¿Puede una preocupación sostenida afectar las defensas? ¿Y el estrés influir en el sistema digestivo, las hormonas o la respuesta del organismo frente a una enfermedad? Hoy se sabe que el cuerpo y la mente están profundamente conectados, y esa es la base de la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE), una disciplina que estudia cómo interactúan las emociones, el cerebro, el sistema inmune y el sistema endocrino.
En Uruguay, una de sus principales referentes y pioneras es la psicoterapeuta integrativa Margarita Dubourdieu, fundadora y presidenta honorífica de la Sociedad Uruguaya de PNIE (SUPNIE) y de la Federación Latinoamericana de PNIE (FLAPNIE). En diálogo con El País, profundizó sobre cómo las emociones, el entorno y la biología se entrelazan y de qué manera la plasticidad humana permite transformar nuestra vida.
— ¿Cómo llegaste a la psiconeuroinmunoendocrinología?
— Fue a raíz de un cuadro gravísimo de un familiar, hace 30 años. Le diagnosticaron cáncer, con un pronóstico de vida de dos meses. Buscando alternativas, me encontré con esta disciplina, que muestra —entre otras cosas— cómo el sistema nervioso incide en la inmunidad. Pusimos el foco ahí, en lo anímico, y no falleció a los dos meses ni a los seis ni a los ocho, sino que vivió 25 años más. Como forma de agradecimiento a la vida, me propuse transmitir lo que había aprendido, así que presenté un proyecto en el Hospital de Clínicas y desde entonces desarrollo, junto a un equipo, la atención de los aspectos psicoemocionales de pacientes oncológicos. Con el tiempo, incluimos otras áreas: gastroenterología, endocrinología, psiquiatría, pediatría e incluso comenzamos a trabajar en otros hospitales, en instituciones privadas y de forma solidaria en ONG y asociaciones.
— ¿Cómo definís esta disciplina?
— Es una palabra larga, pero el concepto es sencillo. En la década del ‘70 se demostró científicamente que el sistema nervioso libera sustancias que afectan a las hormonas y las defensas, favoreciendo o no procesos de enfermedad. En otras palabras, se descubrió que el cuerpo y la mente funcionan conjuntamente. A veces, se hacen tratamientos cuidando solamente cómo se come o se duerme, pero también hay que revisar cómo estamos con los demás, si tenemos paz interior o si nuestros pensamientos nos abruman.
— ¿En qué se diferencia de la psicoterapia tradicional?
— Así como, muchas veces, el médico ve sólo lo biológico y el sociólogo lo social, el psicólogo suele ver solo lo emocional. En el caso de la psiconeuroinmunoendocrinología, se abordan cinco dimensiones: biológica, cognitiva, psicoemocional, socioecológica y espiritual. Los médicos formados en psiconeuroinmunoendocrinología no solo atienden lo biológico, sino que también pueden, por ejemplo, observar si el paciente no está feliz y transmitirle la importancia de consultar con un psicólogo. Lo mismo al revés. Y esa es la idea para todos los profesionales de la salud; que puedan abocarse a su área y al mismo tiempo considerar otros factores de estrés que inciden y en los que también es importante trabajar de forma transdisciplinaria.
Formarse en salud integral
La Sociedad Uruguaya de Psiconeuroinmunoendocrinología (SUPNIE) realizará el próximo sábado 29 de agosto, de 8:00 a 15:30 horas, la XXIV Jornada Anual SUPNIE 2026, que tendrá lugar en el Hotel Punta Trouville. Bajo el eje “Inflamación e inmunonutrición. Emociones y regulación”, la actividad reunirá a especialistas para abordar temas como inflamación y microbiota, inmunidad y metabolismo, emociones y psicología positiva, neuroinflamación y sistema nervioso, acidez dietaria y nutrición, ritmos circadianos y sueño, inteligencia emocional, espiritualidad y sentido, habilidades interpersonales y recursos para talleres grupales, entre otros. Quienes deseen obtener más información o inscribirse pueden comunicarse al correo supnieuruguay@gmail.com o al teléfono 098 267 326.
— ¿Cuál es la mirada de la psiconeuroinmunoendocrinología sobre el estrés?
— En general, cuando alguien dice ‘estoy estresado’, se refiere a que está con mucha cosa, desbordado o apurado. Y sí, el estrés implica eso, pero solo en parte. Desde la psiconeuroinmunoendocrinología, lo definimos como una respuesta a sustancias —hormonas y neurotransmisores— que se liberan ante la insatisfacción de una necesidad, ya sea biológica, cognitiva, psicoemocional, socioecológica o espiritual. En este sentido, uno puede estar estresado porque duerme o come mal, porque tiene pensamientos negativos o problemas vinculares, porque no entra en contacto con la naturaleza o porque perdió el sentido de la vida, entre otros factores. El profesional, entonces, evalúa cuáles son los factores de estrés del paciente y también los llamados factores de protección, que es aquello que a uno le hace bien y amortigua el impacto de las sustancias del estrés: la gratitud, la compasión, el amor hacia los demás, la calma.
— Desde esta perspectiva, ¿qué es lo primero que le dirías a un paciente que quiere mejorar su calidad de vida?
— Primero, lo felicitaría por pedir ayuda, porque eso implica un reconocimiento de que hay algo que no funciona como debería. Luego, le explicaría que el malestar puede venir de múltiples dimensiones y que por eso es importante hacer una evaluación de cuáles son los factores que inciden, antes de iniciar un tratamiento. Y haría hincapié en que puede tratarse porque existe la plasticidad; tanto la neuroplasticidad, que es más conocida, como la psiconeuroinmunoendocrino plasticidad. Cambia el cerebro, sí, pero también lo hacen el resto de nuestros sistemas, y por eso no debemos bajar los brazos. Está comprobado científicamente que podemos habilitar nuevos funcionamientos. No importa cuál sea el síntoma: se puede cambiar durante toda la vida, porque la plasticidad está presente siempre.
No es solo pensar en positivo. No es magia. Lo cognitivo influye, pero también hay que hacer cambios en otras áreas y desarrollar una esperanza activa. Más que decir ‘ojalá me mejore’, se trata de accionar para estar mejor y posibilitar el cambio. Cambiar lo que hay que cambiar y reforzar lo que está bien. Se pueden construir nuevos funcionamientos. Y hay que saber pedir ayuda profesional cuando uno la necesita.
Memorias bioemocionales: las huellas invisibles del pasado
Nuestra conexión con el entorno comienza mucho antes del nacimiento. Si una madre atraviesa niveles elevados y crónicos de estrés —señaló Dubourdieu—, el exceso de cortisol genera una vulnerabilidad en el feto, predisponiendo al futuro niño a responder con mayor ansiedad. Así, cada vivencia deja huellas que moldean la manera de interpretar los hechos. Si bien no es posible modificar los acontecimientos del pasado, la psiconeuroinmunoendocrinología sostiene que sí puede alterarse la incidencia que esas memorias bioemocionales tienen en el presente. Gracias a la plasticidad de nuestros sistemas —remarcó la experta—, es posible desactivar patrones automáticos.