No es un quistecito, ni un bulto, ni un bicho: es cáncer. El uso de estos eufemismos es muy común debido al estigma, el miedo a la muerte y la superstición de que pronunciar el nombre “llama” a la enfermedad. Sin embargo, hablar de cáncer sin tabúes permite, justamente, reducir la incertidumbre y aumentar el bienestar. De eso se trata la nueva obra Hablame de cáncer, un monólogo escrito por Diego Soto Díaz durante el proceso de su enfermedad.
Diego —director y realizador de televisión y teatro— falleció el 26 de octubre de 2025. En medio del duelo, familiares y amigos decidieron trabajar juntos para cumplir lo que él había soñado: estrenar la obra a la que había dedicado sus últimos meses, donde combinó testimonio, humor y recursos audiovisuales para hablar de una enfermedad que parece innombrable.
“Es una historia que está sucediendo”, sostuvo Cecilia Fuentes, productora general de la obra y ex pareja de Diego. La conjugación verbal es intencional: “Estamos transitando el duelo al mismo tiempo que completamos este proyecto”.
El director, Gustavo Bouzas, era amigo de Diego; compartían su pasión por el teatro y en el último tiempo se acercaron mucho porque al hermano de Gustavo también le habían diagnosticado cáncer. Para él, “es recontra sano transformar la energía del duelo en un producto artístico que, además, ayudará a otra gente”. “Hace 30 años que hago teatro y nunca tuve este sentimiento. Ando con esa mezcla de placer y dolor”, expresó.
Alivianar el camino
Si el cáncer cansa, hablar ablanda. “Ponerlo en palabras lo hace más liviano y le saca una carga; cambia la forma en la que uno atraviesa la enfermedad”, afirmó Cecilia. Gustavo estuvo de acuerdo: “Nadie habla, nadie explica, y la falta de conocimiento provoca un miedo que paraliza. Si la gente tuviera un poco de información antes de atravesar una situación como esta, el camino sería más liviano”.
Lo cierto es que, si bien cada caso es particular y la supervivencia depende del tipo de cáncer y la etapa en la que se encuentre, los avances en inmunoterapia y terapias dirigidas —combinados con detección temprana— han reducido significativamente la letalidad de varios tipos de cáncer, transformando diagnósticos que antes se consideraban terminales en enfermedades tratables o crónicas.
En la obra se comparte información de forma clara, directa y, al mismo tiempo, sencilla. “Se habla, por ejemplo, de quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia, pero traducido al lenguaje popular”, explicó Cecilia. Y no hay golpe bajo, afirmó el director: “Obviamente hay emoción, pero no se trata de meter el dedo en la llaga. No lastima; al revés, es una obra amorosa, que reconforta”.
Diego escribió el monólogo de forma extremadamente cuidadosa. No solo llegó a hacer 45 versiones, sino que, además, se la presentó al doctor Gabriel Krygier, profesor titular y director del Servicio de Oncología Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar) en el Hospital de Clínicas de Montevideo. “Gabriel le hizo aportes valiosos y también le dijo que lo que había escrito era excelente, que debía verlo todo el mundo”, contó Cecilia.
El equipo se completa con el actor Federico Torrado, el director audiovisual Nicolás Soto Díaz, la productora ejecutiva Daniela Pauletti, la diseñadora gráfica Yael Viana Hundewadt y el escenógrafo Matías Vizcaíno. Estrenarán la obra el viernes 14 de agosto a las 20 horas en el Piso 19 del Hospital de Clínicas y parte de lo recaudado será destinado a la Fundación Manuel Quintela. Habrá más funciones los viernes, sábados y domingos hasta el 30 de agosto.
El proyecto fue seleccionado por los Fondos de Incentivo Cultural del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y cuenta con el apoyo de la Unidad Académica de Oncología Clínica de la Universidad de la República. Las entradas están disponibles en Red Tickets y hay 2x1 con Club El País.
Una nueva forma de ver la vida
La obra Hablame de cáncer es solo una parte del legado de Diego Soto Díaz. Para Cecilia Fuentes, el mayor aprendizaje que le dejó es que “la vida es ahora”: “Cuando me apabullaba por cosas de la rutina, él me decía: No es importante. Me enseñó a ajustarme a lo realmente verdadero e importante de la vida y enfrentar así la cotidianidad”.
En la misma línea, Gustavo Bouzas expresó que gracias a Diego aprendió a “reorganizar la mente y el alma”. “No se trata de la muerte, sino de la vida. Me llenó el alma esta obra y le estoy muy agradecido”, finalizó.