Julie Gibson Clark asegura haber conseguido algo que parece reservado para la ciencia ficción: reducir en dos décadas su edad biológica. Según las mediciones de distintos biomarcadores, pasó de tener una edad biológica de 47 años a una de 27, un resultado que atribuye a cambios sostenidos en su estilo de vida y no a prácticas extremas.
La historia de Clark fue difundida originalmente por el diario británico Daily Mail. La mujer se define como una "biohacker reacia" y se distancia de quienes convierten el cuidado de la salud en una búsqueda obsesiva de la perfección. De hecho, en 2023 logró superar en una clasificación de longevidad a uno de los referentes más conocidos del movimiento de biohacking.
Las pruebas que determinaron su posición analizaron diferentes indicadores de salud, entre ellos los niveles de grasas y azúcar en sangre y la función pulmonar.
Un cambio impulsado por experiencias personales
Clark no consume alcohol ni fuma. Cuenta que desde joven aprendió la importancia de mantenerse activa y seguir una alimentación equilibrada, hábitos que incorporó gracias a las enseñanzas de su padre, quien fue astronauta de la NASA.
Sin embargo, hubo acontecimientos que la llevaron a profundizar su interés por el envejecimiento saludable. Tras atravesar un divorcio y un susto de salud por la aparición de dos bultos en uno de sus senos, decidió explorar el mundo del biohacking en lugar de optar por tratamientos tradicionales.
A eso se sumó la experiencia de ver a sus padres recibir diagnósticos de demencia y enfermedad de Parkinson. Según relató al medio británico, su objetivo pasó a ser encontrar herramientas que le permitieran retrasar, en la medida de lo posible, el desarrollo de enfermedades asociadas al envejecimiento.
La rutina que sigue para cuidar su salud
Para Clark, no hace falta disponer de una gran fortuna para incorporar hábitos que favorezcan la longevidad. Considera que el sueño, la alimentación y la actividad física son los pilares fundamentales para mantener una buena calidad de vida.
Su día comienza a las cinco de la mañana con un momento de meditación, lectura y la ingesta de distintos suplementos, entre ellos compuestos vinculados a la producción de energía celular, magnesio, antioxidantes y vitamina C.
Más tarde prepara una bebida a base de caldo de huesos, vegetales de hoja verde, manzana, semillas de lino, nueces, especias y proteína en polvo. Su primera comida del día suele ser un abundante bol de verduras, integrado por vegetales crudos o apenas cocidos.
La actividad física también ocupa un lugar central. Combina ejercicios de fuerza y de fortalecimiento del core y, una vez finalizado el entrenamiento, permanece hasta media hora en un sauna y luego toma una ducha fría de varios minutos. Además, dedica otro espacio de la jornada a la meditación.
Su última comida suele ser alrededor de las cinco de la tarde para evitar irse a dormir con el estómago lleno. Entre las opciones que elige con frecuencia aparecen las sardinas, los tomates salteados, los huevos pasados por agua y alimentos fermentados.
Los domingos están reservados para descansar y recargar energías. Aunque muchas veces aprovecha el día para caminar o hacer senderismo con amigos, también se permite quedarse en casa sin compromisos.
Su filosofía es sencilla: priorizar el bienestar sin caer en la exigencia de hacerlo todo perfecto. Para ella, dormir bien y comer de manera saludable son aspectos importantes, pero también lo es disfrutar de la vida y aceptar que, de vez en cuando, hay espacio para algunos pequeños permitidos.
En base a El Tiempo/GDA