Escribir sobre aquello que valoramos de nuestra vida o enviar un mensaje afectuoso a una persona para expresarle nuestro agradecimiento son acciones sencillas que pueden modificar la manera en que afrontamos el día a día. Un estudio internacional realizado en 34 países analizó distintas estrategias destinadas a estimular la gratitud y evaluó su impacto en el bienestar de miles de personas.
Los participantes recibieron diferentes propuestas para poner en práctica el sentimiento de agradecimiento. Entre ellas se encontraban escribir y enviar un mensaje a una persona a la que se le estaba agradecido; elaborar una lista con cinco motivos de gratitud; escribir una carta de agradecimiento sin enviarla; y realizar la denominada reflexión de Naikan, que consiste en repasar acontecimientos recientes y pensar en lo que se recibió, lo que se dio y qué más se podría hacer para ayudar a los demás.
También se les propuso recordar cinco situaciones ocurridas el día anterior que despertaran gratitud e imaginar cómo sería la vida sin ellas. Otra de las alternativas consistió en escribir una carta dirigida a una fuerza espiritual superior, expresando agradecimiento por la propia vida.
De todas las estrategias analizadas, escribir y enviar un mensaje de agradecimiento fue la intervención que produjo los resultados más significativos. En el extremo opuesto, elaborar una simple lista con cinco motivos para sentirse agradecido mostró el menor impacto.
“Uno de los principales resultados que alcanzamos es que, en general, todas las intervenciones propuestas funcionaron. Y la cuestión de la conexión social es central”, señaló uno de los psicólogos que participaron de la investigación, el brasileño Paulo Sérgio Boggio.
La gratitud también depende de la cultura
El estudio encontró además diferencias entre los países en la manera en que la gratitud influye en el bienestar y el florecimiento humano, entendido como una combinación de reciprocidad social y satisfacción con la vida. Mientras México presentó una influencia considerable de las intervenciones destinadas a estimular la gratitud, Brasil se ubicó en un nivel intermedio y Noruega mostró un efecto prácticamente nulo en este aspecto.
Sin embargo, cuando los investigadores analizaron específicamente el impacto de la gratitud sobre la sensación de bienestar y las emociones positivas, el efecto apareció de manera mucho más amplia, independientemente del contexto cultural. “La gratitud es una emoción con un componente social muy fuerte. Sentirse agradecido aumenta la probabilidad de que ayudes a otras personas, y no necesariamente a quien te ayudó. Eso genera una espiral de ayuda entre las personas, no necesariamente porque haya una expectativa de ganancia directa”, explicó Boggio.
La dimensión social de la gratitud podría ser, entonces, una de las claves para comprender por qué expresar agradecimiento puede generar beneficios que van más allá de quien recibe el reconocimiento. Un gesto dirigido a otra persona puede favorecer comportamientos de ayuda, cooperación y reciprocidad, ampliando sus efectos dentro de una comunidad.
Un estudio que buscó ampliar la mirada
Para los investigadores, uno de los aspectos más relevantes del trabajo fue haber incorporado participantes de numerosos países y contextos culturales. La mayor parte de las investigaciones anteriores sobre gratitud y bienestar se había desarrollado en Estados Unidos. “Más o menos el 50% de los estudios sobre gratitud tienen origen estadounidense. La idea fue alejarnos un poco de eso y aplicar la prueba en países con una gran variación cultural”, explicó Boggio.
De esta manera, la investigación buscó determinar hasta qué punto las intervenciones destinadas a fomentar la gratitud producen efectos similares en sociedades con diferentes costumbres, valores y formas de relacionarse. Los resultados sugieren que, aunque la magnitud de algunos beneficios puede variar según la cultura, existe una relación amplia entre gratitud, emociones positivas y bienestar.