El consumo desmedido de azúcares se ha consolidado como uno de los factores centrales en la alteración de los mecanismos celulares vinculados con el paso de los años. Así lo fundamentó el endocrinólogo pediátrico y neuroendocrinólogo Robert Lustig durante una reciente intervención pública, donde argumentó que una alimentación con alta presencia de este componente acelera sensiblemente el envejecimiento biológico.
El investigador sostuvo de manera contundente que el azúcar funciona como el nutriente por excelencia del deterioro biológico. En ese marco, planteó que recortar de forma drástica su ingesta representa la estrategia más efectiva para preservar la salud orgánica en múltiples niveles y prevenir el desgaste prematuro.
Los ocho mecanismos del deterioro celular
Durante su exposición, el especialista detalló un conjunto de ocho alteraciones subcelulares que ocurren de forma constante en el organismo y que inciden directamente en el declive físico. Entre estos procesos citó la resistencia a la insulina, la inflamación, los fallos en la autofagia, los problemas de metilación y las distorsiones en la integridad de las membranas de las células.
Dentro de esos factores, Lustig profundizó en el fenómeno de la glicación, definiéndolo como la reacción química en la que los azúcares se adhieren a las proteínas sin mediación enzimática. Esta interacción modifica la estructura original de dichas moléculas, restándoles flexibilidad y favoreciendo un progresivo deterioro en los tejidos corporales.
Asimismo, el experto se refirió al estrés oxidativo, un desequilibrio que sobreviene cuando la generación de sustancias reactivas supera la capacidad propia del cuerpo para neutralizarlas. Esta descompensación termina afectando componentes celulares clave y mermando su rendimiento normal con el paso del tiempo.
El impacto de la fructosa en el hígado y la energía
En lo que respecta a la producción de energía celular, el médico dirigió su atención hacia las mitocondrias, calificando a la fructosa como el peor elemento nocivo para su correcto desempeño. Explicó que el hígado asume el procesamiento central de este compuesto y que, ante ingestas elevadas —en particular mediante jugos y productos industrializados—, se estimulan distorsiones metabólicas y la acumulación de materia grasa en la glándula hepática.
El abordaje del especialista rebate la premisa clásica de que todas las calorías generan el mismo impacto metabólico. Desde su perspectiva, más allá del volumen de energía que aporte un comestible, resulta determinante evaluar su composición química y la vía biológica mediante la cual el organismo procesa sus nutrientes.
Estas consideraciones se alinean con las directrices de la Organización Mundial de la Salud, entidad que sugiere restringir los azúcares libres a menos del diez por ciento del total de energía consumida por día. El organismo sanitario acota que reducir ese margen a un cinco por ciento otorga ventajas adicionales, abarcando tanto los endulzantes añadidos en la fabricación de alimentos como los presentes de forma natural en jarabes, mieles y jugos de fruta.
En base a La Nación/GDA