Una ducha tibia antes de dormir puede convertirse en mucho más que un hábito de higiene: incorporada a una rutina nocturna, puede ayudar a preparar el organismo para el descanso y el sueño.
El especialista en sueño Juan Suárez explicó que este hábito puede favorecer la relajación muscular y acompañar uno de los procesos naturales que ocurren en el organismo durante las horas previas al descanso: el descenso de la temperatura corporal.
Según el especialista, una ducha con agua tibia o caliente puede ayudar a relajar los músculos y favorecer la disipación del calor corporal después del baño. Este mecanismo acompaña el proceso por el cual el organismo comienza a reducir su temperatura interna cuando se aproxima el momento de dormir.
La temperatura corporal cumple un papel importante en la preparación para el sueño. De manera natural, el cuerpo comienza a enfriarse a medida que se acerca la noche. Por eso, una ducha tibia nocturna puede integrarse a ese proceso y funcionar como parte de una señal de transición hacia el descanso.
Sin embargo, esto no significa que sea conveniente utilizar agua excesivamente caliente. La intención es favorecer la relajación y permitir que, después del baño, la temperatura corporal disminuya progresivamente.
La ducha es solo una parte de la rutina nocturna
Para mejorar la calidad del sueño, la ducha puede formar parte de un conjunto más amplio de hábitos. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse es una de las recomendaciones que pueden contribuir a establecer una rutina estable.
También es aconsejable reducir el uso de pantallas antes de dormir y evitar utilizar el celular una vez en la cama. Disminuir gradualmente el ritmo de las actividades durante las últimas horas del día puede ayudar al organismo a pasar de la actividad a un estado de mayor tranquilidad.
Otro aspecto importante es evitar llevar a la cama las preocupaciones y problemas cotidianos. Cuando la mente continúa concentrada en las tareas pendientes, puede resultar más difícil alcanzar el estado de relajación necesario para conciliar el sueño.
Durante la mañana, en tanto, la exposición a la luz natural puede ayudar a regular los ritmos biológicos. Sumada a horarios de sueño relativamente estables, esta práctica contribuye a organizar el ritmo circadiano, que interviene en los ciclos de sueño y vigilia.
Una señal para desconectarse del día
Una rutina que combine una ducha tibia, unos minutos de tranquilidad y una menor exposición a pantallas puede funcionar como una especie de transición entre las actividades cotidianas y el momento de acostarse.
Más que depender de un único hábito, favorecer un buen descanso nocturno implica construir rutinas que permitan al organismo y a la mente reducir progresivamente el nivel de actividad.
De todos modos, cuando las dificultades para dormir aparecen de manera frecuente o se prolongan en el tiempo, es recomendable consultar con un profesional de la salud para determinar cuáles pueden ser sus causas y qué estrategia resulta más adecuada.