Son músicos y enseñan cómo calmar la mente con sonidos meditativos: una terapia para el dolor y la ansiedad

Qué efecto tienen los cuencos tibetanos, el gong y otros instrumentos armónicos en la mente y el cuerpo, y cómo aprender a hacer música medicina en Uruguay.

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Grupo Lev tocando sonidos meditativos.
Foto: Cortesía Grupo Lev.

Apagó la luz de su cuarto. Se acomodó junto al tambor. Cerró los ojos y se dejó llevar: uno, dos, tres golpes. Continuó tocando, imitando los latidos del corazón. Por primera vez —y con solo 16 años—, Mike Hinkediker se sumía en la meditación a través del sonido. “Me transporté a un lugar increíble, interno, y sentí que algo había despertado, que era el comienzo de una búsqueda”, recordó.

En otro tiempo y espacio, Carlos Perera, con 23 años, intentaba aquietar su mente y dominar sus pensamientos. Se encontraba en una de sus primeras prácticas de meditación guiada. Se le estaba haciendo difícil, hasta que, de pronto, escuchó el sonido de un cuenco. Casi mágicamente, su mente se calmó. Eso —contó— lo “asombró muchísimo” y lo llevó a investigar “este tipo de sonidos que facilitan estados de paz y tranquilidad”.

El destino los cruzó y la sinergía fue inevitable. Juntos, crearon el Grupo Lev, que facilita estados de bienestar mediante conciertos meditativos. Más tarde, sumaron la Escuela de Sonidos Lev, donde enseñan a usar la música como recurso de relajación y amplificación de los sentidos.

Llevar la atención hacia adentro

“Nos relacionamos constantemente con el sonido por medio de la palabra, pero claro, en ese decir de cosas concretas, la mente sigue atrapada en cuestiones del pasado y ansiedades del futuro”, señaló Hinkediker, músico integrante de la Orquesta Sinfónica del Sodre y docente en la Escuela de Música Vicente Ascone. Existen, sin embargo, sonidos que nos anclan en el presente y aquietan nuestra mente.

Instrumentos como los cuencos sonoros, el gong o las campanas, entre otros, generan frecuencias de sonido estables, de larga duración, conocidos como armónicos. Según el músico, nuestra mente sintoniza con esa frecuencia y en ese proceso se aquieta. “Es una especie de hipnosis”, expresó.

La atención, entonces, se dirige íntegramente al aquí y ahora, y en ese “estar presente” es que se amplifican los sentidos, explicó Perera, músico formado en Cábala y Terapia del Canto. El efecto es asombroso; no obstante, requiere constancia: “A veces es difícil quedarse mucho tiempo en el presente, más que nada al principio. Con la práctica, eso mejora”.

El impacto puede ser profundo. Ambos han visto cómo los sonidos meditativos impulsaron “enormes sanaciones” en ellos mismos y los demás. “Por ejemplo, alguien que después de un concierto nos dijo ‘me dolía el hombro y ya no me duele’ u otro que nos contó que, a partir de conectar con su interior, pudo reparar el vínculo con su padre”, resaltó Perera.

Estas manifestaciones —subrayó— surgen de llevar la atención hacia adentro: “A veces, cuando tengo un conflicto con alguien, medito y surge una nueva perspectiva o me doy cuenta de que, eso que juzgo del otro, también lo tengo”. Así, los armónicos, usados con las técnicas adecuadas, tienen el poder de promover procesos de autoconocimiento y auto-observación.

Baño de Gong
Baño de gong.
Foto: Archivo.

Hacer música medicina

Para Hinkediker, escuchar los sonidos meditativos tiene “un potencial terapéutico muy fuerte”, pero el impacto es aún mayor cuando uno mismo hace la música. Por eso, en los últimos años tanto él como Perera se han volcado, sobre todo, a transmitir su conocimiento y experiencia, y a que más gente se anime a llevar esta herramienta de sanación a sí misma y a los demás.

Sus talleres se centran en el uso de cuencos sonoros —también llamados cuencos tibetanos—, porque “no requieren técnicas complicadas” y funcionan bien como inicio del camino. Después, es posible aprender a tocar otros instrumentos, como el gong, el didjeridu, así como el canto de armónicos, que se hace con la propia voz.

Cada taller se compone de tres encuentros que se hacen a lo largo del mes, en la zona del Centro de Montevideo. No es necesario ser músico ni contar con un instrumento propio para empezar el recorrido; de hecho, Perera comentó que la mayoría de gente que se acerca a su propuesta no tiene conocimientos musicales. Tanto en el caso de los talleres como de los conciertos meditativos, comunican las fechas a través de su Instagram @grupo_lev.

“Puede ser el inicio de un camino. Luego, se sigue experimentando con uno mismo, con el círculo cercano y, eventualmente, con grupos de personas o sesiones individuales. Crece y crece cada vez más”, finalizó Hinkediker.

Cuenco tibetano
Cuenco tibetano.
Foto: Pixabay.

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