¿Por qué algunas personas logran una importante pérdida de peso con medicamentos que actúan sobre las hormonas del apetito y otras obtienen resultados mucho más modestos? Una investigación realizada por Mayo Clinic y publicada en la revista científica Gastroenterology aporta una posible explicación: la obesidad no tendría un único mecanismo biológico, sino diferentes subtipos que responden de manera distinta a los tratamientos.
El trabajo identificó tres tipos biológicos de obesidad y encontró que uno de ellos presenta una respuesta significativamente superior a la tirzepatida, un fármaco que actúa imitando dos hormonas naturales involucradas en el control del apetito y de la glucosa en sangre.
Los investigadores consideran que estos hallazgos representan un paso hacia tratamientos cada vez más personalizados.
El subtipo de "intestino hambriento
"El estudio identificó un grupo de personas con menores niveles de las hormonas que intervienen en la sensación de saciedad. Además, estos pacientes presentan un vaciamiento gástrico más rápido y vuelven a sentir hambre poco tiempo después de comer.
Este subtipo fue denominado por los investigadores como el fenotipo del "intestino hambriento". Se caracteriza porque, aunque las personas consumen porciones normales de alimentos, la sensación de saciedad dura menos tiempo, lo que favorece el picoteo entre comidas.
En este grupo, la respuesta a la tirzepatida fue especialmente marcada. Después de seis meses de tratamiento, los participantes perdieron, en promedio, el 21,5% de su peso corporal, mientras que quienes pertenecían a los otros dos subtipos de obesidad redujeron su peso en un promedio del 11,7%.
En términos prácticos, quienes presentaban este perfil biológico lograron casi duplicar la pérdida de peso observada en el resto de los participantes.
Tres mecanismos biológicos diferentes
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron a 483 adultos con obesidad.
El estudio permitió distinguir tres tipos biológicos diferentes de la enfermedad, reforzando la idea de que la obesidad no responde a un único mecanismo.
Aproximadamente uno de cada cuatro participantes presentaba niveles reducidos de GLP-1 y de otras hormonas relacionadas con la saciedad.
Los investigadores observaron que esa diferencia no estaba vinculada al microbioma intestinal, sino a una menor producción de hormonas en el intestino, un dato que ayuda a comprender mejor por qué algunas personas experimentan hambre con mayor frecuencia.
Hacia una medicina de precisión
Para Andres Acosta, autor principal del estudio e investigador de Mayo Clinic, la obesidad es una enfermedad compleja impulsada por distintos mecanismos biológicos.
Según el especialista, los resultados sugieren que en el futuro podría ser posible identificar qué pacientes tienen mayores probabilidades de responder a un determinado tratamiento, en lugar de aplicar la misma estrategia terapéutica a todas las personas.
Ese enfoque permitiría avanzar hacia una medicina de precisión, adaptando el tratamiento a las características biológicas de cada paciente.
Un hallazgo prometedor, pero que aún no cambia la práctica clínica
Los autores aclaran que los resultados todavía no son suficientes para modificar la práctica médica habitual.
Antes de que este enfoque pueda incorporarse a la atención clínica serán necesarios nuevos estudios prospectivos que confirmen los hallazgos y permitan definir cómo identificar estos subtipos de obesidad en la consulta médica.
Mientras tanto, la investigación aporta nuevas evidencias sobre la complejidad de esta enfermedad y ayuda a explicar por qué medicamentos dirigidos a las hormonas del apetito pueden producir respuestas muy diferentes entre pacientes.
Además, los investigadores recuerdan que la obesidad aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas, por lo que disponer de tratamientos cada vez más personalizados podría mejorar los resultados de salud a largo plazo.
En base a El Tiempo/GDA