Hay quienes tienen una planta en un rincón de la casa y quienes convierten cada espacio disponible en un pequeño jardín. Más allá de la cuestión estética, esta afición puede estar relacionada con la manera en que algunas personas buscan construir ambientes que les resulten agradables y tranquilos. La psicología ha estudiado el vínculo entre las personas y la naturaleza y señala que determinadas actividades relacionadas con el cuidado de plantas pueden favorecer el bienestar emocional.
El interés por rodearse de vegetación puede vincularse con la biofilia, concepto utilizado para describir la tendencia humana a buscar conexión con la naturaleza y otras formas de vida. En este sentido, tener plantas en casa no necesariamente responde únicamente a una cuestión decorativa. Para algunas personas, incorporar elementos naturales a sus espacios puede ser una manera de crear un entorno que transmita calma y resulte más confortable.
Instituciones como el Centro de Psicología y Salud Mental ADIPA señalan que las actividades relacionadas con el cuidado de especies vegetales pueden contribuir a generar serenidad y disminuir la tensión. La jardinería, incluso cuando se limita a unas pocas macetas en un balcón o patio, puede convertirse así en una actividad cotidiana con efectos positivos sobre el estado de ánimo.
Regar una planta, retirar hojas secas, cambiarla de lugar para que reciba más luz o simplemente observar su crecimiento son acciones sencillas, pero requieren atención y cierta constancia. Ese ritual puede funcionar como una pausa dentro de jornadas atravesadas por obligaciones y estímulos permanentes. Dedicar unos minutos al cuidado de otro ser vivo obliga a detenerse y concentrarse en una actividad concreta, lo que puede ayudar a tomar distancia de las preocupaciones del momento.
Mantener una casa llena de plantas también implica asumir pequeñas responsabilidades. No todas necesitan la misma cantidad de agua, luz o espacio, por lo que aprender a reconocer sus necesidades requiere observación y paciencia. Por eso, los especialistas relacionan estas prácticas con cualidades como la capacidad de cuidado, el compromiso y la empatía. También pueden favorecer la creación de hábitos y de rutinas que aporten cierta estructura al día.
Esto no significa que todas las personas que tienen muchas plantas estén buscando reducir su estrés o que exista un significado psicológico único detrás de esta afición. El interés por la jardinería puede responder simplemente al gusto personal, a una conexión previa con la naturaleza o al placer de transformar los espacios.
Sin embargo, para quienes encuentran bienestar en estas actividades, cuidar una planta puede convertirse en algo más que una tarea doméstica: una forma sencilla de incorporar momentos de calma, atención y contacto con la naturaleza en medio de la rutina cotidiana.
Con base en La Nación/GDA