Antes de poner una vivienda en venta, muchas personas piensan en pintar las paredes, mejorar la iluminación o renovar algún ambiente. Sin embargo, hay una preparación que no necesariamente requiere gastar dinero y que puede cambiar por completo la percepción de una propiedad: reducir la cantidad de objetos que hay en ella.
En ese punto entra el döstädning, una práctica de origen sueco que propone revisar las pertenencias, conservar aquello que realmente se necesita o tiene un significado especial y desprenderse del resto. Aunque nació como una forma de ordenar la vida cotidiana y evitar que otras personas tengan que hacerse cargo de las pertenencias acumuladas, el método también comenzó a aplicarse antes de una mudanza o de la venta de una vivienda.
La lógica es sencilla: menos objetos pueden hacer que una casa se vea más amplia, ordenada y fácil de imaginar como propia. El término sueco puede traducirse literalmente como “limpieza de la muerte”, una denominación que puede resultar llamativa pero que no significa que la práctica esté reservada para los últimos años de vida.
La propuesta consiste en revisar aquello que se acumuló durante años y hacerse algunas preguntas: ¿lo uso?, ¿lo necesito?, ¿tiene un valor emocional concreto?, ¿lo llevaría conmigo a una nueva casa? Si la respuesta es negativa, el objeto puede encontrar otro destino: donarse, reciclarse o descartarse. Más que ordenar los objetos para esconderlos en armarios, se trata de reducir de manera consciente las pertenencias.
Cuando una propiedad está llena de objetos personales, fotografías, adornos o muebles en exceso, al potencial comprador puede resultarle más difícil imaginar cómo sería vivir allí. Retirar parte de esas pertenencias permite mostrar con mayor claridad las dimensiones y características de cada ambiente. También puede generar una sensación de mayor amplitud, luminosidad y orden.
No es necesario vaciar toda la casa en un fin de semana. El método puede aplicarse progresivamente, recorriendo cada habitación y tomando decisiones sobre los objetos que contiene. Una estrategia posible es separar las pertenencias en tres grupos: conservar, donar o descartar. Los objetos que se mantienen pueden, además, clasificarse y guardarse en cajas etiquetadas, algo que permite adelantar parte del trabajo de una futura mudanza.
¿Es lo mismo que hacer home staging? Aunque ambos métodos pueden utilizarse antes de vender una propiedad, no persiguen exactamente el mismo objetivo. El home staging busca mejorar la presentación visual de una vivienda para hacerla más atractiva a los potenciales compradores. Puede incluir cambios en la decoración, distribución de los muebles, iluminación y otros recursos.
El döstädning, en cambio, se concentra principalmente en reducir las pertenencias y conservar aquello que tiene una función o un significado real. Por eso, ambos pueden complementarse: primero se depura la vivienda y luego se trabaja sobre su presentación comercial.
Más allá del mercado inmobiliario, el döstädning plantea una reflexión sobre la relación que las personas mantienen con sus objetos. Acumular pertenencias durante años es habitual, pero no todo lo que permanece en una casa necesariamente necesita acompañarnos a la siguiente etapa. Aplicar este criterio antes de una mudanza permite reducir aquello que habrá que transportar, facilita la organización y puede evitar que la tarea se vuelva más pesada de lo necesario.
Así, una práctica que nació como una manera de asumir responsabilidad sobre las propias pertenencias encontró una nueva aplicación: ayudar a ordenar, simplificar y preparar una vivienda antes de pasar a la siguiente etapa.
Con base en El Tiempo/GDA