Cada mañana, miles de uruguayos empiezan el día con un mate. Es un ritual asociado al encuentro, la pausa o el trabajo, pero ¿y si también contribuyera a cuidar el cerebro a largo plazo? Esa pregunta motivó al investigador argentino Juan Ferrario, que desde hace más de una década se dedica a estudiar la yerba mate y su papel en la prevención de la enfermedad de Parkinson.
Docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y responsable del Laboratorio de Neurobiología de la enfermedad de Parkinson en el Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional (iB3), Ferrario investiga esta enfermedad neurodegenerativa desde un punto de vista molecular. En esta entrevista explica qué descubrió su equipo y por qué los hábitos cotidianos pueden convertirse en aliados del bienestar cerebral.
— ¿Qué llegó primero, tu interés por el mate o por el párkinson?
— Por el párkinson. Empecé en 1998, como estudiante, cuando desarrollé mi tesis de licenciatura junto al doctor Oscar Gershanik, un neurólogo que fundó el primer laboratorio de investigación dedicado a esta patología en Argentina. Dos años después hice mi primer intercambio con un grupo de investigación en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière, en París; comencé con idas y venidas hasta que me instalé allá. Se investigaba el efecto del café en la enfermedad de Parkinson y fue así como, bromeando, empecé a pensar en el mate.
Volví a Argentina en el año 2012, y en 2015 apareció un trabajo de investigación que mostraba que entre los tomadores de mate había menos riesgo de desarrollar párkinson. Como trabajaba (y trabajo) con neuroprotección —es decir, conocer por qué mueren las neuronas dopaminérgicas, involucradas en el párkinson, y qué puede hacerse para evitarlo o ralentizarlo—, tenía las herramientas para investigarlo. Preparamos un extracto de yerba mate, lo probamos en cultivos primarios de neuronas dopaminérgicas y vimos un efecto muy importante sobre las neuronas; mucho más, incluso, que lo que se veía con la cafeína. Justo en ese momento, las investigaciones en el mundo comenzaron a mostrar que el café descafeinado también prevenía el párkinson, así que era evidente que la clave estaba en otra molécula y no en la cafeína. Esa molécula es el ácido clorogénico. Cada 100 gramos, el mate tiene cuatro de este compuesto. Un montón.
— ¿Qué diferencia a su grupo de investigación? ¿Qué hallaron concretamente?
— Por un lado, somos pioneros en investigar los cambios moleculares que ocurren en el cerebro frente al levodopa, el principal tratamiento para la enfermedad de Parkinson. Ese es nuestro fuerte. Por otro lado, como segunda línea de investigación, trabajamos la neuroprotección, en donde vimos que el mate protege a las neuronas dopaminérgicas. La gran pregunta era qué hace el mate dentro de las neuronas. Y lo que encontramos es que el ácido clorogénico activa mecanismos de limpieza celular y balance energético, dos aspectos que fallan en la enfermedad de Párkinson. Todavía no lo publicamos en una revista científica, pero lo hago público porque esto mismo lo han encontrado otros grupos de investigación que estudian el efecto del café. Nadie lo mostró con mate aún y nosotros lo publicaremos pronto.
— ¿Cambia en algo la cantidad de mate que uno tome?
— El mate no es un medicamento; es un hábito saludable que dispara mecanismos celulares que se asocian con funciones positivas. Y es un hábito saludable similar a otros, como hacer ejercicio físico, comer sano o dormir bien. Entonces, como todo, el efecto neuroprotector del mate es proporcional a la cantidad que uno tome, pero a lo largo de muchos años y de forma acumulativa. Muchas veces, me dicen: ‘Conozco gente que toma mate y tiene párkinson’. Y sí, yo también. Reduce el riesgo o retrasa la enfermedad, pero dentro de un estilo de vida saludable. Estamos exprimiendo al mate científicamente para saber qué hace y qué no, y resulta que todo lo que hace es bueno. Eso es lo importante.
— ¿Cambia en algo la temperatura del agua? ¿O el tipo de yerba?
— Son sutilezas. Si el agua está más caliente, la extracción química es más grande, pero hay un riesgo para la salud. Tomar, todos los días, agua por encima de los 65 grados, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer. La recomendación es que el agua del termo esté entre los 70 y los 80 grados para que por bombilla salga a menos de 60. En cuanto al tipo de yerba, las uruguayas no tienen palo (fragmento de la rama de la planta de yerba mate), por lo que la extracción de cafeína y ácido clorogénico es mayor. Pero, de nuevo, son sutilezas.
— ¿Qué preguntas quedan abiertas?
— Estamos metiéndonos a fondo para entender mucho más qué hace el mate y cómo, y también queremos evaluar si el mecanismo que observamos en las neuronas ocurre en otros tipos celulares, es decir, si tiene un efecto en otros tejidos del cuerpo. La ciencia aún tiene mucho para decir sobre el mate.
El mate bajo la lupa de la ciencia
¿Qué sabemos realmente sobre la bebida que nos acompaña todos los días? ¿Por qué los pueblos guaraníes la consideraban una planta medicinal? ¿Qué descubrió el primer premio Nobel de América Latina sobre la yerba mate hace casi un siglo? ¿Y qué dice hoy la ciencia sobre sus efectos en la salud? Esas y muchas otras preguntas encuentran respuesta en La ciencia del mate (Editorial Siglo XXI), el libro de Juan Ferrario y Karla Johan Lorenzo, que reúne por primera vez la historia, los hallazgos científicos y los interrogantes que todavía rodean a una de las infusiones más consumidas del Río de la Plata.
Aunque existen apenas entre 600 y 700 investigaciones científicas sobre el mate —frente a las más de 40.000 dedicadas al café—, Ferrario recopila y explica de forma accesible todo lo que la evidencia ha demostrado hasta el momento. El recorrido va desde el conocimiento ancestral de los pueblos guaraníes y el papel de la ciencia en la domesticación de la planta hasta descubrimientos históricos poco difundidos, como los estudios realizados entre 1938 y 1943 por el premio Nobel Bernardo Houssay sobre los efectos fisiológicos de la yerba mate. El libro también invita a mirar hacia adelante: conocer mejor qué hace el mate en el organismo y estimular nuevas investigaciones sobre una bebida que millones de personas consumen todos los días.