Redacción El País
La gastroenteróloga Juliana Suárez Correa, popular en redes como la ‘doctora popó’, volvió a poner al chicle en el centro de la conversación sobre bienestar digestivo. Según la especialista, esta costumbre tan instalada puede ser útil para ciertos episodios de reflujo y aportar beneficios puntuales, siempre que su consumo sea moderado y el tipo de goma esté bien elegido.
Un aliado puntual frente al reflujo
Suárez Correa explicó que, en medio de un episodio agudo de reflujo gastroesofágico, masticar chicle entre 30 y 60 minutos estimula la salivación, favorece el llamado aclaramiento esofágico y acelera el vaciamiento gástrico. Esto ayuda a que los ácidos tengan menos tiempo de contacto con el esófago y disminuya la sensación de ardor.
La médica aclaró que este beneficio no aplica a cualquier variedad: el chicle de menta puede relajar el esfínter esofágico inferior y empeorar el cuadro en algunas personas. Por eso, insistió en que se trata de una medida puntual, no de un tratamiento sostenido. “El chicle puede ayudar con el reflujo si se usa de forma acotada”, indicó la especialista, en referencia a su utilidad momentánea.
Lo que dicen los dentistas: beneficios, límites y riesgos
Además de su efecto digestivo, los especialistas del Consejo General de Dentistas de España y de la Sociedad Española de Odontopediatría coinciden en que elegir chicles sin azúcar y con xilitol aporta ventajas para la salud bucal. Este edulcorante ayuda a frenar el desarrollo de bacterias asociadas a la caries, colabora en la neutralización de ácidos y favorece la remineralización del esmalte.
Aun así, los expertos remarcan que el uso debe ser medido. Recomiendan no superar los 20 a 30 minutos diarios, porque una masticación prolongada pierde eficacia para remover placa bacteriana y puede generar molestias en quienes tienen algún trastorno de la articulación temporomandibular, bruxismo o tratamientos dentales recientes. Tampoco sustituye en ningún caso al cepillado.
Otro punto clave es la edad: los niños menores de cinco años no deberían consumir chicle por riesgo de atragantamiento, y a partir de esa edad se aconseja supervisar para no sobrepasar los niveles diarios de xilitol (24 gramos en niños y 60 gramos en adultos), ya que cantidades excesivas pueden provocar malestar intestinal.
Un hábito útil, pero lejos de ser inocente
Los profesionales coinciden en que el chicle sin azúcar puede sumar en situaciones específicas: ayuda a retirar restos de alimentos, eleva el pH bucal, favorece la digestión y resulta especialmente valioso para quienes padecen xerostomía o pacientes sometidos a radioterapia en cabeza y cuello, que suelen tener una marcada reducción del flujo salival.
Sin embargo, también subrayan que no es una práctica para todos y que su aporte es complementario. Tanto en salud digestiva como en salud bucal, el chicle funciona como un recurso puntual, no como un reemplazo de tratamientos ni de hábitos de higiene esenciales.
En base a El Tiempo/GDA
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