasileros acantonados, pero también relativamente cerca del interior del país para poder movilizarse rápidamente”.

La hipótesis tiene sustento histórico. A fines de 1825, ante el avance del ejército brasileño, el Gobierno Provisorio abandonó Florida para trasladarse a Durazno, en una posición más protegida.

Pero no es la única interpretación. “También se ha manejado, principalmente desde la Iglesia Católica, que al estar la Virgen del Luján aquí, los Treinta y Tres Orientales pudieron haber buscado la protección de esa imagen religiosa, muy venerada en aquel momento”, añade el historiador.

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Alberto Lamaita Rodríguez.

La iglesia de entonces distaba mucho de la catedral que hoy domina el paisaje urbano. Era, según testimonios de la época, una estructura mínima. “Era un simple rancho con campanario y cruz. Hay descripciones que dicen que parecía un criadero de palomas por el estado ruinoso que presentaba”, relata Lamaita.

La Florida de 1825 no se parecía nada a la ciudad actual. “Hacía apenas 16 años que se había fundado y la población rondaba entre 200 y 300 personas. Eran unos pocos ranchos alrededor de lo que hoy es Plaza Asamblea, más algunas huertas familiares y quintas. Era un lugar muy humilde y bastante despoblado”, anota.

Una nueva jurisdicción

Treinta y un años después de la Declaratoria, aquel asentamiento reclamaría autonomía. Las razones eran concretas: la distancia con San José dificultaba cualquier gestión política o administrativa y, al mismo tiempo, la región había comenzado a desarrollar una economía propia. “Los vecinos tenían que trasladarse hasta la Villa de San José para hacer cualquier trámite o reclamo ante las autoridades. En las condiciones de la época, ese viaje podía llevar días o semanas”, explica Lamaita. Y aclara que a eso se sumaba el crecimiento económico: “Ya había una actividad comercial y ganadera muy importante, y se sentía la necesidad de formar una unidad administrativa y económica separada”.

Así, el 10 de julio de 1856 nació formalmente el departamento de Florida. Su primer jefe político fue el coronel Faustino López, mientras que el padre Francisco Majesté asumió la presidencia de la Junta Económico-Administrativa.

La historia política de aquellos primeros años fue intensa y reflejó, a escala local, los conflictos partidarios del país. “Florida fue históricamente un departamento de amplia mayoría blanca”, afirma Lamaita. Y agrega con evidencia empírica: “Eso se mantuvo prácticamente hasta hoy, salvo algunos momentos puntuales”.

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La Plaza Asamblea con su famoso monumento.

Migrantes y San Cono

Pero el crecimiento del departamento no se explicó únicamente por la política. A fines del siglo XIX, la llegada masiva de inmigrantes italianos y españoles transformó la fisonomía social y económica de la ciudad.

“Hasta 1910, la ciudad de Florida tenía apenas unos 10.000 habitantes. El gran crecimiento vino con la inmigración europea”, señala el director de la Biblioteca Municipal.

Con ellos llegaron nuevas costumbres, emprendimientos y también símbolos religiosos. “Es en esa época cuando llega la imagen de San Cono, traída por inmigrantes italianos, que genera un fenómeno religioso y social muy importante, atrayendo gente de todo el país e incluso del exterior”, dice.

El desarrollo industrial acompañó ese proceso. Una curtiembre, el frigorífico y la consolidación de la actividad ganadera marcaron buena parte del siglo XX. Más tarde, la lechería se convertiría en otro de los grandes motores productivos, especialmente en el sur del departamento.

“La cuenca de Cardal terminó consolidándose como uno de los grandes polos lecheros del país. Florida mantiene hasta hoy esa fuerte identidad ganadera y lechera”, resume Lamaita.

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Ofrendas en la capilla de San Cono.

El Museo Histórico

El Museo Histórico Municipal no es solamente un espacio de exhibición. En pleno centro de la ciudad, sobre la calle Rivera, funciona este archivo, centro documental y sala de encuentros que preserva la memoria del departamento.

Creado el 6 de junio de 1942 por iniciativa del entonces intendente Víctor Félix Taranto, el museo atravesó décadas marcadas por mudanzas, cierres y reaperturas. Funcionó en distintos locales municipales y durante largos períodos permaneció con sus puertas cerradas. Recién en 1985 retomó su actividad en el Centro Cultural, y en 2013, después de varios años de inactividad, fue reinaugurado bajo una nueva concepción museográfica. Desde 2019 funciona en su sede actual, una exsucursal del Banco la Caja Obrera que fue adquirida y restaurada por la Intendencia.

Sin embargo, buena parte del impulso reciente de la institución comenzó en 2020, en plena pandemia. Así lo recuerda su actual director, Guillermo Montaño Brignoni, quien llegó al museo en ese contexto excepcional. “En 2020, cuando asume la administración Guillermo López, me invita a formar parte del equipo de escultura, y me asigna todo lo que era patrimonio y museo”, relata a Domingo.

La tarea recién comenzaba cuando el país entró en emergencia sanitaria. Lo que iba a ser un cierre breve para reorganizar la institución terminó convirtiéndose en una clausura de varios meses. “La idea era cerrar 15 días para ordenar, revisar inventario… y recién en junio pudimos abrir”, recuerda.

