La tranquilidad en los perros no siempre aparece de forma natural. Frente a ruidos, visitas, cambios de rutina o situaciones nuevas, muchas mascotas reaccionan con ansiedad, excitación o nerviosismo. Por eso, especialistas en comportamiento animal sostienen que la calma también puede entrenarse.
Lejos de tratarse simplemente de “mal comportamiento”, estas reacciones suelen estar vinculadas a una dificultad para regular estímulos y manejar situaciones que el perro percibe como demasiado intensas o desconocidas.
Expertos en adiestramiento canino explican que enseñar a relajarse implica ayudar al animal a asociar determinados espacios y conductas con seguridad, bienestar y ausencia de amenaza.
Crear un espacio seguro y reconocer señales de calma
Uno de los primeros pasos recomendados es establecer un “lugar de calma”, como una cama, manta o colchoneta donde el perro pueda descansar y sentirse protegido.
A partir de ahí, el trabajo consiste en reforzar los momentos en los que el animal se muestra relajado y tranquilo, siempre sin presionarlo ni exigir respuestas inmediatas.
Los especialistas destacan la importancia de aprender a reconocer las señales reales de relajación. Entre ellas aparecen:
- Postura corporal distendida, acostado de costado, boca arriba o en posición relajada.
- Respiración lenta y regular.
- Cola en posición natural o con movimientos suaves.
- Mirada tranquila y ojos relajados.
- Boca apenas entreabierta, con mandíbula suelta y lengua visible.
Identificar estos comportamientos permite reforzar correctamente los momentos de calma y evitar confundir quietud con tensión o miedo.
Cómo empezar el entrenamiento
El proceso debe hacerse de forma gradual y con mucha constancia. Los especialistas recomiendan comenzar en ambientes tranquilos, con pocos estímulos, e ir aumentando progresivamente las distracciones.
El paso a paso sugerido incluye:
- Elegir un lugar donde el perro se sienta seguro.
- Esperar a que baje su nivel de excitación antes de iniciar el ejercicio.
- Premiar los momentos de tranquilidad con una golosina o croqueta cerca de sus patas delanteras.
- Hablarle en voz baja y utilizar caricias suaves.
- Asociar palabras como “calma” o “tranquilo” a los momentos de relajación.
Con el tiempo, el perro empieza a relacionar esas palabras y ese espacio con sensaciones de seguridad y descanso.
Paciencia, rutina y refuerzo positivo
Otro punto clave es la exposición gradual a los estímulos que alteran al animal. Si se pone nervioso con visitas, ruidos o movimientos externos, la recomendación es presentarlos poco a poco, evitando saturarlo o generarle miedo.
Los expertos remarcan que los gritos, retos o castigos pueden empeorar el problema y aumentar el estrés, dificultando el aprendizaje.
Por eso, el entrenamiento debe apoyarse en ejercicios breves, repetidos diariamente y basados en refuerzo positivo.
Aunque los resultados no suelen ser inmediatos, la práctica constante ayuda a que el perro aprenda a sentirse más seguro, desarrolle autocontrol y pueda adaptarse mejor a distintos entornos y situaciones cotidianas.
En base a El Tiempo/GDA