Sócrates, uno de los pensadores más influyentes de la tradición occidental, sostenía que el conocimiento no se transmite de forma directa, sino que se construye a partir del diálogo. A diferencia de otros filósofos de su tiempo, priorizaba la palabra hablada y el intercambio cara a cara, por lo que sus ideas llegaron hasta hoy gracias a los escritos de sus discípulos, entre ellos Platón, Antístenes, Aristipo y Fedón.
De acuerdo con esos registros, su enfoque no consistía en acumular saberes, sino en cuestionarlos. Su método, conocido como mayéutica, proponía que el maestro actuara como un guía que ayuda al alumno a “dar a luz” sus propias ideas, más que imponer conocimientos cerrados.
Un pensamiento incómodo para su época
La figura de Sócrates desentonaba en la Atenas clásica. No cobraba por enseñar y tampoco dejó textos escritos. Pero, sobre todo, incomodaba su forma de razonar: a través de preguntas, dejaba en evidencia contradicciones en políticos, poetas y pensadores.
Ese estilo le generó resistencias, en especial entre los sofistas, con quienes mantenía una rivalidad intelectual. Finalmente, en el 399 a.C., fue acusado de corromper a los jóvenes y de no respetar a los dioses de la ciudad, cargos que derivaron en su condena a muerte.
En la Apología de Sócrates, donde Platón reconstruye su defensa ante los tribunales, se desprende una frase que atraviesa los siglos: “Cuando el debate se ha perdido, la calumnia es la herramienta del perdedor”.
El peso de la opinión y las calumnias
Según ese relato, el propio Sócrates advertía que las acusaciones en su contra no surgían de hechos concretos, sino de percepciones instaladas con el tiempo. Hablaba de “calumnias antiguas”, versiones que habían moldeado la opinión pública incluso antes de que se iniciara el juicio.
En su defensa, planteó que muchos de sus acusadores habían difundido ideas falsas durante años, generando una imagen distorsionada de su figura. De ese modo, dejaba entrever que no se lo juzgaba tanto por sus acciones, sino por lo que otros creían que hacía.
Esa reflexión encuentra eco en estudios posteriores. En el libro Juicio de Sócrates, los académicos Thomas Brickhouse y Nicholas Smith señalan que las calumnias pueden generar hostilidad social y dar legitimidad a acusaciones débiles.
A su vez, investigaciones publicadas en la revista Psychology Learning and Teaching advierten que las creencias erróneas no desaparecen fácilmente, incluso cuando se presentan evidencias que las desmienten. Su fuerza radica, en gran medida, en su capacidad de apelar a las emociones.
Un legado que sigue vigente
A más de dos mil años de su muerte, el pensamiento de Sócrates mantiene vigencia. Su defensa del diálogo, su método de cuestionamiento y su mirada sobre el poder de la opinión pública invitan a reflexionar sobre los debates actuales.
En un escenario donde la información circula a gran velocidad, su advertencia sobre la calumnia sigue resonando: no solo como una frase histórica, sino como un llamado a revisar cómo se construyen las verdades colectivas.
En base a El Tiempo/GDA