Dientes nuevos en adultos de forma natural: una innovación coreana que podría cambiar la odontología

Un pequeño aplicador con microagujas promete reparar dientes y crear nuevos; el método permite generar tejido dental sin tornos, sin prótesis y sin dolor.

Sonrisa, dentista
Mujer en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

Un pequeño aplicador flexible, cargado con microagujas invisibles al ojo humano, podría cambiar para siempre la forma en que tratamos caries, fracturas y pérdidas dentarias. La idea es desconcertantemente simple: activar células madre que todos conservamos en la mandíbula y permitir que el cuerpo vuelva a producir su propio tejido dental. Lo que durante décadas pareció ciencia ficción empezó a tomar forma real en Corea del Sur, donde investigadores de la Universidad Nacional de Seúl desarrollaron un parche capaz de estimular la regeneración de esmalte e incluso la formación de nuevos dientes en adultos.

La tecnología se apoya en un concepto que la biología ya había demostrado en otros tejidos: el organismo guarda reservas de células madre que, bajo ciertas señales, pueden reconstruir estructuras dañadas. En el caso de los dientes, esas células permanecen inactivas desde la adolescencia. El dispositivo coreano busca reactivarlas de manera localizada, sin cirugía y sin dolor.

El funcionamiento es sencillo desde el punto de vista clínico. El paciente apoya el parche sobre la encía, en la zona del diente a tratar, durante veinte minutos al día. Las microagujas, tan delgadas que no generan molestias, atraviesan apenas la superficie del tejido gingival y liberan una combinación de factores de crecimiento junto con un medicamento llamado tideglusib. Este fármaco inhibe una proteína —GSK-3— que actúa como freno natural de la regeneración dentaria en adultos. Al desactivarlo, las células madre vuelven a comportarse como lo harían en etapas tempranas del desarrollo: producen dentina, esmalte y tejido conectivo.

Los resultados de los ensayos clínicos, publicados recientemente en Science Translational Medicine, captaron la atención de investigadores y profesionales de todo el mundo. En pacientes con caries iniciales, el esmalte se reconstruyó por completo en un plazo de cuatro a seis semanas. En dientes astillados, el tejido perdido reapareció entre seis y ocho semanas después del inicio del tratamiento. Y un dato inesperado impulsó aún más el interés: en alrededor del 30% de los participantes comenzaron a observarse brotes dentarios incipientes, una señal temprana de que podría ser posible generar un diente nuevo allí donde antes había sido extraído.

Dientes, dentista
Hombre en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

El impacto potencial es enorme. A nivel global, casi 3.500 millones de personas sufren algún tipo de enfermedad oral —desde caries hasta pérdida avanzada de piezas dentales—, y los tratamientos convencionales suelen requerir intervenciones invasivas, altos costos y tiempos prolongados de recuperación. Los implantes, considerados el estándar actual para reemplazar un diente perdido, pueden superar los dos mil dólares por pieza en muchos países, y son inaccesibles para una gran parte de la población. El parche coreano se proyecta con un costo aproximado de trescientos dólares por diente, sin cirugía y sin materiales extraños para el organismo.

El contraste entre ambos enfoques muestra por qué esta innovación despierta tanto interés. Mientras el implante exige perforar el hueso, colocar un tornillo de titanio y esperar meses de integración, el nuevo método apuesta por un proceso completamente biológico. El tejido regenerado es genéticamente propio, lo que elimina riesgos de rechazo o complicaciones asociadas a cuerpos extraños. Y la simplicidad del procedimiento abre la puerta a que pueda realizarse en consultas generales sin necesidad de equipamiento quirúrgico complejo.

El alcance de la técnica podría ir más allá de la odontología. El mismo principio —microagujas que liberan fármacos y factores de crecimiento directamente en un nicho de células madre— está siendo evaluado para regenerar tejido óseo en otras zonas del cuerpo. Si esto se confirma, se abriría un camino hacia terapias regenerativas más accesibles y menos invasivas, con aplicaciones en traumatología, cirugía maxilofacial y medicina geriátrica.

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Dentista explica cómo resultaría un nuevo tratamiento.
Foto: Commons.

Corea del Sur anunció su intención de comercializar el tratamiento en 2026, primero en su propio sistema de salud y luego mediante acuerdos internacionales. El interés de empresas de tecnología médica y centros universitarios ya es notable: la posibilidad de recuperar dientes perdidos sin tornos, sin prótesis y sin dolor resulta demasiado significativa como para ignorarla.

La pregunta que se abre ahora es cuándo esta innovación llegará a las consultas de nuestra región y cómo impactará en un campo que lleva más de un siglo funcionando con las mismas herramientas básicas. Si los próximos estudios confirman la seguridad y la eficacia observadas hasta ahora, podría iniciarse una transición profunda: la odontología dejaría de centrarse en reparar daños para pasar a estimular, de manera controlada, la capacidad natural del cuerpo para regenerarse.

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