The Conversation*
La diabetes mellitus es una enfermedad que provoca unos niveles de azúcar en sangre elevados. Hoy la variante más común es la diabetes tipo 2, muy asociada al estilo de vida de los países desarrollados.
Sin embargo, es menos conocido que la desnutrición también puede causar esta patología. Recientemente se ha reconocido una nueva variante relacionada con una dieta pobre: la diabetes tipo 5.
Quizá conozca a alguien con diabetes tipo 2. Esta variante está asociada al sedentarismo, la dieta rica en carbohidratos y grasas y a la obesidad. Todas estas condiciones favorecen el agotamiento del páncreas, que pierde su capacidad de producir insulina, la hormona necesaria para mantener unos adecuados niveles de glucosa en sangre.
Por su relación con la obesidad, la diabetes tipo 2 se ha convertido en un quebradero de cabeza para las instituciones sanitarias occidentales. Según las previsiones, en 2050 se esperan 140 millones de diabéticos tipo 2 en Europa y Estados Unidos.
La diabetes tipo 5.
Paradójicamente, hace unos meses los expertos han reconocido oficialmente una nueva variante de la diabetes. Se trata de la diabetes tipo 5 –los tipos 3 y 4 se usan más en un contexto académico, por lo que no los explicaremos en este artículo–.
La diabetes tipo 5 se define como aquella forma de diabetes debida a un déficit de producción de insulina en el páncreas, pero asociado a la desnutrición prolongada en niños y adolescentes. No se trata de algo recién descubierto: los expertos no han hecho sino nombrar una enfermedad que ya se trataba en los países en vías de desarrollo de la mejor manera posible desde hace años. La cifra de afectados, aunque se estima elevada, se desconoce oficialmente.
Resulta irónico que dos situaciones antagónicas (la dieta hipercalórica frente a la dieta pobre y la desnutrición) puedan conducir, por caminos distintos, a un fenómeno común. Tanto en países ricos –tipo 2– como en los que se encuentran en vías de desarrollo –tipo 5– el problema subyacente es la pérdida de producción de insulina en los pacientes.
Qué podemos hacer.
Conocida desde la Antigüedad, desde entonces los tratamientos han sido muchos y variados. Ya en época romana el médico y enciclopedista Aulo Cornelio Celso prescribía dieta y ejercicio. Más adelante, desde la segunda mitad del siglo XX, se recurrió a los antidiabéticos orales y a la insulina exógena.
Hoy existe un punto en común que lleva al incremento de ambos tipos de diabetes, tanto la de tipo 2 como la de tipo 5. Nos referimos a los bajos ingresos en la población.
En los países pobres, estos limitan el acceso a cualquier tipo de alimento y condenan a la malnutrición crónica a niños y adolescentes, lo que favorece los casos de diabetes tipo 5. En los países desarrollados, un estrato cada vez mayor de la población tiene dificultades para acceder a los alimentos frescos y de calidad. Como resultado, basan su dieta en productos ultraprocesados y ricos en azúcares, mucho más baratos. Esto, unido al estilo de vida sedentario, favorece un incremento en la prevalencia de la obesidad, acompañada de una de sus mayores complicaciones: la diabetes tipo 2.
Para enfrentarnos a esto, un primer paso debe ser el tratamiento de los pacientes de ambas formas de diabetes. Este resulta, en muchos casos, parecido: implica apoyo nutricional y uso de fármacos antidiabéticos orales.
Pero lo que parece sencillo en Occidente supone una dificultad en los países subdesarrollados. Por un lado, por la imposibilidad económica para adquirir los fármacos y su disponibilidad en cantidades suficientes. Por otro, por la limitada capacidad de distribución y mantenimiento.
Aun así, se están implementando programas desde organismos internacionales como el Pacto Mundial contra la Diabetes de la OMS y las campañas de la World Diabetes Foundation – WDF para facilitar ese acceso.
El acceso a una alimentación sana.
Más allá de esto, hace falta una estrategia común para frenar la expansión de las dos variantes de la diabetes. Esta pasa por facilitar el acceso a una alimentación sana y de calidad en ambos casos. En los países occidentales, podría concretarse con medidas encaminadas a la disminución del precio de productos frescos y sanos. Por ejemplo, mediante reducciones de impuestos o bonificaciones en su compra para las rentas más bajas. Todo ello junto a políticas de concienciación y educación dietética y nutricional para el público.
En los países más pobres resulta más complicado. Estas son algunas medidas que pueden ayudar a paliar la lacra de la diabetes tipo 5:
- El apoyo a los pequeños productores locales.
- La implementación de proyectos de innovación agrícola y ganadera.
- Medidas directas de ayuda y protección social a colectivos vulnerables como niños y adolescentes.
De esta forma se podría facilitar el acceso a una dieta idónea a la población. Como resultado, se reducirían los casos de malnutrición y de diabetes tipo 5. Desde luego, todo ello implicará un arduo trabajo para años venideros.
La diabetes no hace sino recordarnos que dos realidades tan alejadas como la del primer y el tercer mundo a veces sufren problemas que, aunque pueden presentar distinto rostro, comparten raíces comunes.
*Gonzalo Martín Pérez Arana
-
El "oro de la juventud": el potente efecto de la vitamina E para combatir la papada y el paso del tiempo
Tu gato no tiene hambre: la verdadera y tierna razón por la que te despierta a las 5 de la mañana
Cómo bajar el azúcar en sangre en 5 minutos: la técnica del movimiento muscular que no depende de la insulina