David Céspedes, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, propone mirar el descenso de peso más allá de las dietas y la fuerza de voluntad. Según explica, existen mecanismos del organismo y hábitos cotidianos que pueden hacer más difícil perder peso y que muchas veces pasan inadvertidos.
En el ciclo Aprendemos Juntos de BBVA, el especialista señaló cuatro factores que considera especialmente relevantes: el metabolismo basal, la calidad del sueño, el movimiento que realizamos durante el día y el estrés. Su planteo parte de una premisa: comprender cómo funciona el cuerpo puede ayudar a construir estrategias más realistas y sostenibles.
Uno de los primeros obstáculos está en el propio funcionamiento del organismo. “Tu cuerpo está hecho para ahorrar”, explicó Céspedes. Por eso, cuando una persona reduce drásticamente la cantidad de energía que consume, el organismo puede responder disminuyendo también el gasto energético.
Este mecanismo ayuda a entender por qué algunas dietas muy restrictivas pueden resultar difíciles de sostener y por qué el descenso de peso no depende únicamente de comer menos. El cuerpo cuenta con mecanismos de adaptación que buscan preservar sus reservas energéticas ante una menor disponibilidad de alimento.
El segundo factor señalado por el especialista es el sueño. Cuando el descanso no es reparador, puede cambiar también la relación con la comida. “Eso hace que nuestra apetencia por alimentos más dulces y ultraprocesados sea mayor”, sostuvo. Dormir adecuadamente, por lo tanto, no es solo una cuestión de sentirse descansado al día siguiente: también forma parte de un estilo de vida que favorece una alimentación más equilibrada.
Por eso, si una persona intenta modificar sus hábitos alimentarios pero duerme sistemáticamente mal, puede encontrarse con un obstáculo adicional: el cansancio y la falta de sueño pueden hacer más atractivos aquellos alimentos que aportan energía rápida.
Céspedes también llamó la atención sobre una forma de movimiento que muchas veces queda fuera de los planes de descenso de peso: la actividad que realizamos espontáneamente a lo largo del día. No se trata de los 30 o 60 minutos de entrenamiento planificado, sino de todo aquello que hacemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos: caminar, subir escaleras, permanecer de pie, desplazarnos, hacer tareas domésticas o movernos durante el trabajo.
El especialista lo resumió al señalar que hemos perdido parte de ese movimiento cotidiano. Como ejemplo, contó que antiguamente los médicos debían levantarse para buscar una historia clínica que estaba archivada, algo que hoy pueden resolver desde una computadora sin abandonar la silla. La idea es sencilla: hacer ejercicio durante un rato no necesariamente compensa pasar el resto del día sentado. Incorporar más movimiento a las actividades habituales puede ser una estrategia complementaria al entrenamiento.
El cuarto factor es el cortisol, una hormona que participa en la respuesta del organismo frente al estrés. Céspedes explicó que el cortisol puede favorecer la liberación de glucosa a partir de las reservas del organismo. El problema aparece cuando esa energía movilizada no se utiliza mediante actividad física.
En ese contexto, según su explicación, pueden producirse cambios posteriores en la regulación de la glucosa y aumentar las ganas de comer, especialmente cuando la persona llega a casa después de una jornada sedentaria y estresante.
Por eso, el especialista propone no mirar el peso como resultado de un único comportamiento. Dormir poco, moverse poco, atravesar períodos de estrés y realizar restricciones alimentarias excesivas pueden interactuar entre sí, haciendo más complejo el proceso.
Más allá de los mecanismos biológicos, Céspedes hizo hincapié en una cuestión que suele quedar relegada cuando se habla de obesidad: la forma en que se mira a quien tiene exceso de peso. “Una persona no es obesa, está obesa. La persona maravillosa que es, sigue dentro”, afirmó. La frase resume buena parte de su enfoque: el peso corporal no define a una persona ni debería convertirse en su identidad. Entender los factores que intervienen en el aumento o descenso de peso permite, en cambio, abandonar la idea de que todo depende exclusivamente de la voluntad y pensar en cambios que contemplen el metabolismo, el descanso, el movimiento cotidiano, el estrés y las características particulares de cada individuo.