Salud cardiovascular después de los 40: estas son las 10 preguntas que toda mujer debería hacerse

La menopausia puede traer cambios silenciosos que modifican el riesgo cardíaco. Conocer la presión, el colesterol, la glucosa y los antecedentes permite prevenir a tiempo.

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La menopausia trae muchos cambios en el cuerpo.
Foto: Pexels.

Hay cifras que las mujeres conocemos de memoria y otras que, inexplicablemente, seguimos sin mirar. Sabemos cuándo nos toca la mamografía, empezamos a hablar más de osteoporosis y aprendimos a reconocer los sofocos, los cambios en el sueño y muchos de los síntomas de la menopausia. Pero probablemente muchas menos podamos responder una pregunta bastante más incómoda: ¿cómo está hoy mi salud cardiovascular?

En Uruguay, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en las mujeres. En 2023 provocaron 4.162 fallecimientos femeninos y representaron el 23,9% del total de muertes de mujeres. Sin embargo, apenas el 18% las identifica como su principal amenaza para la salud. Es una distancia enorme entre el riesgo que tenemos y el riesgo que percibimos.

Y hay otro dato que debería hacernos prestar atención antes, no después. Un estudio publicado este año encontró que las mujeres en perimenopausia tenían el doble de probabilidades de presentar una salud cardiovascular global desfavorable que aquellas que todavía mantenían ciclos menstruales regulares. El colesterol y la glucosa explicaban buena parte de esa diferencia.

La transición hacia la menopausia no es solamente el momento en que empiezan a cambiar los ciclos o aparecen los sofocos. Mientras todo eso sucede pueden ocurrir otros cambios mucho menos evidentes: aumenta la grasa abdominal, se modifica el perfil lipídico, puede subir la presión arterial y deteriorarse el metabolismo de la glucosa. La evidencia considera hoy esta etapa una verdadera ventana de oportunidad para la prevención cardiovascular.

Pero saberlo ya no alcanza. Nunca tuvimos tanta información sobre salud. Sabemos que hay que comer mejor, movernos, dormir, no fumar, moderar el alcohol y controlar el estrés. El problema es que podemos saberlo sin conocer nuestro propio riesgo.

Por eso, después de los 40, más que agregar otra lista de consejos saludables, propongo empezar por diez preguntas.

1. ¿Sé cuál es mi presión arterial?

No cuánto era hace cinco años ni si “siempre fui de presión baja”. Cuál es hoy. La hipertensión puede avanzar durante años sin dar síntomas y es uno de los principales factores modificables de enfermedad cardiovascular.

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Mujer mide su presión arterial.
Foto: Freepik.

2. ¿Sé cómo está mi metabolismo de la glucosa?

Glucemia y, si corresponde, hemoglobina glicosilada son parte de la fotografía. Especialmente si aumentó la grasa abdominal, hay antecedentes familiares o aparecieron otros factores metabólicos. No necesitamos esperar a tener diabetes para mirar qué está pasando.

3. ¿Conozco realmente mi colesterol?

“Me dio un poquito alto” o “me dijeron que estaba bien” no alcanza. Colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos cuentan cosas diferentes. Y hay algo importante: el rango de referencia del laboratorio no es necesariamente nuestro objetivo individual. El LDL que puede ser aceptable para una mujer puede no serlo para otra con mayor riesgo cardiovascular.

4. ¿Me medí alguna vez la lipoproteína(a)?

Probablemente sea el nombre menos conocido de esta lista. Y merece dejar de serlo.

La Lp(a) está determinada principalmente por nuestra genética y permanece relativamente estable a lo largo de la vida. Las recomendaciones actuales plantean medirla al menos una vez en la edad adulta. Si está elevada no significa que inevitablemente tendremos un infarto. Significa que conocemos una pieza de nuestro riesgo que antes ignorábamos y que tenemos todavía más razones para intervenir con precisión sobre aquello que sí podemos modificar.

5. ¿En mi caso aporta conocer la ApoB?

