¿Por qué es difícil resistirse al postre? Qué ocurre en el cerebro cuando ya estás lleno pero igual querés dulce

Un estudio científico analizó por qué muchas personas sienten ganas de comer postre después de comer, incluso sin hambre. La respuesta está en cómo el cerebro y la recompensa alimentaria reaccionan frente a ciertos alimentos.

Postres cena
Mesa de postres en cena festiva.
Foto: Freepik.

Para muchas personas, el almuerzo o la cena no parecen completos si no aparece algo dulce al final. Aunque el cuerpo ya esté satisfecho, surge ese impulso de comer algo más. La explicación, según la ciencia, no está solo en la costumbre: tiene que ver con cómo funciona el cerebro y su sistema de recompensa alimentaria, que puede activarse incluso cuando ya no existe hambre real.

Un estudio de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, investigó por qué el deseo de postre después de comer aparece aun cuando la persona ya está llena. Los resultados, publicados en la revista científica Appetite, sugieren que el cerebro puede seguir reaccionando a señales de comida atractiva aunque el organismo haya alcanzado la sensación de saciedad.

El sistema de recompensa del cerebro no se apaga

Para la investigación se analizaron las respuestas cerebrales de 70 voluntarios mediante escáneres cerebrales y electroencefalogramas. Los participantes realizaron un juego de aprendizaje basado en recompensas mientras observaban imágenes de alimentos tentadores como dulces, chocolate o snacks.

Antes de la prueba, todos habían comido hasta sentirse completamente satisfechos. Sin embargo, el cerebro contaba otra historia.

El investigador principal del trabajo, el psicólogo Thomas Sambrook, explicó que observaron que las áreas cerebrales vinculadas a la recompensa del cerebro seguían activándose ante imágenes de comida, incluso cuando los participantes ya no deseaban comer más.

En otras palabras, el organismo podía estar lleno, pero el cerebro seguía reaccionando a los estímulos de comida sabrosa.

Dulces, comida
Mujer con alimentos dulces.
Foto: Freepik.

Comer sin hambre: un hábito que el cerebro aprende

Los resultados mostraron que la actividad eléctrica en zonas asociadas con el placer al comer mantenía la misma intensidad frente a alimentos apetitosos, incluso después de haber alcanzado la saciedad.

Según Sambrook, el cerebro tiende a mantener el valor de recompensa que asocia con determinados alimentos. Eso explica por qué muchas veces, aunque uno sienta que ya comió suficiente, aparece la tentación de algo dulce o de un pequeño “permitido”.

Los investigadores sostienen que estas reacciones pueden convertirse en hábitos automáticos de alimentación. Con el paso del tiempo, el cerebro aprende a vincular ciertas situaciones —como terminar una comida— con el consumo de postres o alimentos dulces.

No es solo falta de disciplina

Otro punto interesante del estudio es que estas respuestas cerebrales pueden actuar de forma bastante independiente de las decisiones conscientes. Es decir, el deseo de comer algo dulce no siempre está relacionado con la fuerza de voluntad o el autocontrol alimentario.

Incluso personas con buena capacidad para tomar decisiones racionales pueden sentir ese impulso. El motivo es que el cerebro frente a la comida responde automáticamente a señales visuales o contextuales que activan el circuito del placer.

Para los especialistas, este fenómeno ayuda a entender por qué en entornos donde abundan alimentos atractivos resulta tan fácil caer en el exceso de comida.

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Foto: Jonathan Maloney / Inga Beckmann - Commons.

Un entorno lleno de estímulos alimentarios

Los científicos señalan que el aumento global de problemas vinculados con el sobrepeso y la obesidad no se explica únicamente por la falta de disciplina individual.

También influye el entorno actual, donde las personas están constantemente expuestas a señales de comida: imágenes, aromas, publicidad o hábitos culturales que refuerzan el deseo de comer incluso cuando el cuerpo ya no lo necesita.

Comprender cómo funciona el circuito de recompensa del cerebro puede ayudar a diseñar estrategias más realistas para manejar el apetito, entender mejor los hábitos alimentarios y, quizás, explicar por qué ese pequeño postre después de comer suele resultar tan difícil de evitar.

En base a El Tiempo/GDA

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