En el siglo IV a.C., mientras China atravesaba la convulsionada etapa de los Reinos Combatientes, un pensador recorrió distintos territorios ofreciendo orientación política y ética a sus gobernantes. Su nombre era Mengke, aunque pasó a la historia como Mencio, uno de los grandes referentes del confucianismo clásico y defensor de la naturaleza humana como esencialmente buena.
Considerado continuador de las enseñanzas de Confucio, Mencio desarrolló su pensamiento en un período marcado por la fragmentación política y los enfrentamientos entre estados. En ese contexto inestable, propuso una mirada que ponía el acento en la responsabilidad moral individual como base para el orden social y político.
La naturaleza humana es buena
Uno de los pilares de su filosofía es la afirmación de que la naturaleza humana posee disposiciones morales innatas. Para Mencio, las personas nacen con una inclinación hacia la compasión, la justicia y la rectitud. El mal no sería parte de la esencia del individuo, sino el resultado de condiciones externas adversas, como la pobreza, la corrupción o la falta de educación ética.
Esta visión contrasta con corrientes que sostienen que el ser humano tiende al egoísmo. En cambio, Mencio entendía que el desarrollo moral depende de cultivar esas semillas internas. Si el entorno es hostil o la formación es deficiente, esas disposiciones pueden atrofiarse, pero no desaparecen por completo.
La introspección como punto de partida
Una de las frases que sintetiza su pensamiento señala: “Si amas a las personas y se muestran hostiles contigo, examina tu amor”. La sentencia continúa invitando a revisar la propia sabiduría, la cortesía o las acciones cuando los resultados no son los esperados. El mensaje es claro: antes de señalar al otro, corresponde practicar la introspección.
Para el filósofo, la raíz del comportamiento ético se encuentra en el interior. La autocrítica no implica culpa permanente, sino asumir que la transformación social comienza por la revisión personal. Este principio se proyecta tanto en la vida cotidiana como en el ejercicio del poder.
Virtud individual y orden social
La propuesta de Mencio no se limita al ámbito privado. Su concepción de la virtud tiene un impacto colectivo. Si los gobernantes cultivan la rectitud y actúan con humanidad, sostenía, la sociedad tenderá a replicar esos valores. La política, entonces, no puede desligarse de la ética.
En tiempos de incertidumbre, su pensamiento mantiene vigencia al recordar que el liderazgo moral no depende solo de normas externas, sino de la coherencia interna. Para Mencio, la mejora del mundo comienza por el examen de uno mismo: una idea que, más de dos mil años después, sigue interpelando la vida pública y las relaciones personales.
En base a El Tiempo/GDA