El LDL sigue siendo fundamental, pero no siempre cuenta toda la historia. La apolipoproteína B aporta información sobre las partículas aterogénicas circulantes y puede ser particularmente útil en determinados perfiles metabólicos.

Esto no significa salir mañana a pedir todos los estudios disponibles. Al contrario: prevenir mejor no es medir todo. Es saber qué vale la pena medir en cada persona.

Mujer cuidando a su madre
Mujer cuidando a su madre.
Foto: Magnific.

6. ¿Conozco mi historia familiar cardiovascular?

“En mi familia todos tienen colesterol” es poca información. ¿Hubo infartos? ¿Accidentes cerebrovasculares? ¿A qué edad? ¿En madre, padre o hermanos? No podemos modificar nuestros genes, pero conocer los antecedentes puede cambiar la forma en que actuamos sobre todo lo demás.

7. ¿Mi historia como mujer forma parte de mi chequeo cardiovascular?

Esta pregunta me parece especialmente importante porque durante años dejamos nuestra historia ginecológica y obstétrica en un compartimento y nuestra salud cardiovascular en otro. No deberían estar separados.

Preeclampsia, hipertensión o diabetes gestacional y menopausia temprana, entre otros antecedentes, pueden aportar información sobre el riesgo cardiovascular futuro. Aunque no lo creas, aquello que ocurrió durante algún embarazo hace veinte años puede seguir siendo relevante hoy.

8. ¿Qué pasó con mi cintura y mi composición corporal?

Después de los 40 muchas mujeres llegan a consulta diciendo: “Peso casi lo mismo, pero mi cuerpo cambió”. Y puede ser exactamente así.

Durante la transición menopáusica puede producirse una redistribución de la grasa hacia la región abdominal. Por eso mirar solamente los kilos puede hacernos perder información importante. La pregunta no es únicamente cuánto peso, sino qué está pasando con mi masa muscular y mi grasa visceral.

9. Si todavía hay dudas sobre mi riesgo, ¿necesito estudiarlo mejor?

No todas necesitamos un score de calcio coronario. Pero vale la pena saber que existe.

Cuando después de integrar edad, antecedentes, presión, laboratorio y otros factores todavía no está claro el riesgo cardiovascular o una decisión terapéutica, el calcio coronario puede ayudar a detectar aterosclerosis antes de que dé síntomas y a reclasificar ese riesgo.

No es un estudio “para hacerse porque sí”. Es una herramienta para conversar con el médico cuando puede cambiar una decisión.

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La menopausia trae un montón de cambios consigo.
Foto: Freepik.

10. ¿Cuál es el factor sobre el que necesito actuar hoy?

Esta es, para mí, la pregunta más importante de todas. Porque después de medir viene la acción.

Para una mujer será dejar de fumar. Para otra, tratar adecuadamente su presión arterial. Para otra, disminuir un LDL que no está en el objetivo adecuado para su riesgo. Para muchas será recuperar masa muscular, moverse más, reducir grasa visceral, revisar el alcohol, mejorar la alimentación o proteger las horas de sueño.

No necesitamos cambiar diez cosas el lunes. Necesitamos identificar qué está moviendo hoy nuestro riesgo y cuál es la acción con mayor impacto que podemos empezar a hacer.

Ahí también cambia la conversación sobre alimentación y ejercicio. Comer mejor deja de ser solamente una estrategia para bajar de peso. Entrenar fuerza deja de ser una cuestión estética. Caminar, dormir, no fumar, moderar el alcohol y preservar masa muscular dejan de ser una colección de “hábitos saludables”. Son herramientas de prevención cardiovascular. Y quizás ese sea el verdadero chequeo que necesitamos después de los 40.

No solamente hacernos estudios, guardar los resultados en una carpeta y esperar escuchar: “está todo bien”. Sino empezar a preguntar: ¿qué está bien?, ¿para mi riesgo está suficientemente bien?, ¿qué me falta conocer? y ¿sobre qué puedo actuar hoy? Porque prevenir no es acumular más información. Es transformar lo que sabemos en decisiones. Y las decisiones, en acción.

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