El ecoparque escondido en el tercer cerro más alto de Uruguay que podés recorrer a pie

Una reserva de 115 hectáreas de flora y fauna nativa invita a aventureros y senderistas a desafiar la neblina, caminar entre cascadas y alcanzar una cima llena de mística precolonial.

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Foto: Instagram Ecoparque Tupambaé.

Es de mañana temprano cuando los integrantes del grupo de Whatsapp “Trekking” —gestionado por la organizadora de este paseo en particular Giselle Gurascier— llegamos al pie del cerro Tupambaé, el tercero en altura en Uruguay, con 469 (o 470, dependiendo del método de medición) metros sobre el nivel del mar (el Cerro de las Ánimas, con 501 y el Catedral con 513 metros completan el Top 3 de cerros más altos del país).

La neblina dificulta la vista y hace algo de frío pero todos sabemos que la sensación térmica aumentará considerablemente cuando empecemos a caminar hacia arriba, guiados en primera instancia por Cynthia Casas, esposa de Mario Henon. Entre ambos gestionan todo lo operativo de este recorrido.

Efectivamente, a los pocos minutos de comenzar el empinado camino hacia la cima vuelan bufandas y gorros, y los cierres que mantienen unidas a las camperas empiezan a abrirse. Los comentarios jocosos que se hacían en la base del cerro tienen ahora otro tono, un poco más esforzado, y salen entre resoplidos.

Cada tanto Casas y Henon hacen una parada para contar algo sobre el ecoparque, que es una reserva natural de 115 hectáreas que ellos —y un socio— aspiran a mantener como un reservorio de flora y fauna nativa exclusivamente.

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La misión es escalar.
Foto: Gentileza.
Un espacio para preservar

"La gente entendió el mensaje y nos acompaña"

Aunque Ecoparque Tupambaé es un emprendimiento privado que cobra entrada (en este momento, $600), el objetivo principal y excluyente de Henon y su socio Keoma Carreño no es el lucro.

“Cuando empezamos a buscar lugares, lo que queríamos era tener un área lo más prístina posible para tener flora y fauna nativa. Después fue evolucionando, pero la intención inicial siempre fue esa: un lugar para cuidar y preservar”, comenta Henon.

Hace cinco años que él y su esposa forman parte de un equipo que gestiona el parque, y Henon sostiene que ahora que ya hace un tiempo que están en esto, el público que acude a recorrerlo comprendió el mensaje: “La gente respesta el lugar, tanto los que vienen a pasear como los senderistas que vienen a entrenar. Todos entienden que no deben dejar residuos, y que queremos conservar, y en lo posible ampliar, todo lo que sea nativo. En ese sentido, nos acompañan”.

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Foto: Gentileza.

Entre otras cosas, relatan parte de sus experiencias personales cuando llegaron al lugar y tuvieron que abrirse paso a machetazo limpio entre matorrales para poder hacerse caminos, crear manantiales y tareas “civilizatorias” similares.

La primera parada es cerca de una casa de piedra construida por los propietarios, con un mirador al lado. Varios suben al mirador, pero la neblina todavía cuelga espesa en el aire. A partir de ese punto, el grupo —algo más de 70 personas— se dividirá. Los más aventureros enfilarán hacia la cascada.

Los más cautos seguirán por un trayecto menos exigente y todos confluirán para almuerzo y nuevo descanso en un espacio acondicionado para ello, con mesas, bancos, baños, fogatas, comedor techado, estufa a leña, miradores y refugios (que incluso tienen camas para sestear un ratito si alguno lo quisiera).

Mientras todos sacan sus tuppers para almorzar, los anfitriones preparan té de carqueja y arrayán para convidarle al grupo, además de también ofrecer una degustación de queso y miel, todo casero y hecho por emprendimientos locales (no ofrecen siempre lo mismo en los paseos).

También ponen a la venta frascos de miel y cervezas artesanales, alguna incluso sin alcohol y con la ilustración de Rafa, el perro del matrimonio que siempre acompaña a los grupos, tanto en subida como en bajada (antes de comenzar la travesía, los anfitriones explican entre otras cosas que por el momento las mascotas no están permitidas). La pausa servirá para, además de alimentarse, juntar fuerzas para el último tramo, el más exigente y desafiante, que nos llevará hasta la cima del Tupambaé.

En fila india vamos subiendo y cada tanto paramos, ya sea para recuperar el aliento o para dejar pasar a alguno de los varios senderistas que eligieron al parque para entrenar o prepararse para alguna competencia: los caminos empedrados y empinados del cerro son una de las alternativas que tienen los practicantes de este deporte en Uruguay.

Cuando ya faltaba poco para llegar al pico del Tupambaé, la neblina que impedía apreciar el paisaje se había diluido y la vista no tenía obstáculos para extenderse hacia los horizontes. Mientras las cámaras de los teléfonos disparan fotos y graban videos, los que van más adelante empiezan a divisar la cima y apurar el paso para llegar: en esos últimos metros se despliegan las máximas expectativas, y también la mayor alegría.

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Foto: Fabián Muro.

Lo que parecía muy distante —y cargado de dificultades— allá abajo está ahora al alcance dando unos pocos pasos más, y el sudor acumulado durante el ascenso deja de incomodar. La sensación es de placer y, también, de renovados bríos. Si fue posible llegar hasta acá, va a ser posible también encarar los dos cerros que superan al Tupambaé. El punto más alto de este cerro es una gran superficie achatada, llena de pequeñas rocas y según nos cuenta Henon, un lugar con una significativa carga energética.

Además, el lugar está envuelto en cierto misterio místico que data incluso de la época precolonial, cuando eran los pueblos originarios los que habitaban estos lares. Todo eso es debidamente expuesto por Henon en una charla abierta en la cima del Tupambaé para quien quiera escuchar. Quienes no cultivan esas creencias van de acá para allá para apreciar la vista hacia todos los puntos cardinales, registrar lo que están viendo y viviendo y, tal vez, ya estén pensando en la próxima escalada.

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Última foto en la cima, antes de descender.
Foto: Gentileza.

Gurascier reúne a todos antes del descenso, da las últimas indicaciones junto a Casas y exhorta a todos a estar a atentos a la nota que saldrá en El País.

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