Redacción El País
Un nuevo estudio científico confirmó por primera vez una fuerte relación entre el consumo de cigarrillos y la depresión, mostrando que esta enfermedad aparece con mayor frecuencia a lo largo de la vida en fumadores actuales y exfumadores que en quienes nunca fumaron.
Según explicó Maja Völker, investigadora del Departamento de Epidemiología Genética en Psiquiatría del Instituto Central de Salud Mental (CIMH), aunque la asociación entre tabaquismo y depresión ya era conocida, los mecanismos detrás de este vínculo aún no estaban del todo claros. Por eso, el equipo analizó la relación entre la cantidad de cigarrillos, la edad de inicio del hábito y el tiempo transcurrido desde dejar de fumar.
Los datos proceden del mayor estudio poblacional de Alemania, la Cohorte Nacional Alemana (NAKO), y revelaron que cuanto más tiempo había pasado desde el último cigarrillo, menor era el riesgo de desarrollar depresión.
Además, los investigadores observaron que fumar más cigarrillos al día se asociaba con síntomas depresivos más intensos. Cada cigarrillo adicional se relacionó con un aumento promedio de 0,05 síntomas. También se detectó que quienes empezaron a fumar más tarde presentaron un inicio más tardío del primer episodio depresivo.
Dejar de fumar y salud mental
El análisis también mostró efectos positivos de la abstinencia del tabaco. Cuantos más años habían pasado desde dejar de fumar, mayor era el tiempo transcurrido desde el último episodio de depresión, lo que refuerza la importancia del abandono del cigarrillo para la salud mental.
El trabajo, liderado por el Instituto Central de Salud Mental de Mannheim, incluyó a más de 170.000 personas de entre 19 y 72 años y fue publicado en la revista BMC Public Health. La mitad de los participantes eran mujeres.
Los investigadores clasificaron a los voluntarios en tres grupos: no fumadores, exfumadores y fumadores actuales, y analizaron tanto el historial de tabaquismo como la cantidad diaria de cigarrillos. Los resultados mostraron que la depresión fue significativamente más frecuente en quienes fumaban o habían fumado en comparación con quienes nunca lo hicieron.
Estas diferencias fueron especialmente marcadas en el grupo etario de 40 a 59 años, lo que sugiere que los factores temporales y sociales influyen en la relación entre el tabaquismo y la salud psicológica.
Por último, los autores aclararon que el estudio se centró exclusivamente en el cigarrillo y no evaluó otros productos del tabaco como puros, pipas o cigarritos, por lo que futuras investigaciones podrían ampliar estos hallazgos.