Pero aquel tiempo de inactividad pública no fue tiempo perdido. Por el contrario, se convirtió en una etapa de redescubrimiento patrimonial. “En ese tiempo que estuvimos cerrados hicimos una revisión de una cantidad de cosas. Fuimos encontrando en diferentes lugares de la Intendencia una cantidad de objetos y documentos que hoy estamos tratando de limpiar, reparar, restaurar y poner a consideración del público”, explica Montaño.

Ese proceso de recuperación ha ampliado la mirada sobre los fondos. Ya no se trata únicamente de exhibir piezas, sino también de construir un archivo histórico sistemático. Ese archivo, ubicado dentro del propio edificio, guarda uno de los fondos documentales más relevantes del departamento: la memoria institucional de la Intendencia desde su origen. “Tenemos desde la Junta Económica Administrativa, en 1856, cuando se crea el departamento, hasta el presente”, destaca el director.

En esos documentos aparecen actas, expedientes y registros administrativos, pero también pequeñas historias cotidianas que permiten reconstruir la vida de los floridenses de otros tiempos.

Entre los materiales en proceso de conservación hay, por ejemplo, antiguos libros de cuentas de un comercio de ramos generales. “Ahí vos ves que fulana de tal, la mujer del negro Rengo, compró un par de alpargatas… Son cosas que hablan más de la vida cotidiana, de la gente”, cuenta Montaño.

También emergen documentos políticos y judiciales, vinculados a episodios de fuerte tensión institucional. “Tenemos algunos expedientes judiciales vinculados a las elecciones y a los fraudes de 1864 y 1865”, añade.

Pero quizás una de las piezas documentales más singulares del museo sea la llamada “Carta de José Costa”, un testimonio directo de uno de los integrantes de la Cruzada Libertadora.

“Es una carta que José Costa, integrante del ejército de Lavalleja, envía solicitando una pensión graciable, donde relata toda su actividad, desde el inicio de la travesía hasta su participación en la batalla de Sarandí”, explica Montaño.

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Guillermo Montaño Brignoni.

El acervo material del museo también permite recorrer distintos momentos de la historia departamental y nacional. Los espacios evocan el mundo indígena, la etapa hispánica, la Revolución Oriental, la emancipación y la consolidación institucional del departamento.

Entre las piezas más emblemáticas aparece la “Cabeza de Zapicán”, obra en yeso del escultor Edmundo Prati basada en un original de Nicanor Blanes, además de la maqueta de la Batalla de Sarandí, acompañada por un dispositivo lumínico y una narración que recrea el desarrollo del combate.

También se destaca una maqueta de la Asamblea del 25 de Agosto de 1825, ambientada con reproducciones y documentos vinculados a las históricas Leyes de Florida.

Entre los objetos más llamativos para el visitante se encuentra la volanta del doctor Juan Guglielmetti, junto con piezas pertenecientes a figuras como Timoteo Aparicio y Doroteo Enciso.

Sin embargo, el director insiste en que el mayor desafío no pasa por acumular reliquias, sino por construir un museo con identidad local. “Nosotros hemos querido poner énfasis en hacer un museo que refleje la historia de Florida”, afirma.

No ha sido sencillo. Las décadas de cierres y reaperturas provocaron pérdidas patrimoniales difíciles de revertir. “Ha estado cerrado, vuelto a abrir… y esos cierres permitieron que se perdieran objetos. A veces hasta por desidia, porque se tiraban cosas viejas o que nadie sabía qué eran”, lamenta. Hoy el museo también busca consolidarse como espacio comunitario. Su sala principal recibe actividades de manera constante: conferencias, presentaciones, talleres y propuestas educativas.

“Los docentes de instituciones públicas, privadas y también de la enseñanza no formal han tenido en consideración al museo y vienen, a veces no a una recorrida, sino a trabajar temas puntuales”, explica.

En los últimos meses, por ejemplo, el museo participó en iniciativas como Florida Film, un certamen de audiovisuales estudiantiles centrado en la identidad local, y en actividades educativas vinculadas al pensamiento de José Pedro Varela.

También se proyectan muestras temáticas en coordinación con otros actores sociales del departamento, como la exposición sobre la historia de la lechería preparada junto a la Sociedad de Productores de Leche. “Hemos tratado de estar abiertos a los alumnos, a las instituciones y al público en general”, concluye Montaño.

El rancho y la Piedra Alta

“Florida es como un punto de gravedad geográfica, el nexo entre el área metropolitana y el interior profundo. En el pasado fue la puerta hacia la campaña”, comenta a Domingo el intendente Carlos Enciso, subrayando una condición territorial que marcó el destino del departamento desde sus orígenes.

Aquella ubicación estratégica, en tierras que habían estado vinculadas a las antiguas estancias jesuíticas (hoy sobrevive una que tras varios años de gestión privada y abandono volvió a manos de los religiosos), fue preparando el terreno para el momento que terminaría de inmortalizar a Florida en la historia nacional: el 25 de agosto de 1825.

