La fundación Cero Callejero, como lo dice su nombre, aboga por una sociedad en la que no pululen las mascotas más comunes de los uruguayos por las calles, abandonadas a su suerte. No son únicamente perros los que se abandonan o se escapan por descuido o negligencia, pero los canes constituyen la mayoría de los casos. Más allá de los aspectos éticos y morales que implica dejar a un ser sentiente librado a su suerte -a veces, luego de haberlo cobijado durante años- hay también otras consideraciones.
Un perro errante (o varios) puede ser una amenaza, para la integridad física: no es por querer replicar el bastante tonto debate sobre quién ganaría en una pelea entre un gorila y 100 hombres, pero un solo perro de aproximadamente 20 kilos puede causar serias lesiones a un hombre, por más forzudo y grande que este sea. Y ni que hablar sobre las consecuencias de un ataque canino a un menor de edad.
Además, también pueden transmitir o esparcir enfermedades. En definitiva, abandonar a perros no solo es un acto moralmente cuestionable. También puede ser perjudicial para la convivencia social.
Pablo Ligrone y Astrid Sánchez están al frente de dicha fundación desde hace varios años, y a lo largo de su trabajo en la organización, tienen experiencia y conocimiento sobre esta problemática. Tanto que tienen varias propuestas elaboradas para aportar soluciones.
De acuerdo a lo que explicaron, esto tiene que ser una política de estado, algo que se sostenga en el tiempo y que se aplique independientemente de qué fuerza política gobierne al país.
En gran parte porque no se trata de unos pocos casos aislados. No hay un estudio exhaustivo sobre la cantidad de animales callejeros en Uruguay, pero según Sánchez “basándonos en estudios internacionales se estima que el porcentaje de callejeros se calcula como un entre un 10% y un 30% de los animales que están en situación de hogar”. Si se tiene en cuenta que el censo de 2023 arrojó que había cerca de un millón y medio de perros en hogares uruguayos, entonces habría entre 150.000 y 450.000 perros sueltos.
En referencia a la política de estado mencionada, Ligrone y Sánchez comentaron que se hizo un avance en la administración pasada, cuando se legisló sobre este tema. Dicha ley se apoya en tres pilares clave: castración obligatoria, registro nacional de animales, y sistema nacional de albergues. Sin embargo, agregaron, la ley no se está aplicando de forma completa en este momento, lo cual amenaza al éxito de esa política de estado.
Pero como también expusieron, una solución a esta problemática no solo va a provenir del sistema político: hay un aspecto sociocultural a contemplar. Ligrone añade que “Esto requiere de un abordaje en múltiples frentes, no solo en el plano legislativo. La sociedad civil puede aportar a la solución, en primer lugar con un comportamiento responsable, que no cuesta nada. Eso implica, entre otras cosas, controlar al animal, que no esté abandonado durante horas y horas. Que se lo castre. Que por ejemplo tenga una identificación con un contacto, en caso de que se pierda para que pueda retornar a su hogar. Y, obviamente, que no se lo maltrate”, concluyó.