Por qué pensar demasiado en el futuro genera ansiedad y la clave psicológica para pasar a la acción

La rumiación sobre lo que vendrá sobrecarga la mente con escenarios hipotéticos; acá te explico cómo frenar la anticipación negativa y recuperar el foco en el presente.

Hombre inteligente pensando
.
Foto: Freepik.

Hay una frase que utilizo cada vez con más fuerza en mi consulta clínica y que además resuena con mi manera de entender el bienestar: “Minimalismo cognitivo”. Un sello muy personal, ya que me gusta ser muy gráfica e ilustrativa a la hora transmitir conceptos que resultan clave para el equilibrio emocional y bienestar.

El estilo minimalista está sumamente instalado cuando se habla de decoración de ambientes y de moda. Lo asocio con la idea de “menos es más”, además de con el orden, lo limpio, lo puro, aquello que hace que la energía fluya y todo siga su curso natural. Un día dije en una de mis conferencias de forma espontánea que “necesitamos pensar menos y disfrutar más, ser más minimalistas mentalmente, desde lo cognitivo”, y ahí surgió todo.

Claramente, no significa abandonar nuestra arista de seres pensantes. Tampoco significa vaciar la mente, desconectarnos del mundo o convertirnos en personas indiferentes a lo que sucede alrededor, nada más alejado de eso.

Significa algo bastante más difícil: aprender a elegir qué merece nuestra atención y energía psíquica, qué pensamientos necesitan ser escuchados y cuáles podemos dejar pasar. Seleccionar y elegir, acciones complejas si las hay.

Nuevo iPhone Duo plegable.
Nuevo iPhone Duo plegable.
Imagen: La Nación

Vivimos rodeados de estímulos. Noticias, mensajes, redes sociales, opiniones, imágenes, obligaciones, pendientes, expectativas y
comparaciones. El mundo exterior no deja de hablarnos y -muchas veces- nosotros tampoco dejamos de hablarnos internamente. Pensamos en lo que pasó, anticipamos lo que podría suceder, repasamos conversaciones, imaginamos escenarios (generalmente negativos rozando lo catastrófico) y nos exigimos respuestas para problemas que todavía ni siquiera existen.

La mente permanece ocupada incluso cuando el cuerpo está quieto. Una mente permanentemente ocupada no necesariamente es una mente productiva. Muchas veces es simplemente una mente saturada.

Desde hace años, cuando hablo de salud mental, autoestima ansiedad, autocuidado y estilo de vida consciente, aparece de distintas maneras la misma idea: necesitamos recuperar una relación más saludable con nuestros pensamientos.

El pensamiento influye en nuestras emociones, en nuestras decisiones, en nuestras conductas y claramente en nuestro estilo vincular. Por eso no da lo mismo aquello que repetimos mentalmente durante horas y es allí donde tenemos que ser más selectivos que nunca.

El problema no es tener pensamientos negativos. Todos los tenemos. El problema aparece cuando nuestro cerebro cree en todo lo que pensamos, que es lo que habitualmente pasa. Un pensamiento puede ser una hipótesis, una idea, pero nunca una sentencia que nos determina y condiciona la vida.

sentimientos negativos

“Esto va a salir mal”. “No voy a poder”. “Todos avanzan menos yo”. “Debería estar haciendo más”. “Tengo que estar bien”. “No puedo perder tiempo”. “¿Y si sucede…?”. “Solo de pensar en ponerme la ropa de correr me agoto” “No tengo ganas”.Cuando estas frases se convierten en un ruido de fondo permanente, consumen recursos emocionales y cognitivos que necesitamos para vivir el presente. Adicionalmente, existen actividades y acciones que tenemos que hacerlas porque fueron indicadas por el psicoterapeuta, el médico, porque implican bienestar y mejoría en salud ya es allí donde estos pensamientos que ofician de auto boicot no pueden tener cabida.Si estuviera en consulta diría: “No lo pienses tanto, hacelo”. No te conectes con esa ausencia de ganas, simplemente salí a buscarlas.

Desintoxicar la mente

Lago.jpg
Foto: Unsplash.