El acto de la Declaratoria de la Independencia ocurrió en un modesto rancho, hoy desaparecido. La violencia de las guerras civiles terminó destruyéndolo, aunque su memoria volvió a cobrar fuerza con los festejos del bicentenario.

“Se va a generar un espacio de memoria. Ya se está adjudicando la obra a partir de un concurso con la Sociedad de Arquitectos”, dice Enciso, confirmando que el predio será transformado en un espacio abierto de evocación histórica, pensado para vecinos, estudiantes y turistas.

Carlos Enciso
Carlos Enciso.

A poca distancia de ese relato fundacional aparece otro de los grandes símbolos floridenses: la Piedra Alta, conocida popularmente como el “Altar de la Patria”. Allí se proclamaron las leyes aprobadas en aquel desaparecido rancho.

El puente sobre la Piedra Alta es otra postal identitaria: se construyó hace más de un siglo principalmente por razones prácticas de conectividad (es el principal acceso a la ciudad) y su ubicación generó debates por el valor histórico del sitio.

En tanto, la Plaza Asamblea, epicentro de la capital departamental, funciona como un espacio de memoria cívica. Y de encuentro para todas las generaciones. En su centro se levanta el imponente Monumento a la Independencia Nacional (a menudo referido como monumento a la libertad), una escultura de mármol de Carrara de 10 metros de altura, creada por el escultor italiano Juan Ferrari. Desde 1879, su silueta domina el paisaje frente a la catedral y constituye uno de los conjuntos monumentales más impactantes del interior del país.

El intendente recuerda que ese espacio continúa resignificándose: “La Plaza Asamblea está iniciando un proceso de remodelación, coordinado con Patrimonio, porque forma parte de nuestro acervo”.

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La Piedra Alta, "altar de la patria".

El peso de la religiosidad

Pero Florida no solo es historia política o institucional. También es un territorio donde la religiosidad popular mantiene una vigencia sorprendente.

La Catedral Basílica de Florida, sede del Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, recibe cada año a miles de fieles. Allí se venera la imagen patrona del Uruguay, coronada con una ofrenda donada por Manuel Oribe. “Para quienes son devotos, es un lugar fundamental de referencia espiritual”, destaca el intendente.

A pocas cuadras, otra expresión de la fe popular convoca durante todo el año. La Capilla de San Cono se ha convertido en un fenómeno cultural y religioso único. Allí se acumulan miles de ofrendas: camisetas deportivas, medallas, cartas, placas de agradecimiento, fotos familiares y objetos personales de quienes atribuyen al santo favores recibidos.

“Hay una adhesión popular permanente, de deportistas, de personas que hacen promesas, de gente que atraviesa enfermedades o situaciones personales difíciles. Es una peregrinación durante todo el año”, resume Enciso.

Como bien lo explicó Lamaita, la identidad de Florida también fue moldeada por oleadas migratorias. “La inmigración italiana tuvo un peso muy fuerte, igual que quienes llegaron con la tradición ovina y después con la lechería. Eso permeó el ADN del trabajo de la gente de Florida”, sostiene Enciso.

Esa huella puede verse aún en edificios emblemáticos como la Sociedad Italiana de Florida, antiguas casas señoriales, el histórico molino, y la vieja estación ferroviaria del barrio Seminario, hoy recuperada para actividades culturales.

“La identidad sigue viva desde los niños en los centros educativos, en los festejos, en los desfiles. Es motivo de orgullo. La proyección de la historia hacia adelante es parte del rol del gobierno departamental”, concluye el intendente.

A lo largo de 170 años, Florida atravesó las mismas transformaciones institucionales que el resto del país: juntas económico-administrativas, concejos colegiados, dictadura, retorno democrático, reformas constitucionales.

Pero, más allá de esa evolución institucional, el departamento conserva algo que no figura en ninguna ley ni decreto: la conciencia de haber estado presente en el origen mismo de la nación.

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San Cono.

Emblemas oficiales: dos creaciones tardías

El departamento de Florida conserva dos de sus principales símbolos oficiales desde el siglo XX: su escudo y su bandera, emblemas que reflejan la identidad histórica del territorio.

El escudo fue aprobado oficialmente el 8 de octubre de 1926. El diseño fue presentado por Juan Antonio Cabrera y tuvo como modelo artístico a Manuel Rosé. El escudo tiene elementos que aluden a la independencia y la Batalla de Sarandí, incluyendo tres caballos, un jinete, y el lema “Carabina a la espalda y sable en mano”.

Décadas más tarde, Florida sumó un segundo símbolo institucional. La bandera oficial del departamento fue creada en 1990, a partir de un concurso público impulsado por la administración departamental.

El diseño ganador, de María E. Echeverría Duro, fue aprobado oficialmente el 6 de setiembre de ese año. La bandera de Florida presenta un fondo blanco atravesado por franjas rojas y lleva en su centro el escudo departamental, integrando ambos emblemas en una misma representación.

En materia demográfica, según los datos oficiales del Censo 2023 del Instituto Nacional de Estadística, en Florida viven actualmente 70.324 personas, cifra que confirma la estabilidad poblacional del departamento en los últimos años.

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