El error de reducir la salud sexual a prevenir enfermedades: por qué el goce y el deseo importan a cualquier edad

En este Día Mundial de la Salud Sexual, hablamos de por qué el placer y el autoconocimiento también son prevención, y cómo reencontrarse con el propio cuerpo.

Mujer se mira en el reflejo
Mujer se mira en el reflejo.
Foto: Magnific.

Cada 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una fecha que nos invita a ampliar la mirada sobre algo que todavía está reducido principalmente a la prevención. Si bien es fundamental hablar para prevenir infecciones de transmisión sexual, embarazos no planificados y situaciones de violencia, también es importante que conversemos sobre bienestar, vínculos, consentimiento, deseo, conocimiento del propio cuerpo y placer.

Este año, el lema internacional es “Every Body: cada persona, cada cuerpo”. Resulta especialmente interesante porque nos obliga a mirar algo que muchas veces olvidamos: no existe un solo cuerpo válido para vivir la sexualidad. Nuestra sexualidad nos acompaña durante toda la vida y se transforma con nosotros. No tenemos el mismo cuerpo ni el mismo deseo a los 20, a los 40 o a los 60 años, y eso no significa que algo esté mal. Hay cuerpos que atraviesan embarazos, puerperios, menopausias, enfermedades, tratamientos, cirugías o discapacidades, y todos tienen derecho a vivir su sexualidad con información, autonomía y bienestar.

Hace un tiempo, una mujer de alrededor de 50 años entró a mi boutique buscando un juguete sexual. Mientras conversábamos sobre qué quería explorar, me contó que nunca había tenido un orgasmo. Había tenido parejas, relaciones sexuales, atravesado diferentes etapas de su vida, pero recién ahora se preguntó por primera vez qué le gusta. Y aunque pueda parecer una situación excepcional, quienes trabajamos en sexualidad sabemos que estas historias son mucho más frecuentes de lo que imaginamos.

Conozco historias de mujeres que saben cómo satisfacer a su pareja sin conocer lo que a ellas les provoca placer. Hay adultas que todavía sienten vergüenza al preguntar sobre su propio cuerpo, como así también hay parejas de muchos años que nunca conversaron sobre lo que desean. También conozco hombres que viven su sexualidad bajo una enorme exigencia de rendimiento, preocupados por cuánto deben durar, cómo tienen que responder o qué se espera de ellos. Estas creencias y mandatos atraviesan nuestra salud sexual.

Por eso, creo que necesitamos dejar atrás la idea de que hablar de placer es superficial. El placer no reemplaza a la prevención: forma parte de la mirada integral de la sexualidad. Poder conocer nuestro cuerpo, explorar a solas, incorporar un juguete, comunicar una fantasía, decir que algo no nos gusta o buscar acompañamiento profesional cuando aparece una dificultad son herramientas que nos permiten relacionarnos de una manera más consciente con nuestra sexualidad.

Pareja
Pareja mirándose a los ojos.
Foto: Freepik.

Un juguete sexual tampoco viene a reemplazar a una pareja ni es una solución mágica. Puede ser simplemente una herramienta más de autoconocimiento. En aquella mujer de 50 años, por ejemplo, lo que más llamó mi atención no fue la decisión final sobre el producto elegido, sino que con él conseguiría su primer orgasmo. ¿Cuántas personas llegan a la adultez sabiendo muchísimo sobre cómo cuidarse y evitar las consecuencias del sexo, pero muy poco sobre su propio placer?

El desafío está en continuar hablando de anticoncepción, infecciones y prevención, y al mismo tiempo enseñar consentimiento, comunicación, diversidad corporal, deseo, placer y autonomía. Porque una persona puede no tener ninguna enfermedad sexual diagnosticada y, sin embargo, vivir su sexualidad desde el miedo, la vergüenza, el dolor, la obligación o la desconexión de su propio cuerpo.

Este 4 de septiembre podemos preguntarnos cuánto conocemos de nuestro deseo y cuánto de lo que hacemos responde verdaderamente a ello. Hablar de salud sexual también implica habilitar conversaciones que durante mucho tiempo quedaron afuera: poder decir qué nos gusta, qué cambió con los años, qué ya no queremos, qué nos genera curiosidad o cuándo necesitamos pedir ayuda.

Después de tantos años trabajando en sexualidad, sigo creyendo que una de las herramientas más importantes que podemos ofrecer es la información sin prejuicios. Que nos permita tomar mejores decisiones, conocernos y entender que no tenemos que saber todo desde el comienzo; también podemos aprender, explorar y transformarla a lo largo de nuestra vida. La salud sexual aparece cuando podemos elegir sin condicionamientos externos, reconociendo que todos tenemos derecho al goce.

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