¿Por qué nos atraen ciertas personas y otras no? Cómo elegimos a nuestra pareja, según la psicología

¿Similitud o complementariedad? Las dos teorías que explican por qué elegimos a nuestras parejas hoy y lo que tus vínculos dicen sobre tus necesidades emocionales no resueltas.

Pareja, beso, ternura
Pareja se mira con ternura.
Foto: Freepik.

La atracción no es tan misteriosa como parece, aunque tampoco es completamente racional. Esa sensación de “química” que aparece —o no— frente a otra persona suele responder a patrones psicológicos específicos. Entre ellos, dos grandes teorías ayudan a entender por qué elegimos a determinadas parejas: la atracción por similitud y la atracción por complementariedad, conceptos que el psicoanalista Gabriel Rolón ha desarrollado en distintas ocasiones.

El primer caso refiere a persona que tienden a sentirse atraídas por quienes se parecen a ellas. No necesariamente en lo físico, sino en valores, intereses, creencias o formas de ver el mundo. La similitud genera una sensación de familiaridad y seguridad. Cuando alguien comparte nuestras ideas o hábitos, hay menos conflicto y más validación: sentimos que el otro “nos entiende” sin demasiado esfuerzo.

Pareja, mudanza
Pareja de espaldas besándose en su casa nueva.
Foto: Freepik.

Desde esta perspectiva, elegir una pareja sería, en parte, elegir a alguien que confirma nuestra identidad. Nos vemos reflejados en el otro y eso produce bienestar.

Pero la atracción no se agota en lo parecido. También existe una fuerte tendencia a sentir interés por aquello que no tenemos o que sentimos como carencia. Es lo que se conoce como complementariedad: personas estructuradas que se sienten atraídas por otras más espontáneas, o alguien más racional que se vincula con alguien emocional. En estos casos, el otro aparece como una especie de “completamiento”.

Rolón suele explicar que muchas veces buscamos en el otro algo que creemos que nos falta, algo que nos gustaría desarrollar o que admiramos. Esa diferencia puede resultar fascinante al inicio, porque abre un mundo nuevo.

Pareja charlando
Pareja charlando
Foto: Freepik

Más allá de lo anterior, la elección de pareja está profundamente atravesada por la historia individual. Experiencias de la infancia, modelos vinculares y necesidades emocionales influyen en qué tipo de personas nos resultan atractivas. A veces repetimos patrones conocidos, incluso cuando no nos hacen bien, porque lo familiar —aunque sea incómodo— genera una ilusión de control.

Entender estos mecanismos no significa que podamos controlar completamente de quién nos enamoramos, pero sí permite tomar decisiones más conscientes. Reconocer si estamos buscando solo lo que nos refleja o solo lo que nos falta puede ser una forma de revisar nuestros vínculos. También invita a preguntarse qué lugar ocupa el deseo propio y qué lugar ocupan las necesidades no resueltas.

La atracción, en este sentido, no es azarosa: es una mezcla de biología, historia personal y construcción psicológica. Y aunque no podamos evitar sentir, sí podemos aprender a mirar mejor qué hacemos con eso que sentimos.

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