El ayuno antes de un análisis de sangre forma parte de las indicaciones habituales que reciben muchas personas antes de una extracción. En numerosas clínicas y laboratorios se recomienda no comer durante entre 8 y 12 horas previas al estudio. Sin embargo, una nueva investigación pone en duda que esta exigencia deba aplicarse de manera generalizada.
El trabajo, publicado en la revista científica JAMA Internal Medicine, analizó 9.755.547 resultados de análisis de sangre correspondientes a 101.148 pacientes y a 372 tipos diferentes de pruebas. Todos los datos procedían de muestras tomadas a pacientes ambulatorios en un único hospital universitario de atención secundaria de la región metropolitana de Seúl, en Corea del Sur.
Para evaluar cuánto influía el tiempo sin comer, los investigadores clasificaron a los pacientes según el período transcurrido desde su última comida: menos de 8 horas de ayuno, entre 8 y 12 horas y más de 12 horas. Además, para reducir el impacto de las diferencias individuales en el estado de salud, compararon resultados obtenidos de los mismos pacientes durante distintas consultas y con diferentes tiempos de ayuno.
Los resultados mostraron que los hemogramas, los marcadores de función renal, los electrolitos y la mayoría de las enzimas hepáticas presentaron valores similares independientemente del tiempo que los pacientes hubieran permanecido sin comer.
En términos generales, los investigadores observaron que el ayuno tuvo poca influencia clínica en la mayoría de los análisis de sangre de rutina. Incluso prolongarlo durante más de 12 horas no produjo cambios adicionales de importancia en ninguno de los exámenes evaluados.
"Nuestro análisis exhaustivo sugiere que la mayoría de los análisis de sangre de rutina se ven mínimamente afectados por el ayuno de corta duración, y que el ayuno superior a 12 horas no estuvo asociado con diferencias adicionales significativas en ninguno de los exámenes analizados", escriben los autores del estudio. "Estos hallazgos sugieren que las exigencias tradicionales y rígidas de ayuno pueden merecer una reevaluación."
¿Por qué se pide ayuno antes de un análisis de sangre?
Las recomendaciones tradicionales de ayuno para análisis de sangre surgieron por la preocupación de que la alimentación pudiera alterar algunos resultados y afectar su interpretación clínica. Esto es relevante porque los análisis de laboratorio suelen utilizarse para tomar decisiones médicas, y determinados parámetros pueden cambiar de manera significativa según variables previas al examen, entre ellas la ingesta de alimentos.
Para reducir esa variabilidad, comenzó a extenderse la indicación de ayunar entre 8 y 12 horas antes de una extracción de sangre. Sin embargo, los investigadores explican que esta práctica se originó principalmente en relación con los análisis de lípidos y glucosa y luego se trasladó de manera rutinaria a paneles de laboratorio mucho más amplios.
El nuevo estudio aporta evidencia a favor de una indicación más específica. De los 121 análisis de laboratorio de rutina evaluados, solo algunos mostraron cambios relevantes asociados con un ayuno inferior a ocho horas: glucosa, triglicéridos, enzimas hepáticas y lipasa.
Qué análisis pueden verse afectados por comer antes
Entre las diferencias más marcadas, las personas que habían ayunado durante menos de ocho horas presentaron una glucemia 10,8% más elevada, mientras que los triglicéridos fueron 20,1% mayores y la lipasa, una enzima digestiva producida principalmente por el páncreas, fue 36,4% mayor.
Además, los investigadores observaron que la glucemia disminuyó progresivamente a medida que aumentaba el tiempo de ayuno, a razón de aproximadamente 4,3 mg/dL por cada hora adicional.
En cambio, cuando el período de ayuno fue de 8 a 12 horas o superior a 12 horas, no se encontraron diferencias clínicamente significativas en los resultados de los análisis evaluados. Esto indica que prolongar el ayuno más allá de 12 horas no mejoraría la precisión de las pruebas y podría generar un malestar innecesario para los pacientes.
A partir de estos resultados, los investigadores plantean que podría ser conveniente abandonar una regla de ayuno única para todos los análisis de sangre y establecer indicaciones específicas según el tipo de prueba. De esta manera, el tiempo sin comer se definiría en función de los análisis que realmente pueden verse afectados por la alimentación, en lugar de exigir el mismo período de ayuno para todos los estudios.