Durante años, el síntoma que definía la menopausia eran los sofocos. Sin embargo, si hoy tuviera que elegir un tema que aparece casi inevitablemente en todas las consultas, no hablaría primero del calor sino que hablaría de la panza. No hay semana en la que una mujer no me diga: "No entiendo qué pasó. Tengo una panza que nunca tuve." Y lo más interesante es que muchas veces esa misma mujer agrega: "No siento que esté comiendo peor."
Durante mucho tiempo la respuesta fue demasiado simple. Si aumentabas de peso era porque estabas comiendo más de lo que gastabas. Pero hoy sabemos que durante la menopausia esa explicación queda corta. La caída de los estrógenos cambia la forma en que el organismo distribuye la grasa y hace que una mayor proporción se acumule alrededor de la cintura. Es un cambio biológico esperado, pero eso no significa que debamos naturalizarlo ni mucho menos resignarnos.
La grasa visceral
Nos preocupa porque la ropa aprieta, porque dejamos de reconocernos en el espejo o porque sentimos que el cuerpo cambió demasiado rápido. Y aunque entiendo perfectamente esa angustia —porque también estoy en esta etapa— creo que hoy la conversación tiene que ir un paso más allá. La pregunta ya no debería ser solamente cómo bajar la panza, sino qué nos está queriendo decir..
No toda la grasa abdominal es igual. La que podemos pellizcar debajo de la piel no se comporta igual que la grasa que rodea órganos como el hígado, el intestino o el páncreas. Esa grasa, conocida como grasa visceral, tiene una enorme actividad metabólica. Produce sustancias inflamatorias, favorece la resistencia a la insulina y participa en el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2, el hígado graso y la enfermedad cardiovascular. Dicho de otra manera, el aumento del perímetro de cintura puede ser una de las primeras manifestaciones visibles de cambios metabólicos que vienen ocurriendo desde hace tiempo.
Y si hay algo que veo repetirse una y otra vez en las mujeres que consultan es que ese aumento de grasa visceral rara vez aparece solo. Casi siempre convive con otro protagonista de esta etapa: el estrés. No porque no hablemos de él; al contrario, nunca hablamos tanto de estrés como ahora. El problema es que nos acostumbramos a vivir así. Nos acostumbramos a dormir poco, a llegar a todo corriendo, a sostener la familia, el trabajo, los padres, los hijos y a creer que funcionar agotadas es normal. Pero para el organismo no lo es. ¨siempre a mil ¨
Cuando el cortisol permanece elevado durante mucho tiempo, el cuerpo interpreta que necesita ahorrar energía. Ese mecanismo favorece el depósito de grasa visceral y, al mismo tiempo, modifica las señales que regulan el hambre y la saciedad. Por eso muchas mujeres sienten que tienen más apetito que antes, especialmente al final del día, o que les cuesta controlar el deseo de comer alimentos dulces. No es simplemente una cuestión de voluntad. Es biología.
Más que una dieta
A eso se suma otro cambio propio de esta etapa: la pérdida progresiva de masa muscular. Como el músculo consume energía incluso cuando estamos en reposo, perder masa muscular significa también gastar menos calorías cada día. Por eso hacer exactamente lo mismo que hacíamos diez años atrás muchas veces deja de dar los mismos resultados.
Quizás por eso me preocupa que la respuesta siga siendo, casi siempre, hacer otra dieta. Comer menos no corrige un metabolismo que está cambiando. Lo que necesitamos es preservar el músculo, asegurar un buen consumo de proteínas y fibra, dormir mejor y entender que reducir el estrés no es un lujo ni una moda, sino una parte clave del tratamiento.
La menopausia cambia el cuerpo, eso es cierto. Pero la grasa abdominal no debería ser vista únicamente como un problema estético ni como una derrota personal. Muchas veces es una señal de que el metabolismo está atravesando una transición y nos está dando la oportunidad de intervenir antes de que aparezcan consecuencias más importantes.
Porque la menopausia no cambia solamente la cintura; cambia las reglas del juego. Y cuanto antes las conozcamos, mejores decisiones vamos a poder tomar.