Redacción El País
Tener un gato como mascota tiene muchos beneficios: son animales divertidos, muchas veces tiernos, y su compañía mejora la energía del hogar. Sin embargo, quienes viven con gatos saben que hay un aspecto poco feliz: el maullido insistente de madrugada, que interrumpe el descanso nocturno.
Lo cierto es que estos felinos tienen una relación con el descanso muy distinta a la humana. Esa diferencia de ritmos explica por qué, incluso después de una noche tranquila, pueden interrumpir el sueño de sus tutores sin aparente motivo.
Especialistas en comportamiento felino coinciden en que la causa principal no suele ser el hambre, sino la necesidad de interacción. Lejos de ser distantes, los gatos buscan el contacto con las personas con las que conviven y utilizan el maullido como una forma directa de iniciar ese vínculo, especialmente en los momentos del día en los que están más activos.
Un error frecuente es interpretar el maullido nocturno como una señal de que el plato está vacío. En muchos casos, al acercarse al lugar donde come el animal, la comida sigue intacta. Lo que realmente se pone en marcha es una pequeña rutina social: el tutor se levanta, le habla, el gato se frota contra las piernas y se refuerza ese intercambio afectivo.
Ese ritual, repetido noche tras noche, se vuelve una costumbre para el animal. No busca alimentarse, sino confirmar la presencia y atención de su persona de referencia.
A este componente social se suma una característica propia de la especie. Los gatos no son animales nocturnos, sino crepusculares, lo que significa que sus momentos de mayor actividad se concentran al amanecer y al atardecer. Cuando aparece la primera luz del día, su organismo interpreta que es hora de moverse, explorar y jugar.
Por eso, cerrar puertas o intentar aislarlos durante la noche rara vez resuelve el problema. Al ser animales territoriales y curiosos, la restricción de espacios puede generar más ansiedad y, en consecuencia, más maullidos.
Cómo reducir los despertares nocturnos
Si el gato tiene comida disponible y está sano, no siempre es necesario levantarse de la cama. En muchos casos, hablarle con calma o acariciarlo sin incorporarse puede ser suficiente para satisfacer su necesidad de contacto sin reforzar el hábito de despertarnos.
Otra clave es el gasto de energía durante el día. El juego activo, especialmente antes de la noche, ayuda a que el animal llegue más relajado a la madrugada. Un entorno enriquecido, con estímulos y momentos de actividad, reduce la hiperactividad en las primeras horas del día.
En cuanto a la alimentación, lo más recomendable es que el gato tenga acceso constante a comida. Esto le permite regularse solo y evita que asocie el amanecer con la necesidad de reclamar. Entender que el maullido no es un capricho, sino una forma de comunicación, es el primer paso para recuperar el descanso sin romper el vínculo con el gato.
Con base en El Universal/GDA
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