Marina Zambrana y Pedro Cornejo son los fundadores de Mentes Expertas; ambos lideran un proyecto de desarrollo personal que deja valiosas enseñanzas para vivir mejor. A continuación un resumen de un mano a mano con Marina.
¿Después de tantos años hablando de felicidad, ¿qué cambió respecto de lo que entendían por ser felices cuando comenzaron Mentes Expertas?
Ha cambiado muchísimo. Cuando empezamos, probablemente relacionábamos más la felicidad con que las cosas fueran bien. Hoy sabemos que eso es imposible. Después de tantos años y de tantas conferencias, para mí la felicidad tiene mucho más que ver con cómo interpretas lo que te pasa que con lo que te pasa. No podemos elegir todo lo que ocurre en nuestra vida. Ni muchísimo menos. Pero sí podemos trabajar la actitud con la que lo afrontamos. Y también hemos aprendido algo muy importante: ser feliz no significa estar feliz todo el tiempo. Puedes tener un día horrible, estar triste, enfadarte, tener miedo… y seguir teniendo una vida profundamente feliz.
Sostiene que la felicidad es una decisión. ¿Hasta dónde podemos elegir ser felices cuando atravesamos un duelo, una enfermedad, problemas económicos o una crisis personal?
Yo matizaría mucho esa frase. No decides que algo no te duela. Decides qué haces con ese dolor. Hay momentos en los que la vida te golpea y no hay ninguna frase positiva que valga. Y tampoco hay que buscarla. Hay que llorar, estar triste, pedir ayuda, enfadarse… lo que toque. La actitud no consiste en negar lo malo. Para mí consiste en decir: sé que esto es malo, sé que me duele, pero voy a intentar que no se lleve también todo lo bueno que sigue existiendo en mi vida. Eso sí podemos trabajarlo.
¿Dónde termina la psicología positiva y dónde empieza la positividad tóxica? ¿Es posible que la obsesión por “estar bien” termine generando más presión?
Totalmente. A mí me horroriza esa obligación de tener que estar bien siempre. La psicología positiva bien entendida no consiste en negar lo negativo, sino en aprender a poner también el foco en todo lo bueno que muchas veces damos por hecho. Si estás pasando un mal momento y alguien te dice “venga, piensa en positivo”, probablemente te entren ganas de matarlo. No se trata de eso, sino de entender que en una misma vida pueden convivir cosas muy difíciles y cosas maravillosas. Reconocer unas no significa negar las otras.
Vivimos hiperconectados, comparándonos permanentemente con vidas ajenas y con una enorme exigencia por ser “nuestra mejor versión”. ¿Somos hoy más felices o más infelices que antes?
Creo que tenemos más herramientas para ser felices, pero también muchísimas más oportunidades para sentir que nuestra vida no es suficiente. Antes te comparabas con tu vecino. Ahora te comparas con miles de personas todos los días. Y además comparamos nuestra vida real, con sus problemas, discusiones, inseguridades y días malos, con el resumen de los mejores momentos de la vida de los demás, vidas editadas. Así es imposible ganar. A veces pienso que no necesitamos ser nuestra “mejor versión”. Necesitamos estar un poco más en paz con nuestra versión real y permitirnos ser humanos, como nos enseña Tal Ben-Shahar en Mentes Expertas.
Después de más de una década y de haber escuchado a miles de personas, ¿cuál es el principal obstáculo que ven para que la gente pueda construir una vida más feliz?
Para mí, uno de los mayores es dar por hecho lo bueno y sobredimensionar lo malo. Nos acostumbramos rapidísimo a tener salud, a nuestra familia, a nuestros amigos, a tener una casa, un trabajo… y dejamos de verlo. Pero basta que aparezca un problema para que ocupe toda la pantalla. Después de escuchar tantísimos eventos de Mentes Expertas —unos 1.500 en estos 15 años—, una de las cosas que más intento aplicar es precisamente esa: sé perfectamente que existe lo malo, pero decido entrenarme para mirar también lo bueno. Porque lo bueno hace muchísimo menos ruido.
¿Cómo eligen a los oradores de Mentes Expertas? ¿Qué tiene que tener una persona para que ustedes digan: “Queremos que venga a hablarle a nuestro público”?
Aquí somos tremendamente exigentes. Por supuesto, tiene que saber muchísimo de lo que habla, pero eso no es suficiente. Tiene que saber llegar. Nos interesa alguien que consiga que una persona salga del teatro pensando diferente, entendiendo algo que antes no entendía o con ganas de cambiar algo de su vida. Y hay otra cosa fundamental: la autenticidad. No buscamos personas que suban a un escenario para demostrar cuánto saben. Tal vez con esta frase puedo explicar lo que Perico y yo buscamos: Nuestros ponentes no se suben al escenario de Mentes Expertas para brillar, sino para iluminarnos a todos.
Este año trajeron a Uruguay a Tal Ben-Shahar. ¿Qué tiene su mirada que sigue siendo tan vigente y por qué decidieron traerlo nuevamente?
Tal tiene algo que nos encanta: lleva la felicidad al terreno de la ciencia y, al mismo tiempo, la hace tremendamente cotidiana. No vende una vida perfecta. Precisamente habla de aceptar que somos humanos, que tendremos miedo, tristeza, frustración, estrés… y que la felicidad no consiste en eliminar esas emociones. Y quizá por eso su mensaje sigue siendo tan vigente. En un momento en el que parece que todos tenemos que estar estupendos, producir muchísimo, hacer deporte, meditar, comer perfecto y encima sonreír para Instagram, llega Tal y te recuerda algo bastante liberador: eres humano.
