Vuelta a clases y estrés familiar: por qué afecta más a las madres y cómo organizarse mejor

La compra de útiles, los uniformes y la reorganización de horarios impactan en los adultos a cargo. Claves para entender la carga mental y reducir el estrés en el inicio escolar.

Mujer pensando
Mujer pensando.
Foto: Freepik.

Mientras los niños cuentan los días para reencontrarse con sus compañeros y estrenar mochila, en muchas casasel inicio de clases se vive con otra intensidad. No es solo la compra de útiles, los uniformes o la organización de nuevos horarios: es la sensación de que, de un día para el otro, la logística familiar se vuelve una carrera contrarreloj. Y en esa carrera, las madres suelen llevar la delantera.

El comienzo del año lectivo activa una sobrecarga que no siempre se ve, pero que se siente. Listas interminables, talles que no coinciden, presupuestos ajustados, grupos de WhatsApp que explotan. A eso se suma la reorganización de rutinas: quién lleva, quién trae, quién cocina, quién supervisa tareas. La vuelta a clases no impacta solo en los niños; reordena la vida adulta.

La carga mental que se reactiva

La llamada “carga mental” —ese trabajo invisible de planificar, anticipar y recordar todo— suele recaer mayoritariamente en las mujeres. Aunque las tareas estén más repartidas que décadas atrás, diversos estudios muestran que son las madres quienes asumen la coordinación general: pensar en los útiles que faltan, prever la vianda, agendar reuniones, ajustar horarios laborales.

En países como el nuestro, donde la participación femenina en el mercado laboral es alta, esa doble exigencia —trabajo remunerado y gestión del hogar— se intensifica en momentos clave del calendario. La vuelta a clases es uno de ellos.

No se trata solo de tiempo, sino de responsabilidad emocional. Las madres suelen sentirse garantes de que “todo salga bien”: que el uniforme esté impecable, que el niño no olvide nada, que el primer día sea una experiencia positiva. Ese ideal, muchas veces autoimpuesto, eleva el nivel de estrés.

Escolares en el inicio de clases 2024
Escolares en el inicio de clases 2024
Foto: Francisco Flores/El País

El impacto en los adultos

El inicio de clases puede generar en los adultos síntomas claros: irritabilidad, cansancio, dificultad para dormir, sensación de desborde. También reaviva preocupaciones económicas. La compra de materiales y uniformes, sumada a cuotas o actividades extracurriculares, representa un gasto significativo.

Además, el cambio de horarios exige una reorganización profunda. Después de semanas más flexibles, volver a levantarse temprano, coordinar traslados y ajustar agendas laborales implica un esfuerzo físico y mental. Para muchos adultos, el estrés no termina el primer día: se prolonga durante las primeras semanas hasta que la rutina se estabiliza.

Hay también un componente emocional. El crecimiento de los hijos, los cambios de ciclo —paso a secundaria, nuevo colegio— pueden despertar en los padres ansiedad y cierta nostalgia. La escuela no es solo un espacio educativo: es un hito en la biografía familiar.

Padres estresados
Padres estesados por sus hijos
Canva

¿Es igual en padres y madres?

Las investigaciones en corresponsabilidad muestran que, si bien cada vez más padres se involucran activamente, la vivencia del estrés no siempre es simétrica. Muchos varones participan en tareas concretas —compras, traslados— pero la planificación global suele recaer en las madres.

Sin embargo, el malestar no es exclusivo de ellas. Padres que trabajan jornadas extensas pueden experimentar presión por reorganizar horarios o pedir licencias. La diferencia radica, en general, en el tipo de carga: más ejecutiva en algunos casos, más mental y organizativa en otros.

La buena noticia es que el modelo está cambiando. Las nuevas generaciones de padres muestran mayor disposición a compartir responsabilidades, aunque la transición cultural todavía está en proceso.

Estrategias para minimizar el estrés

Reducir el impacto de la vuelta a clases no implica negar el esfuerzo que supone, sino gestionarlo mejor.

  • Planificación anticipada. Comprar útiles y uniformes con tiempo, revisar lo que quedó del año anterior y distribuir gastos evita decisiones apuradas y sobrecostos.
  • Reparto explícito de tareas. No alcanza con “ayudar”: es clave acordar quién se encarga de qué. Cuando la responsabilidad está clara, disminuye la sensación de sobrecarga.
  • Ajuste gradual de horarios. Adelantar la hora de dormir y de levantarse una semana antes facilita la adaptación física y emocional.
  • Bajar la autoexigencia. No todo tiene que estar perfecto el primer día. Aceptar cierta flexibilidad reduce tensiones innecesarias.
  • Cuidar el propio descanso. Dormir bien, organizar momentos de pausa y sostener espacios personales es fundamental. Un adulto desbordado difícilmente pueda acompañar con calma.

La vuelta a clases es un ritual de reinicio. Ordena, exige y moviliza. Pero también ofrece la oportunidad de revisar dinámicas familiares y construir una organización más equitativa. Porque si el año escolar marca el crecimiento de los chicos, también puede ser una ocasión para que los adultos crezcan en corresponsabilidad, planificación y cuidado mutuo. Y quizás, en ese aprendizaje silencioso, el estrés encuentre un límite más humano.

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