Redacción El País
El auge de los perfumes íntimos y de los productos que prometen neutralizar el olor natural encendió la alarma entre especialistas en salud vulvar. Aunque muchas mujeres consultan con regularidad al ginecólogo, no siempre conocen en profundidad su anatomía ni los cambios que atraviesa el cuerpo a lo largo de la vida, desde la primera menstruación hasta la menopausia.
Durante esta etapa, la caída de los estrógenos puede desencadenar el llamado síndrome genitourinario de la menopausia, un cuadro que suele manifestarse con sequedad, picazón, ardor o dolor en las relaciones. También puede aumentar la sensibilidad al roce, aparecer sangrado poscoital y crecer el riesgo de infecciones urinarias. Estas molestias, advierten los expertos, impactan de forma directa en la calidad de vida y en la intimidad.
La ginecóloga Silvia P. González, presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, señaló al portal CuídatePlus que la autoexploración de la vulva es tan importante como el control mamario, ya que favorece la detección precoz de posibles enfermedades y ayuda a desarrollar mayor autoconocimiento corporal.
Lo normal también merece ser conocido
Una vulva saludable suele presentar mucosa húmeda y sin lesiones visibles. La presencia de vello púbico, la asimetría de los labios o pequeñas variaciones en la forma forman parte de la diversidad anatómica y no deberían generar preocupación.
Muchas consultas se originan por la aparición de pápulas vestibulares o los llamados granitos de Fordyce, que no requieren tratamiento. Del mismo modo, el flujo vaginal puede cambiar a lo largo del ciclo menstrual en cantidad o consistencia, ya que responde a procesos fisiológicos.
El color también varía: es habitual que la piel de la vulva sea más oscura que la del resto del cuerpo y que esa tonalidad se intensifique con el paso del tiempo o los cambios hormonales. Incluso el olor natural —si es suave— es un signo de equilibrio y no debería asemejarse a fragancias artificiales.
Por qué no se recomiendan los productos aromatizados
La especialista advierte que la moda de perfumar la zona íntima no solo es innecesaria, sino que puede resultar contraproducente. Los perfumes íntimos, los desodorantes o las toallitas con alcohol pueden alterar la microbiota vaginal, el sistema de defensa que protege frente a infecciones.
En materia de higiene íntima, lo más recomendable es optar por productos específicos que respeten el pH vulvar y evitar excesos. En la mayoría de los casos, alcanza con un lavado diario con agua tibia.
También conviene dejar de lado las duchas vaginales internas, secar la zona con suavidad —sin refregar— y elegir ropa interior de algodón, que permite una mejor ventilación. Pequeños hábitos que, lejos de las tendencias, ayudan a preservar el equilibrio natural y la salud a largo plazo.
En base a El Tiempo/GDA