¿Quiénes están en agenda para Uruguay?
La agenda de Mentes Expertas en Uruguay continúa con Nataly Marcus, el 29 de octubre, y Borja Vilaseca, el 19 de noviembre.
Llevan muchos años juntos y además trabajan juntos. ¿Qué aprendieron sobre el amor y la convivencia que no sabían cuando comenzaron?
Perico y yo llevamos 36 años juntos, y una de las cosas que Mentes Expertas me ha enseñado es que las personas cambiamos. Somos diferentes, crecemos, atravesamos distintas etapas y no dejamos de transformarnos. Por eso, en una pareja hay que esforzarse por enamorarse de las nuevas versiones de la persona que tienes al lado y también por mantener la llama encendida. Como dice Víctor Küppers: “Planta que no riegas, planta que palma”. Yo me enamoré del Perico de 20 años, pero ese Perico no tiene nada que ver con el de 30, 40 o 50. ¡Y qué aburrimiento si siguiera siendo exactamente el mismo! El amor también consiste en descubrir quién es esa persona en cada etapa, seguir admirándola, cuidarla y cuidar la relación. Porque quererse mucho no significa que todo funcione solo. ¡Para nada! Hay que regar la planta cada día. Y eso significa muchas cosas: pedir perdón, decir “te quiero”, dar las gracias, ser bondadosos…
¿Qué consejo sobre felicidad dan a los demás pero les cuesta aplicar en su vida?
A mí, sobre todo, me cuesta ver cómo la gente que quiero se enfada, se estresa o se amarga por menudencias. Por errores que, en realidad, podrían ser simplemente aprendizajes. Creo que la felicidad tiene mucho que ver con la diferencia entre lo que te pasa y lo que te esperas que te pase. Entre el hecho en sí y la historia que construyes alrededor. Porque claro que tienen que ocurrir cosas que nos duelan. El dolor no es opcional. Pero el sufrimiento, en buena medida, sí se puede trabajar. No se trata de negar lo que ha ocurrido, sino de decidir cuánto espacio le damos. Podemos trabajar nuestra actitud sin hacer dramas, sin repetir una y otra vez la misma historia, sin hacer montañas imaginarias alrededor de una tontería que nos roba energía y nos dispara el cortisol. Y no solo nos lo dispara a nosotros. También a quienes tenemos alrededor, que muchas veces son auténticos ángeles y no merecen cargar con nuestro egoísmo, nuestra irritación o nuestra incapacidad para relativizar. Y, como ves, esto me enfada. Mucho. Siento una impotencia enorme cuando veo que alguien que quiero se hace daño a sí mismo —y también a los demás— por no saber gestionar una emoción o relativizar un problema. Y siempre pienso que Mentes Expertas tiene que seguir existiendo, sobre todo, por esto. Lo mismo que vamos al gimnasio para entrenar nuestro cuerpo, acudimos a Mentes Expertas para entrenar nuestras emociones. Para aprender a entendernos mejor, a gestionar lo que nos pasa y a vivir con un poco más de calma, perspectiva y bondad.
Después de tantos años enseñando a otros a ser felices, ¿ustedes son felices? ¿Qué significa hoy esa palabra para cada uno?
Sí. Yo puedo decir que soy profundamente feliz. Pero no porque mi vida sea perfecta. Tengo problemas, preocupaciones, días malos, personas que quiero y sufren, miedos… como todo el mundo. Para mí hoy la felicidad no es una vida en la que no pasa nada malo. Es mirar tu vida completa, con lo bueno y con lo malo, y aun así sentir que merece muchísimo la pena. Es querer a la gente que tienes cerca. Disfrutar de cosas muy pequeñas. Tener proyectos que te ilusionan. Reírte mucho. Sentirte útil. Y aprender a valorar lo que tienes mientras lo tienes, no cuando lo pierdes. Y hay algo más que para mí representa muy bien lo que significa la felicidad. Al estar todo el día viviendo la experiencia de asistir a Mentes Expertas —algunos días hacemos hasta tres sesiones seguidas—, llego a casa y les hablo a mis hijos con el mismo lenguaje que utilizamos en las conferencias. A lo mejor me escuchan diciéndoles: “No es lo que te pasa, sino cómo interpretas lo que te pasa”. Y ellos me miran muy serios y me dicen: “¡Marian, sal de mi madre!” Refiriéndose, por supuesto, a Marian Rojas. Para mí, esa también es la felicidad: estar dejando, junto a Perico, un legado a nuestros hijos. Un legado de valores, de herramientas y de aprendizajes que les ayuden a vivir mejor. Y me hace muchísima ilusión pensar que pueden reconocer a algunos de los ponentes más importantes de la psicología positiva con tan solo escuchar una frase.
Porque ahora, cuando a los chicos les dices: “Las mujeres no lloran, las mujeres facturan”, te responden: “¡Shakira!” Enseñémosles también frases que les ayuden a pensar mejor, a gestionar sus emociones y a ser mejores personas. Enseñémosles a escuchar, a reflexionar y a vivir con más bondad. Enseñémosles a ser, en definitiva, Mentes Expertas.