No es solo ruido: es el sonido de una salud que se quiebra y de una relación que se desgasta. El “divorcio nocturno” —la decisión de dormir en habitaciones separadas— es una realidad creciente donde el ronquido y la apnea actúan como saboteadores implacables de la convivencia.
Pocas cosas erosionan tanto el afecto como el cansancio crónico. En la consulta aparecen con frecuencia parejas agotadas, con una irritación acumulada que ya no se oculta y una frase que se repite como un lamento: “No soporto más que ronque”. Lo que empieza como una anécdota termina siendo un muro.
Qué es la apnea del sueño y cómo puede ayudar el odontólogo
La apnea del sueño no es un simple inconveniente sonoro. Es una enfermedad respiratoria con consecuencias médicas que no admiten subestimación. El diagnóstico es siempre médico y se realiza mediante polisomnografía.
La falta de oxígeno nocturno mina el organismo: aumenta el riesgo cardiovascular, dispara la hipertensión y nubla el rendimiento diurno. No lo dice sólo el cansancio de quien lo sufre; lo certifican décadas de evidencia en publicaciones como The Lancet o The New England Journal of Medicine.
Durante años, el tratamiento de referencia ha sido el CPAP, ese dispositivo de presión positiva que mantiene abiertas las vías respiratorias. Es, sin duda, una tecnología que salva vidas. Sin embargo, para muchos, se convierte en una “máscara de hierro” difícil de conciliar con la intimidad.
La literatura científica es clara: una proporción relevante de pacientes abandona el tratamiento por claustrofobia, sequedad o, simplemente, porque la máquina interfiere en su estilo de vida. Es aquí donde el abordaje médico debe abrirse a nuevas soluciones.
De esta manera, entra en juego un actor fundamental, pero a menudo desconocido: el odontólogo especializado en medicina del sueño. No hablamos de una práctica dental convencional, sino de profesionales capacitados para evaluar la arquitectura craneofacial, la posición de la lengua y el espacio faríngeo en coordinación directa con el neumólogo.
Ingeniería dental al servicio del aire
En pacientes bien seleccionados, la ciencia ofrece una alternativa discreta y eficaz: los dispositivos de adelantamiento mandibular (DAM). Son aparatos intraorales hechos a medida que se utilizan exclusivamente durante el sueño. Su función es tan sencilla como brillante: adelantar ligeramente la mandíbula para liberar el paso del aire en la faringe.
Reconocidos por la American Academy of Sleep Medicine como un tratamiento válido para apneas leves o moderadas y para quienes no toleran el CPAP, estos dispositivos no son soluciones mágicas, sino herramientas de precisión. Requieren un diagnóstico médico previo y un ajuste profesional. En el paciente adecuado, los resultados son transformadores.
Dormir bien no es un lujo, es una condición básica de salud y convivencia
Más allá de los riesgos médicos, la falta de oxigenación nocturna tiene un impacto directo y cotidiano en la vida de quien la padece. El paciente con apnea no tratada rinde menos, se concentra peor y toma decisiones con mayor dificultad. Vive con una fatiga que no se va durmiendo más horas, porque el problema no es la cantidad de sueño, sino su calidad.
A eso se suma irritabilidad, disminución del deseo sexual y una vida social cada vez más limitada: menos energía para vincularse, menos paciencia para interactuar, menos ganas de estar. No es solo un cuerpo que se deteriora en silencio; es una vida que se achica.
Hay un aspecto que los artículos científicos rara vez cuantifican, pero que pesa de forma definitiva: el impacto en el otro. El deterioro de la pareja por culpa del sueño es silencioso. Primero es el cansancio, luego la irritación y, finalmente, la mudanza al sillón.
Hoy entendemos la apnea como un problema multifactorial donde la anatomía oral tiene un rol protagonista. Integrar a odontólogos formados en los equipos de medicina del sueño no es una tendencia, es una necesidad lógica avalada por la evidencia.
Cuando un tratamiento logra silenciar el ronquido y restaurar la oxigenación, el beneficio va mucho más allá de los pulmones. A veces, literalmente, permite que dos personas vuelvan a compartir la misma cama. De esta manera, tratar la apnea del sueño no solo abre la vía aérea. También evita que se cierre una historia compartida.
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