Niños que solo quieren ganar: cómo enseñarles a disfrutar del juego sin obsesionarse con el éxito

Cada vez más niños priorizan ganar antes que divertirse o compartir. Entender por qué sucede y cómo acompañarlos es clave para que aprendan a disfrutar, tolerar la frustración y fortalecer su autoestima.

Niña tapando su cara
Niña tapando su cara
Foto: Freepik

Cada vez observamos más niños a los que les es muy importante ganar en los juegos y para ser los primeros son capaces de hacer trampa, no respetando las reglas establecidas. El placer en jugar pasa a un segundo plano y solo se focalizan en un único objetivo: ganar, sin tener en cuenta el compartir con otros un lindo momento.

Es verdad que cada vez somos una sociedad más competitiva. Los padres tienen que cambiar las actitudes frente a sus hijos como dejar de estar pendientes de las calificaciones que obtienen o dejar de focalizarse solo en obtener el primer lugar en juegos deportivos.

Hace unos años observábamos en la clínica infantil el miedo a perder en actividades lúdicas que implicaban competición y lo denominamos miedo al fracaso. Eran niños que tenían temor a perder el afecto de sus padres si se equivocaban, y esto les generaba inseguridad, frustración, y en casos extremos podían presentar berrinches.

En la actualidad observamos un intenso deseo de ganar a cualquier precio. La pregunta es para qué, con qué fin. Parece que los logros son los que están guiando a nuestros pequeños, olvidando otros valores como la solidaridad, compañerismo, el compartir, que son una caricia a la autoestima que se está formando durante la infancia.

El juego ayuda a desarrollar distintas habilidades necesarias en la vida adulta. Su fin es el placer y el aprendizaje de conocimientos y destrezas necesarias para la adaptación a la vida.

Los niños necesitan jugar para crecer cognitivamente, físicamente y emocionalmente. Además es necesario que sientan el amor de sus padres, a pesar de la calificación y/ o del lugar obtenidos en los deportes que practican.

El pequeño tiene que sentirse querido, sin relación a los logros obtenidos.

Padres e hijo enojados
Padres e hijo enojados
Freepik

Instrumentos

Estas son algunas herramientas a tener en cuenta.

1. Observar qué hace tu hijo para ganar en un juego. Si cambia las reglas es necesario confrontarlo y repetirlas en un modo claro y entendible.

Se le puede decir frases tales como: “veo que te es muy importante ganar, yo te quiero aunque pierdas”. Evitar decirle tramposo porque este es un adjetivo que no tiene fin educativo. No ayuda hacerse el distraído para que el niño obtenga lo que quiere, lo contrario; es él quien tiene que adaptarse a las reglas previamente establecidas para fortalecerse, a pesar de la intensa frustración que puede sentir.

2. Si pierde y llora, se angustia o tiene reacciones agresivas, hay que poner en palabras sus emociones sin juzgarlas. Por ejemplo: “veo que estás enojado o triste” para que él tome consciencia de lo que le está sucediendo en ese momento.

3. Hay niños que cuando ganan en un juego competitivo gritan con una desmedida alegría comparable a la culminación de una carrera u obtención de un puesto buscado hace tiempo. Esa intensidad muestra la jerarquización que tiene para él ganar un juego.

4. Los padres no tienen que fijarse solo en los resultados. Lo más importante es resaltar el esfuerzo, la tenacidad, la perseverancia; todos estos son recursos personales que lo ayudarán en toda su vida.

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Muchas veces, las personas emocionalmente inmaduras recurren a actitudes infantiles.
Foto: Freepik.

5. No presionar para la obtención de logros, por el contrario hay que motivar mostrando el disfrute en el juego, el aprendizaje, el compartir con otros amigos. Nunca debe obligarse a realizar una tarea extra curricular que a ellos no les guste.

6. Hacerlo sentir que es querido y vale por lo que es, no por los resultados obtenidos. Focalizar en lo bueno que es sentir placer en ciertas actividades en distintos ámbitos.

El punto es la obsesión por ganar, que lleva a la frustración y con los años se forma una baja autoestima acompañada del peligro de desarrollar una dependencia a obtener logros y cuando esto no suceda puede causar un intenso sufrimiento. A veces la iniciativa o los intentos quedan paralizados por el temor a no ser el primero.

Es importante que los padres no comparen los rendimientos entre hermanos o con amigos, ni preguntar sobre calificaciones o resultado de los otros compañeros.

Todos tenemos luces y sombras, talentos y limitaciones. Los primeros deben de ser aceptados para desarrollarlos y los segundos aceptados para trabajarlos con el fin de mejorarlos.

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