Perros y gatos pueden convivir durante meses con parásitos internos sin que sus dueños adviertan ninguna señal. No siempre aparecen gusanos visibles en las heces ni síntomas evidentes: algunas infecciones producen molestias digestivas leves o incluso pasan inadvertidas. Por eso, la desparasitación interna forma parte de los cuidados preventivos y no debería quedar relegada para cuando aparece un problema.
Los parásitos internos incluyen distintos tipos de gusanos y otros organismos que pueden instalarse en el aparato digestivo y, según la especie, afectar también otros órganos. Entre los más frecuentes se encuentran los nematodos, como Toxocara y Ancylostoma, y distintos tipos de tenias. Algunos pueden provocar diarrea, vómitos, pérdida de peso, anemia o alteraciones en el crecimiento, especialmente en animales jóvenes.
La importancia no se limita a la salud de la mascota. Algunos parásitos tienen potencial zoonótico, es decir, pueden transmitirse de los animales a las personas. El riesgo aumenta cuando existe contacto con materia fecal contaminada, tierra o ambientes donde circulan animales parasitados. El CAPC destaca precisamente la necesidad de controlar los parásitos con potencial zoonótico como parte de una estrategia de salud compartida entre animales y personas.
No todos necesitan el mismo esquema
Una de las ideas que conviene desterrar es que existe un calendario idéntico para todos los perros y gatos. La frecuencia depende de factores como la edad, el acceso al exterior, el contacto con otros animales, el hábito de cazar, el consumo de carne cruda, los viajes y las condiciones del ambiente.
La organización científica ESCCAP recomienda que el control de los parásitos se defina a partir de una evaluación individual del riesgo y con orientación veterinaria. El riesgo, además, no desaparece cuando el animal deja de ser cachorro: la prevención debe contemplarse durante toda su vida.
En términos generales, los cachorros y gatitos requieren controles más frecuentes porque son especialmente susceptibles a las parasitosis. Las guías del CAPC indican comenzar la administración de antiparasitarios en cachorros y gatitos desde las dos semanas de vida, con repeticiones periódicas durante los primeros meses, según el esquema veterinario correspondiente.
En animales adultos, la frecuencia también debe individualizarse. Como referencia, cuando no se mantiene un programa preventivo de amplio espectro durante todo el año, el CAPC contempla tratamientos contra parásitos intestinales cuatro veces al año y controles coproparasitológicos periódicos. Pero no se trata de una regla universal: el veterinario puede indicar una frecuencia diferente según el riesgo concreto del animal.
¿Cómo se sabe si tiene parásitos?
Esperar a encontrar un gusano en las heces no es una estrategia suficiente. Muchos animales parasitados no presentan signos claros y los huevos de numerosos parásitos son microscópicos.
Por eso, además de la prevención, los controles coproparasitológicos tienen un papel importante. El análisis de materia fecal permite buscar diferentes tipos de parásitos y, cuando corresponde, pueden utilizarse métodos específicos como pruebas de antígenos o técnicas moleculares. El CAPC recomienda controles más frecuentes durante el primer año de vida y, en adultos sanos, al menos dos evaluaciones anuales, ajustadas al estado de salud y al estilo de vida.
No es simplemente "dar una pastilla"La desparasitación interna debe indicarse de acuerdo con el parásito que se busca prevenir o tratar, la especie, la edad y el peso del animal. Existen comprimidos y otras presentaciones, y algunos productos tienen acción sobre determinados parásitos pero no sobre otros.
Por eso, no es recomendable utilizar un medicamento elegido al azar, repetir un producto sin indicación o asumir que el antiparasitario que sirve para un perro también puede administrarse a un gato. La elección y la dosis deben quedar en manos del veterinario.
Además, desparasitar no significa que el animal quede protegido indefinidamente. El tratamiento elimina los parásitos presentes que sean susceptibles al producto, pero el animal puede volver a infectarse si continúa expuesto.
La higiene también es prevención
El control no termina con el antiparasitario. Recoger rápidamente las heces de perros y gatos reduce la contaminación del ambiente y, con ella, las posibilidades de transmisión. En patios y jardines, la limpieza frecuente también es importante.
El lavado de manos después de manipular materia fecal, evitar que los animales tengan acceso a alimentos crudos o a presas y mantener controles veterinarios regulares forman parte de la prevención. El CAPC recomienda, además, evitar la contaminación fecal de jardines, areneros y zonas de juego.
En una casa donde conviven personas y animales, la desparasitación interna es, por lo tanto, mucho más que una rutina sanitaria. Es una medida de medicina preventiva que protege al perro o al gato y contribuye a reducir riesgos para quienes comparten el mismo ambiente.
La clave, señalan las guías veterinarias, no está en esperar a que aparezcan síntomas, sino en establecer junto con el profesional un programa de prevención adecuado para cada animal y revisarlo a medida que cambian su edad, sus hábitos y su nivel de exposición.