El Alzheimer es, por lejos, la demencia más frecuente que vemos en la práctica clínica, representa un 75% o más. Entonces, cuando hablamos de demencia en general estamos hablando de Alzheimer”, explicó el neurólogo cognitivo de Clínica Mayo, Bryan Woodruff, sobre una patología que afecta principalmente a los mayores de 65 años. “Es infrecuente verlo en individuos jóvenes, pero no imposible”, apuntó intentando tranquilizar a aquellas personas que andan en los 20 o 30 años y que comienzan a preocuparse cuando presentan síntomas que suelen asociarse con esta enfermedad.
Cambios en la capacidad de pensar, pérdida de memoria o dificultades para encontrar las palabras son señales de alerta que acercan a los pacientes al consultorio.
“Lo que hay que hacer es una evaluación clínica”, detalló Woodruff en un encuentro con periodistas latinoamericanos del que participó El País.
Lo primero que hace el neurólogo es una anamnesis de los síntomas, es decir, le consulta al paciente sobre el tiempo que lleva sintiéndose así y qué es lo que experimenta.
Luego procede a un examen neurológico en el que evalúa la capacidad para pensar con una batería de preguntas que insumen unos cinco minutos y que van desde estudiar su orientación temporoespacial (preguntarle por el día, la fecha, el lugar dónde está), hasta decirle cosas y ver si las recuerda al finalizar el examen. A eso le suma un examen físico para descartar que existan otras comorbilidades que puedan ser las responsables de los síntomas que el paciente manifiesta.
“Después de esa evaluación, pedimos exámenes diagnósticos y hacemos pruebas de laboratorio. Muchas veces solicitamos una tomografía cerebral y podemos derivar al paciente para pruebas neuropsicológicas más detallas para ver su capacidad de pensar”, señaló Woodruff.
En este último caso se están instrumentando pruebas de sangre cada vez más especializadas, con biomarcadores que determinan si efectivamente es una enfermedad de Alzheimer subyacente la que está causando los problemas. “Este es uno de los grandes avances en nuestro terreno, nos permiten hacer un diagnóstico exacto en vida de la persona”, destacó el neurólogo.
Woodruff hacía referencia a que antes, si se sospechaba que una persona había padecido Alzheimer, una vez que fallecía no había forma de asegurarlo a no ser que se le practicara una autopsia y se buscara la anatomía patológica típica de la enfermedad.
Volviendo a los pasos en el consultorio, Woodruff manifestó que “todo esto que hacemos es para tratar de entender mejor cuál es la naturaleza de los problemas que tiene el paciente y así conseguir un diagnóstico exacto, porque el diagnóstico temprano es importante para definir el tratamiento”.
Detectado
“Una vez que se confirma el diagnóstico, una charla frecuente que tengo con el paciente y sus familiares es para tratar de ayudarlos a entender qué les depara el futuro”, explicó Woodruff.
Lo primero a tener presente es que todas las formas de demencia son progresivas.
“Les aconsejamos sobre qué esperar y qué expectativas tener, y les contamos que los problemas cognitivos van a ir empeorando con el paso de los años. Les decimos que eso va a exigir una supervisión cada vez mayor del individuo por parte de su familia o de sus cuidadores para garantizar que sus necesidades están siendo cubiertas”, señaló.
Hasta el momento no hay cura para la enfermedad de Alzheimer, pero se está avanzando en la investigación para encontrar, por ejemplo, medicamentos. Por lo pronto se sabe que hay algunos que pueden enlentecer la progresión de la patología.
“Hay medicamentos que pueden dar una mejora modesta de lo cognitivo, de los problemas de memoria y de su manera de pensar”, apuntó sobre lo que aún es muy incipiente.
Prevención
“Hay estudios epidemiológicos que han investigado diferentes factores relacionados con la salud que pueden empeorar el riesgo de demencia. Yo trato de resumirlo diciendo: ‘haga todo aquello que le dice su médico general’”, sentencia Woodruff.
¿Qué significa eso? Tan sencillo, o complicado, como cuidar de la propia salud. “Lo que es bueno para la salud general, es bueno para el cerebro”, sintetiza el especialista.
