Meditación y bienestar: una herramienta para encontrar calma, aceptación y mayor unidad interior

La contemplación durante la meditación puede ayudar a observar pensamientos, creencias y emociones sin juicio, favoreciendo una mayor aceptación y una forma diferente de transitar los desafíos cotidianos.

Yoga, meditación
Niña medita con su mamá.
Foto: Freepik.

Solange Gerona*
Muchos afirman que correr o jugar un deporte es “su meditación”, y es cierto que la actividad física suma al bienestar.

Activa endorfinas, genera una activación muscular que produce un gran impacto positivo en la microbiota y, consecuente y directamente, provoca cambios favorables del humor a nivel del sistema nervioso central.

Pero lo que genera una meditación no guiada, sino librada a la contemplación (maravillarme, sin emitir juicio por lo que aparece en la quietud física, de pensamientos, creencias, o de otro espacio particular sensacional, dícese de sensaciones) es un estado expandido de experiencias.

Cuando experimento este estado, puede parecer al inicio la conflictiva coexistencia en nuestro interior de “pareceres” o “puntos de vista”; o aún algo más complejo como son los sistemas de creencias en nosotros que no están en armonía ni acuerdo. Esta experiencia de juicio o diálogo interno negativo sobre aspectos de nosotros mismos es algo que solo puedo contemplar durante el espacio meditativo y no en el ejercicio.

La posibilidad de verlos sin juicio genera una armonización interna que facilita la integración de nuestros aspectos, y aún emociones y dolores. Surge una aceptación. Y esa experiencia va profundizándose a medida que comprendo este proceso. Simplifica muchísimo, al salir de la meditación, esa misma experiencia ya en lo cotidiano.

Nuestro bienestar, que podríamos definirlo como un estado de salud y vitalidad, de buenas relaciones y sensaciones de pertenencia y contribución, se ve afectado aunque mi vida, a ojos de otros, parezca perfecta: pareja perfecta, hijos perfectos, trabajo nutritivo y próspero, y aún podemos estar contribuyendo activamente en nuestra sociedad. Pero todo eso, sin una coexistencia del conflicto en nuestro interior que vaya disminuyendo, es lo que realmente nos llevará al bienestar.

Escuela de vida. Foto: difusión
Escuela de vida. Foto: difusión

También es posible transitar mejor los desafíos de la vida (enfermedad, relaciones interpersonales difíciles, falta de motivación a la vida) al irse transformando en la práctica meditativa cotidiana; sentir que van solucionando o disolviéndose, o viviéndolos desde un estado de calma y aceptación que cambia radicalmente el resultado de nuestros esfuerzos por solucionarlo.

Hay otros pasos de mayor profundidad en la meditación, pero son pasivos. La contemplación es el primer y último paso “activo” desde nosotros. Los invito a revisar sus prácticas, porque no es necesario tener “problemas específicos” para iniciar este aspecto.

¿Qué pasa luego, cuando en mi evolución aprendo esto? Cada vez me percibo más en unidad conmigo. Eso no quiere decir que adentro sea “uniforme”, sino que hay permiso de coexistir distintas versiones de mí, sin conflicto. Y así recupero las vivencias similares a cuando era pequeño, tengo vitalidad, sorpresa ante la vida, lo que genera un cambio tan profundo en la percepción de la vida que, aunque sean las mismas condiciones, no se vive de la misma manera.

Escuela de vida está en Beyrouth 1272 – Montevideo – Uruguay. Su teléfono es 097 738 078 y están en Instagram como @escueladevida.uy.

*Doctora en medicina y jefa del Programa de Trasplante Hepático en Uruguay. Fundadora de Escuela de Vida.

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