Por qué deberías decirle a tu dentista si fumás marihuana y qué efectos tiene esta sustancia en la salud bucal

Hablar de marihuana en la consulta no implica dramatizar ni etiquetar sino que ayuda a trabajar con mayor precisión y perspectiva clínica; la forma de consumo también importa.

Dentista
Consulta odontológica.
Foto: Freepik.

En Uruguay, el consumo de marihuana forma parte del paisaje social desde hace años. Para muchos, especialmente jóvenes y adultos jóvenes, dejó de ser un tema marginal y pasó a integrarse a la vida cotidiana con normalidad. Esa normalización tiene una consecuencia silenciosa: ciertos hábitos dejan de mencionarse en la consulta odontológica porque no se perciben como relevantes. Y, sin embargo, lo son.

En odontología, la información no cumple una función moral ni evaluativa, sino clínica. Conocer hábitos permite ajustar tratamientos, anticipar respuestas y evitar interpretaciones erróneas. El consumo de marihuana entra en ese plano: no como juicio, sino como dato.

Uno de los efectos más consistentes asociados al cannabis es la disminución del flujo salival, lo que comúnmente se percibe como sequedad de boca. La saliva cumple un rol central en la salud bucal: limpia, amortigua ácidos y ayuda a controlar bacterias y hongos. Cuando su cantidad o calidad se altera, aumenta la posibilidad de caries, inflamación gingival o infecciones oportunistas. Estudios han observado que el uso crónico de cannabis se asocia con cambios significativos en la composición del microbioma salival, incluyendo especies bacterianas vinculadas a condiciones periodontales menos favorables, lo que subraya posibles efectos ampliados más allá de la xerostomía —boca seca— en sí.

La forma de consumo también importa. Fumar marihuana implica exposición repetida de la cavidad oral a calor, humo y productos de combustión. En odontología existe evidencia de que el uso habitual de cannabis está asociado a mayor prevalencia de periodontitis en comparación con quienes no lo utilizan, con diferencias observadas en revisiones sistemáticas que integran miles de individuos y muestran esta asociación estadística significativa. Ese patrón no significa que todos los consumidores desarrollen periodontitis, sino que —como ocurre con muchos factores conductuales— aparece con más frecuencia en estudios poblacionales.

Las posibles interacciones biológicas también están estudiándose. Investigaciones publicadas en revistas especializadas han identificado que el sistema endocannabinoide y los receptores presentes en tejidos periodontales podrían tener un papel modulador en la respuesta inflamatoria y en la homeostasis de esos tejidos. Cannabinoides como cannabidiol (CBD) y otros compuestos han demostrado, en modelos preclínicos, efectos inmunomoduladores, actividad antibacterial y potencial para apoyar la regeneración o la reparación de tejidos periodontales en condiciones controladas. Esto no contradice la relación asociativa observada con el consumo recreativo, sino que matiza la comprensión de los mecanismos biológicos posibles y subraya que los efectos dependen del contexto de uso, la dosis y otros factores.

El impacto del CBD ha sido objeto de estudios experimentales que muestran que puede inhibir mediadores inflamatorios relevantes y modular vías específicas implicadas en la respuesta de los tejidos periodontales. Por ejemplo, investigaciones en modelos animales y celulares han encontrado que el CBD puede atenuar la inflamación del periodonto y reducir la pérdida ósea en modelos de periodontitis, sugiriendo un potencial terapéutico de aplicación tópica en contextos guiados por evidencia científica. Este tipo de hallazgos no implica que el consumo recreativo de cannabis tenga el mismo efecto, sino que abre líneas de investigación clínica enfocadas en usos terapéuticos específicos.

Dentista
Paciente en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

Otras formas de fumar y más factores que alteran la salud bucal

El vapeo, a menudo percibido como una alternativa más suave, tampoco es un factor neutro. Aunque elimina la combustión clásica, implica la inhalación de sustancias que pueden alterar tanto el equilibrio bacteriano como la respuesta inmunitaria local de las encías. Desde el punto de vista periodontal, vapear y fumar no son idénticos, pero tampoco mundos separados: ambos modifican el entorno biológico donde actúa el odontólogo.

En cuanto a las presentaciones sin humo —como edibles o aceites— la evidencia es aún más dispersa y menos concluyente en términos de efectos orales directos. Aunque estudios clínicos han observado cambios en la flora salival sin alteraciones claras en volumen o pH, estos hallazgos deben interpretarse con cautela y en el contexto de la variabilidad individual.

A estos factores se suman los hábitos asociados. En algunas personas, el cannabis estimula el apetito y favorece la ingesta frecuente de alimentos azucarados o pegajosos entre comidas. Si ese patrón se combina con higiene deficiente o boca seca, el impacto sobre caries y encías se vuelve clínicamente relevante. No es el consumo aislado lo que define el riesgo, sino la suma de variables sostenidas en el tiempo.

Plantas de Cannabis medicinal
Plantas de cannabis.
Foto: Ignacio Sánchez/Archivo El País.

Odontología que sirve de verdad

Un punto central es que muchos pacientes no mencionan el consumo de marihuana porque no lo consideran información médica. No lo ocultan: simplemente no lo registran como un dato clínico. En un país donde el cannabis es legal y socialmente aceptado, esa omisión es comprensible. Para el profesional, sin embargo, conocer ese contexto permite ajustar indicaciones, materiales, tiempos, controles y expectativas de tratamiento.

La odontología contemporánea trabaja cada vez menos con promedios y cada vez más con personas concretas. No hay bocas estándar ni respuestas universales. Cuanta más información haya disponible, mejor se puede adaptar el abordaje a cada caso. Hablar de marihuana en la consulta no implica dramatizar ni etiquetar: implica trabajar con mayor precisión y perspectiva clínica.

Al mirar el paisaje de la salud oral en Uruguay, donde el cannabis convive con otros hábitos culturales y sanitarios, la conversación entre paciente y odontólogo debería ser abierta, informada y no estigmatizante. La literatura científica, incluyendo revisiones que integran miles de individuos, muestra patrones de asociación entre el uso de cannabis, efectos en la microbiota oral y mayor presencia de signos vinculados a periodontitis en comparación con quienes no consumen, aunque la magnitud y los mecanismos precisos aún se siguen investigando.

La práctica clínica del siglo XXI se construye sobre diálogo y datos, no sobre tabúes ni suposiciones. Cuando cada paciente comparte sus hábitos sin reservas, el profesional puede personalizar el cuidado, optimizar la prevención y ofrecer estrategias concretas que no solo mejoran resultados, sino que fortalecen la confianza y la corresponsabilidad en la salud bucal. En ese terreno, una consulta que reconoce la complejidad de las vidas reales —incluido el consumo de cannabis en contextos legales y sociales— es una consulta que sirve de verdad, porque coloca al paciente y a su boca en el centro de la práctica clínica moderna.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar