Redacción El País
Levantarse de la cama en plena noche para ir al baño puede parecer un detalle menor, pero cuando se repite con frecuencia deja de ser algo inocente. Si bien en los primeros años de vida esta situación puede formar parte del desarrollo normal, a medida que pasan los años se convierte en una señal que conviene escuchar. Así lo advierte el urólogo Pablo Mateo, quien explica cuándo la micción nocturna es esperable y cuándo puede alertar sobre un problema de salud.
La nicturia —despertarse durante la noche para orinar— tiene parámetros distintos según la edad. En niños menores de cinco años puede presentarse de manera ocasional, ya que tanto la vejiga como el control neurológico aún están madurando. Sin embargo, entre los 6 y los 12 años lo esperable es que el sueño nocturno transcurra sin interrupciones para ir al baño.
En la adolescencia (13 a 18 años) y en adultos jóvenes (18 a 40 años), levantarse una sola vez de forma esporádica puede considerarse aceptable. El problema aparece cuando esta conducta se repite noche tras noche.
Mateo es claro: despertarse dos o más veces cada noche para orinar, de forma habitual, no es normal a ninguna edad. Según explica, puede estar asociado a múltiples condiciones, entre ellas diabetes, problemas prostáticos en hombres, vejiga hiperactiva, infecciones urinarias, insuficiencia cardíaca o renal, trastornos hormonales, apnea del sueño, uso de diuréticos o consumo excesivo de líquidos por la noche.
Durante el día, la frecuencia urinaria también ofrece pistas. En niños de 5 a 12 años lo habitual es orinar entre cinco y siete veces diarias; en adolescentes, entre cinco y ocho; y en adultos jóvenes, rangos similares. Superar las diez micciones por día debe llamar la atención, especialmente si se acompaña de ardor, dolor, incontinencia, nicturia o sed excesiva.
Causas de nicturia
Aunque la nicturia es más común en adultos mayores, cuando aparece en niños y jóvenes suele tener causas específicas. El especialista menciona factores hormonales —como alteraciones en la hormona antidiurética, diabetes mellitus o diabetes insípida—, infecciones urinarias, insuficiencia renal, problemas cardíacos o anemia severa.
También pueden influir causas respiratorias, en especial la apnea del sueño, una condición frecuente y muchas veces subdiagnosticada. A esto se suman factores funcionales como vejiga hiperactiva, estreñimiento crónico o hábitos miccionales inadecuados; causas neurológicas leves; y hábitos cotidianos como el exceso de líquidos por la noche o el consumo de cafeína, refrescos, té, bebidas energéticas o mate.
“La nicturia no tratada no es un simple hábito: es una señal de enfermedad y un factor de deterioro progresivo de la salud”, enfatiza Mateo. Ignorarla puede tener efectos que van más allá del sistema urinario. La interrupción del sueño profundo afecta la memoria, la concentración y el rendimiento escolar o laboral, y aumenta el riesgo de ansiedad y depresión.
A nivel cardiovascular, se asocia con mayor riesgo de hipertensión, eventos coronarios y accidentes cerebrovasculares. También puede empeorar el control de la diabetes, alterar el metabolismo y elevar los niveles de cortisol.
En otros casos, puede estar encubriendo una apnea del sueño no diagnosticada o favorecer infecciones urinarias repetidas, daño renal progresivo y vejiga irritable crónica. En adultos mayores, además, incrementa el riesgo de caídas, fracturas y pérdida de independencia.
Cómo prevenir o reducir la nicturia
El urólogo recomienda hábitos simples que pueden ayudar a disminuir la micción nocturna:
- Controlar la ingesta de líquidos y evitar grandes cantidades dos o tres horas antes de dormir.
- Reducir estimulantes por la tarde y noche: cafeína, refrescos, bebidas energéticas, chocolate y alcohol.
- Orinar antes de acostarse y practicar la micción doble: ir al baño, esperar cinco minutos y volver a intentar.
- Mantener horarios regulares para dormir y despertarse.
- Prevenir el estreñimiento con fibra y buena hidratación durante el día.
- Realizar actividad física regular.
- Cuidar la calidad del sueño y tratar ronquidos o apnea si existen.
- Manejar el estrés, ya que la ansiedad aumenta la actividad vesical.
- Consultar al médico ante nicturia frecuente y evitar la automedicación.
Finalmente, Mateo advierte que hábitos como beber mucha agua antes de acostarse, consumir mate, café, alcohol o comidas muy saladas o picantes por la noche, usar pantallas hasta tarde o dormir pocas horas pueden empeorar el problema. Escuchar al cuerpo y consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre un síntoma pasajero y una señal de alerta que no conviene ignorar.
En base a El Tiempo/GDA
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