Que una fruta luzca limpia no significa necesariamente que sea segura para consumir. Aunque no haya restos visibles de tierra, en su superficie pueden permanecer bacterias, virus o parásitos adquiridos durante la cosecha, el transporte, el almacenamiento o la manipulación.
Por ese motivo, organismos internacionales dedicados a la seguridad alimentaria recomiendan lavar y desinfectar correctamente las frutas y verduras antes de consumirlas, incluso cuando se les vaya a retirar la cáscara.
Antes de llegar a la mesa, los productos frescos pasan por numerosas etapas: son cosechados, transportados, almacenados y manipulados por distintas personas. Durante ese recorrido también pueden entrar en contacto con tierra, insectos, agua contaminada o superficies que favorecen la presencia de microorganismos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que algunos patógenos pueden permanecer sobre frutas y hortalizas el tiempo suficiente como para provocar enfermedades si no se eliminan mediante una adecuada higiene. Entre los microorganismos que se han asociado a distintos alimentos frescos se encuentran:
- Salmonella, detectada en productos como tomate, melón, sandía, apio, coliflor, brotes de alfalfa y lechuga.
- Escherichia coli, relacionada con repollo, cilantro, apio, piña y brotes.
- Listeria monocytogenes, identificada en pepino, papa, repollo, hongos comestibles, tomate y ensaladas listas para consumir.
- Virus de la hepatitis A, asociado en algunos brotes a lechuga y frutillas.
- Otros microorganismos como Shigella, Aeromonas, Cyclospora y Clostridium botulinum, entre otros.
Estas infecciones pueden provocar síntomas gastrointestinales como diarrea, vómitos, náuseas, fiebre y dolor abdominal. Dependiendo del microorganismo involucrado y del estado de salud de la persona, la recuperación puede prolongarse durante varios días o incluso semanas.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda que una correcta manipulación de frutas y verduras ayuda a disminuir el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos. Las recomendaciones comienzan desde el momento de la compra: elegir productos frescos, sin golpes ni deterioro visible, y mantenerlos separados de carnes, pescados y productos de limpieza para evitar contaminación cruzada.
Una vez en casa, se aconseja guardar la mayoría de las frutas y verduras en la heladera, preferentemente en los compartimentos destinados para ellas, aunque algunos alimentos —como cebollas o cítricos— pueden conservarse a temperatura ambiente en lugares frescos y secos.
Cómo lavar frutas y verduras correctamente
Antes de manipular cualquier alimento es importante lavarse las manos y asegurarse de que cuchillos, tablas y superficies estén limpios. Luego, cada fruta o verdura debe inspeccionarse para retirar partes dañadas. Si presenta moho, la recomendación es desechar la pieza completa.
El lavado debe realizarse con abundante agua corriente, incluso cuando el alimento vaya a pelarse, ya que al cortarlo los microorganismos presentes en la superficie pueden pasar al interior.
En productos con cáscara gruesa o rugosa —como melón, sandía, pepino, papa o calabaza— se aconseja utilizar un cepillo exclusivo para alimentos que facilite la eliminación de tierra y residuos. Finalmente, puede emplearse un desinfectante apto para frutas y verduras, siempre respetando las indicaciones del fabricante.
Con base en El Universal/GDA