Para muchas personas, el sobrepeso o el exceso de peso sigue siendo visto como un problema meramente estético. Sin embargo, desde la medicina se advierte que puede tratarse de una condición compleja que impacta en la salud física, la salud metabólica y la calidad de vida. Detrás de esos kilos de más puede haber procesos biológicos asociados a la inflamación crónica y al desarrollo de múltiples enfermedades.
La endocrinóloga Pilar Ruiz, especialista en medicina interna y en el manejo de obesidad y sobrepeso, explica que el punto de partida para comprender la situación de cada persona es identificar correctamente el índice de masa corporal (IMC) y evaluar el porcentaje de grasa corporal.
“El IMC se calcula dividiendo el peso en kilos por la estatura al cuadrado”, señala la médica. A partir de ese número se establecen categorías clínicas: peso normal cuando el valor está entre 18 y 25, sobrepeso entre 25 y 29,9 y obesidad cuando el resultado supera los 30.
Dentro de esta última categoría también existen distintos niveles. La obesidad grado tres, conocida como obesidad mórbida, corresponde a un IMC superior a 40, una situación que implica riesgos de salud significativamente mayores.
Más allá de la balanza: el rol de la grasa corporal
Aun así, los especialistas advierten que el índice de masa corporal no cuenta toda la historia. Hoy se le presta cada vez más atención al porcentaje de grasa corporal, que es el factor que realmente influye en el desarrollo de enfermedades.
En términos generales, se considera obesidad cuando los hombres tienen más del 25 % de grasa corporal y las mujeres superan el 35 %. Otro indicador relevante es el perímetro de cintura, ya que la acumulación de grasa abdominal se vincula con mayores complicaciones metabólicas.
Según Ruiz, cuando el exceso de grasa se concentra en el abdomen aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes y otros trastornos metabólicos. “La distribución de la grasa en el cuerpo importa tanto como el peso total”, explica.
Por qué el sobrepeso y la obesidad son enfermedades
Desde el punto de vista médico, tanto el sobrepeso como la obesidad se consideran enfermedades porque el exceso de tejido adiposo provoca una respuesta de inflamación crónica en el organismo.
Ese proceso inflamatorio sostenido en el tiempo está asociado al aumento del riesgo de más de 200 enfermedades. Entre las más frecuentes se encuentran la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las alteraciones del colesterol y las enfermedades cardiovasculares.
Pero los efectos no se limitan al metabolismo. También pueden aparecer problemas llamados mecánicos, derivados del peso corporal. Entre ellos se incluyen dolores articulares, artrosis, apnea del sueño, cansancio persistente e incluso incontinencia urinaria.
La evidencia científica también vincula la obesidad con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, como los de colon, endometrio, ovario y mama, una relación que muchas personas aún desconocen.
El mito del “obeso sano”
En este contexto, los especialistas buscan desmontar una idea muy extendida: la del “obeso metabólicamente sano”. Aunque algunas personas con obesidad puedan tener análisis clínicos dentro de valores normales, eso no significa que el organismo no esté bajo estrés.
Ruiz señala que, en la práctica clínica, muchas personas con exceso de peso reconocen limitaciones en su vida cotidiana: dificultad para subir escaleras, cansancio al moverse, problemas para dormir bien o dolores musculares frecuentes.
También es frecuente atribuir el aumento de peso a problemas hormonales. Sin embargo, según la especialista, menos del 10 % de los casos de obesidad se deben directamente a trastornos endocrinos.
Cómo abordar el tratamiento del exceso de peso
El tratamiento del sobrepeso y la obesidad requiere un enfoque progresivo y acompañado por profesionales de la salud. El primer paso es realizar un diagnóstico adecuado, establecer objetivos posibles y trabajar en cambios sostenibles en el tiempo.
La endocrinóloga explica que una reducción del 5 % al 10 % del peso corporal ya puede generar mejoras importantes en la salud metabólica. En algunos casos, esa baja puede reducir la necesidad de medicación para diabetes, hipertensión o hígado graso.
La base del tratamiento sigue siendo la combinación de alimentación saludable y actividad física regular. Esto implica priorizar verduras, proteínas de calidad, disminuir los ultraprocesados y aumentar el movimiento en la vida diaria.
Más allá de los números en la balanza, el impacto se refleja también en la vida cotidiana. Diversos estudios muestran que muchas personas experimentan menos dolor físico, mayor energía y una mejor calidad de vida.
El mensaje final de los especialistas apunta a cambiar la mirada social sobre el peso corporal: reconocer el sobrepeso y la obesidad como una condición médica es el primer paso para abordar el problema con información, acompañamiento profesional y objetivos realistas.
En base a El Tiempo/GDA
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