Vitaminas C y E: qué dicen los estudios sobre su impacto en la circulación y la salud vascular

Diversas investigaciones analizan cómo las vitaminas C y E contribuyen a proteger los vasos sanguíneos y reducir el daño oxidativo asociado a problemas cardiovasculares.

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Algunos alimentos ricos en vitaminas.
Foto: Commons.

La vitamina C y la vitamina E se encuentran entre los nutrientes más estudiados por su posible impacto en la circulación sanguínea y la salud vascular. Diversas investigaciones analizan cómo sus propiedades antioxidantes podrían contribuir a proteger los vasos sanguíneos y favorecer el transporte de oxígeno y nutrientes en el organismo.

Según especialistas, la vitamina C cumple un rol importante en la síntesis de colágeno, una proteína esencial para mantener la estructura y resistencia de los vasos sanguíneos. Además, su acción antioxidante ayuda a proteger las células endoteliales frente a los radicales libres, lo que podría favorecer una mejor función vascular y una circulación más eficiente.

Por su parte, la vitamina E también se destaca por sus propiedades antioxidantes. Distintos estudios señalan que este nutriente puede ayudar a prevenir la oxidación del colesterol LDL, un proceso asociado a la formación de placas en las arterias. De acuerdo con las investigaciones, esta acción podría contribuir a reducir el riesgo de obstrucciones y favorecer un mejor flujo sanguíneo.

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Foto: Unsplash.

La vitamina E también fue vinculada a la dilatación de los vasos sanguíneos, una característica considerada beneficiosa especialmente en personas con niveles elevados de colesterol. Su función antioxidante combate la acumulación de radicales libres que pueden afectar moléculas presentes en el tejido vascular, como lípidos, proteínas y ADN.

Entre las principales fuentes naturales de vitamina E aparecen las nueces y semillas. Almendras, avellanas, cacahuetes, nueces y semillas de girasol, calabaza y sésamo contienen cantidades importantes de este nutriente. También está presente en aceites vegetales como los de germen de trigo, girasol, cártamo y almendra.

Frutos secos
Variedad de frutos secos.
Foto: Freepik.

A esto se suman verduras de hojas verdes como espinaca, brócoli, acelga y kale. Otros alimentos que aportan vitamina E son la palta, frutos secos como pasas, dátiles y damascos, además de pescados grasos como salmón, trucha y arenque, aunque en cantidades menores. Hortalizas como la batata, el pimiento rojo y el tomate, junto con cereales integrales, también forman parte de los alimentos recomendados para incorporar este nutriente dentro de una dieta equilibrada.

Sin embargo, la literatura científica presenta resultados diversos sobre los beneficios cardiovasculares de estas vitaminas. Algunos estudios no encontraron mejoras significativas asociadas al consumo de suplementos, especialmente en dosis elevadas.

En el caso de la vitamina E, especialistas advierten que una ingesta excesiva podría aumentar el riesgo de hemorragias. Por eso, recomiendan consultar con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplementación, sobre todo en personas que consumen medicamentos anticoagulantes.
En base a El Tiempo/GDA

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