Redacción El País
Puede estar avanzando sin dar ninguna señal de alerta y, aun así, afectar de forma directa a uno de los órganos más importantes del cuerpo. El hígado graso es una de las enfermedades silenciosas más frecuentes: se estima que afecta a cerca de una de cada tres personas. Su presencia suele pasar inadvertida, ya que no provoca síntomas en sus primeras etapas, pero si no se detecta a tiempo puede evolucionar hacia cuadros graves.
El hígado graso no da síntomas, advirtió el cardiólogo Jorge Tartaglione, quien remarcó la importancia de realizar controles médicos periódicos, incluso en personas que se sienten sanas. Esta afección está estrechamente vinculada con el sobrepeso, la mala alimentación, el sedentarismo y la diabetes, y puede progresar sin que el paciente lo note.
Según explicó Tartaglione, la enfermedad se produce por la acumulación de grasa dentro de las células del hígado, lo que genera inflamación y, con el tiempo, cicatrización. En las etapas iniciales, este proceso todavía puede revertirse. Sin embargo, cuando se llega a la cirrosis, el daño hepático se vuelve mucho más complejo de tratar.
Además, el especialista advirtió que el hígado graso funciona como una señal de alarma para la salud cardiovascular. Cuando no se controla, esta enfermedad puede derivar en complicaciones severas, entre ellas cirrosis, fibrosis y cáncer de hígado.
Uno de los factores que más peso tiene en el desarrollo del hígado graso es la alimentación. Tartaglione puso el foco especialmente en el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un ingrediente ampliamente utilizado en comidas y bebidas ultraprocesadas.
Cómo se detecta el hígado graso
El diagnóstico temprano es clave para evitar que la enfermedad avance hacia estadios más graves. Tartaglione indicó que existen dos estudios fundamentales para sospechar su presencia: la ecografía y el análisis de sangre.
A partir de esos resultados, es posible implementar cambios que impacten de manera positiva en la evolución del cuadro. Entre las medidas de cuidado más importantes se incluyen:
- Llevar una dieta saludable
- Realizar actividad física de manera regular
- Bajar de peso en caso de sobrepeso
- Evitar completamente el consumo de alcohol
La dieta mediterránea como aliada del hígado
Para quienes buscan prevenir o tratar el hígado graso, la dieta mediterránea es uno de los modelos alimentarios más recomendados por los especialistas. Este patrón se basa en una alta presencia de antioxidantes, fibra proveniente de frutas, verduras, legumbres y semillas, cereales integrales, ácidos grasos omega 3, y un bajo consumo de azúcares.
Dentro de sus principales recomendaciones se destacan:
- Usar aceite de oliva a diario, preferentemente en crudo
- Aumentar la frecuencia semanal de consumo de pescado
- Incorporar hasta cinco porciones diarias de frutas y verduras
- Sumar legumbres como lentejas, garbanzos y porotos
- Elegir lácteos descremados
- Agregar frutos secos por su aporte de grasas saludables
En base a La Nación/GDA
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