A la hora de explayarse, va por las recomendaciones que todos los médicos realizan y que son tan básicas como importantes.
“Si tiene hipertensión, trátela. Si tiene hipercolesterolemia, ajuste la dieta. Haga ejercicio en forma regular. Trate todas las otras afecciones que tenga, intente dejar de fumar y modere la ingesta de alcohol. Todo eso va a proteger la salud de su cerebro idealmente por décadas”, afirmó. “Hasta un 45% de los casos de demencia mejoran o se demora su inicio si se cuidan esas cosas, pero es provocativo porque es difícil hacer un estudio de control para poder confirmarlo”, aclaró.
En el caso específico de las demencias, aparecen otras recomendaciones destinadas a hacer que las neuronas trabajen.
“Hay que hacer cosas para mantener la mente activa a lo largo de la vida. Sobre todo a los jubilados les pedimos que adopten hobbies, que desarrollen actividades que les permitan mantener el cerebro activo”, insistió el especialista.
Añadió que el nivel educativo puede ser un dato importante porque la gente que tiene más años de estudios, parece tener una cierta resiliencia, una protección que los ayuda a reducir los problemas de trastornos cognitivos.
También alertó sobre vivir en lugares donde el aire está contaminado y recomendó tratar aquellas afecciones que interfieren en cómo ingresa la información a nuestro sistema, como son la visión o la audición. “Por ejemplo, si empieza a tener problemas auditivos, se cree que si no se compensa puede aumentar el riesgo de demencia”, comentó.
Consultado sobre si la herencia incide para que una persona termine enfermando de Alzheimer, explicó que lo difícil es interpretar cuáles son los factores genéticos que influyen en el riesgo de contraer esta enfermedad. “Los efectos genéticos son diferentes según la población estudiada”, apuntó e hizo referencia al gen APOE4, que es objeto de estudio por su incidencia en el caso de las demencias.
Dejó en claro que “simplemente porque un individuo tenga antecedentes familiares de Alzheimer no garantiza que vaya a tener también esta patología. Entonces lo tranquilizamos porque aún pese a sus antecedentes familiares y tal vez incluso sabiendo que es portador del gen APOE4, eso no asegura que va a tener la enfermedad.
Qué hacer
Woodruff reconoció que ha habido un aumento del número de casos de demencia.
“Son cada vez más frecuentes al envejecer más la población de todo el mundo”, apuntó, pero también lo relacionó a que quizás años atrás no se lo definía como Alzheimer, sino que era algo que se atribuía al envejecimiento o a la ateroesclerosis, y por ende se diagnosticaba menos. “Ahora pensamos que podían haber sido casos de Alzheimer”, acotó.
El neurólogo lamentó que todavía no haya tantos especialistas dedicados a esta patología.
“Nos estamos concentrando en mejorar el acceso a la atención para los individuos que están teniendo problemas cognitivos, y en desmitificar la evaluación clínica y el tratamiento para estas afecciones. Queremos que los médicos de atención primaria, los médicos generales, los médicos de familia, los internistas puedan involucrarse tanto en la evaluación como en el cuidado de estos pacientes”, indicó.
Woodruff es optimista, destacó que vivimos en una época “muy entusiasmante en este terreno”.
“Gracias al trabajo de los que hacen ciencias básicas, a los investigadores a nivel mundial, estamos comprendiendo mejor el paisaje, no solamente de la enfermedad de Alzheimer, sino de otras formas de demencia”, aseguró.
Reiteró que “ahora hay tratamientos selectivos que se dirigen específicamente a la biología del cerebro y estos nuevos procedimientos son un primer paso para tratar efectivamente las demencias. Creo que estamos ingresando en un área donde podemos hacer más para ayudar a los pacientes y sus familias”.
Investigador y especialista
El Dr. Bryan Woodruff ejerce la práctica clínica con especial énfasis en la memoria y otros trastornos cognitivos.
Su trabajo en la Clínica Mayo le brinda la oportunidad de atender a una población diversa de pacientes con trastornos cognitivos, desde afecciones comunes como la enfermedad de Alzheimer hasta enfermedades raras como la enfermedad priónica.
Es investigador principal en múltiples ensayos clínicos sobre el Alzheimer.