Por eso el minimalismo cognitivo no propone una mente vacía. Propone una mente selectiva e inteligente emocionalmente, que es algo completamente diferente. De la misma forma en que podemos revisar un placard y preguntarnos qué necesitamos conservar y qué ya no utilizamos, también podemos revisar nuestro mundo interno y hacer un “detox” de pensamientos ¿Este pensamiento me ayuda? ¿Me permite comprender mejor una situación actual? ¿Me conduce a una acción concreta? ¿O simplemente me mantiene dando vueltas sobre el mismo problema una y otra vez?

Hay una diferencia enorme entre ocuparse y preocuparse. Ocuparse implica identificar qué puedo hacer y actuar. Preocuparse muchas veces significa permanecer atrapados en el pensamiento sin avanzar hacia ninguna solución, una especie de loop sin salida que genera mucha ansiedad y estrés.

Esa distinción aparece también cuando hablamos del miedo, la ansiedad y de nuestra relación con el futuro. Quizás uno de los grandes ejercicios de salud mental de nuestro tiempo sea precisamente ese: aprender a pasar del pensamiento repetitivo, invasivo, negativo y anticipatorio a la acción posible.

También necesitamos recuperar algo que parece sencillo, pero que se ha vuelto extraordinariamente difícil: estar donde estamos.
El presente compite permanentemente con el pasado y con el futuro. Mientras conversamos con alguien podemos estar pensando en una tarea que habíamos postergado y con la cual tenemos que cumplir. Mientras trabajamos podemos revisar el teléfono. Mientras descansamos podemos sentir culpa por no estar produciendo. Y mientras estamos disfrutando algo, quizás ya estamos pensando en lo próximo que tenemos que hacer.

Estamos físicamente en un lugar, pero mentalmente en cinco. El minimalismo cognitivo también tiene una dimensión profundamente vinculada con la autoestima. Querernos a nosotros mismos, entre otras cosa implica revisar la forma en la que nos tratamos mentalmente. Una persona puede tener una apariencia impecable, alcanzar objetivos profesionales y recibir reconocimiento externo y, sin embargo, sostener internamente un diálogo permanente de crítica, comparación e insuficiencia.
La autoestima se construye también en ese espacio íntimo donde nadie escucha cómo nos hablamos.

Mujer espejo autoestima
Mujer se mira a sí misma en el espejo, confundida y abrumada.

Por eso, el título de mi “Decido quererme”, no pienso solamente en una declaración emocional. Pienso en una decisión cotidiana: elegir pensamientos más realistas, poner límites, reconocer los propios logros, aceptar las imperfecciones, dejar de compararnos permanentemente y actuar de una manera coherente con aquello que necesitamos.

El amor propio, como he planteado en mi trabajo, no es solamente un sentimiento: también se expresa en decisiones y conductas concretas. Por eso pienso el minimalismo cognitivo como una forma de autocuidado. Es preguntarnos qué información necesitamos y cuál nos sobra. Qué vínculos nos nutren y cuáles nos desgastan. Qué objetivos realmente deseamos y cuáles perseguimos porque creemos que deberíamos hacerlo. Qué pensamientos nos ayudan a crecer y cuáles simplemente alimentan nuestros miedos.

También es permitirnos hacer silencio. No todo necesita una respuesta inmediata. No toda opinión merece nuestra energía. No toda discusión merece nuestra participación. No todo estímulo merece nuestra atención. Minimalismo cognitivo, entonces, no es ausencia, mente vacía o en blanco , es elección consciente y con responsabilidad emocional.

Es hacer espacio para aquello que importa. Porque quizás vivir mejor no consista en agregar permanentemente nuevas herramientas, nuevos objetivos, nuevas actividades y nuevas respuestas. Quizás, en muchos momentos, vivir mejor implique hacer
exactamente lo contrario: lograr detenernos, quitar el ruido, ordenar las prioridades y recuperar la capacidad de distinguir lo urgente de lo importante. La mente también necesita espacio para respirar. Y tal vez una de las formas más profundas de cuidarnos sea incorporar una pregunta a nuestro día a día ¿Esto que estoy pensando merece realmente un lugar en mi mente?

Recordá que “Siempre hay otra forma”.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar