Las frases que pueden revelar una mirada negativa sobre uno mismo, según la psicología

Repetir ciertas expresiones puede reflejar pensamientos negativos, inseguridad o una tendencia a anticipar resultados desfavorables. Un especialista advierte que una frase aislada no permite determinar el estado emocional de una persona.

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Mujer triste.
Foto: Freepik.

Las palabras que una persona utiliza para hablar de sí misma y de lo que le sucede pueden ofrecer pistas sobre la manera en que interpreta sus experiencias. Cuando determinadas expresiones aparecen una y otra vez, podrían estar vinculadas con patrones de pensamiento negativos que afectan la forma de afrontar las dificultades.

El profesor y especialista en comunicación Preston Ni analizó este tipo de comportamientos en un artículo publicado en Psychology Today, donde identificó varias expresiones frecuentes entre personas que atraviesan situaciones de infelicidad de manera recurrente.

Ni aclara que tener pensamientos negativos ocasionalmente es normal. El problema puede surgir cuando esas ideas se vuelven persistentes y terminan condicionando la manera de enfrentar distintas situaciones. Por eso, pronunciar alguna de estas frases de forma aislada no significa que una persona sea infeliz ni constituye un diagnóstico psicológico. Lo relevante es si forman parte de un patrón que se repite.

Ocho expresiones para prestar atención

Una de las señales mencionadas por el especialista es el diálogo interno negativo. Frases como “No soy lo suficientemente bueno”, “No puedo hacerlo”, “No me siento seguro” o “Voy a fallar” pueden afectar la confianza cuando se transforman en pensamientos habituales.

Otra expresión está vinculada con la tendencia a anticipar resultados negativos: “Si algo puede salir mal, seguro me va a pasar a mí”. En estos casos, la persona da por supuesto un desenlace desfavorable antes de conocer qué ocurrirá, lo que puede aumentar la preocupación e influir en sus decisiones.

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La comparación permanente con los demás también aparece entre los patrones señalados. “Nunca voy a ser tan exitoso como él o ella” o “Todos tienen la vida resuelta menos yo” son pensamientos que llevan a evaluar la propia situación a partir de la de otras personas y pueden alimentar la insatisfacción.

Otra frase frecuente es: “Si tan solo no hubiera cometido ese error, todo sería diferente”. Se trata de una mirada concentrada en un acontecimiento del pasado que ya no puede modificarse. Recordar los errores puede servir para aprender de ellos, pero permanecer constantemente atrapado en lo ocurrido puede dificultar avanzar.

Ni también menciona expresiones relacionadas con la percepción de falta de control: “Siempre me hacen sentir mal, no importa lo que haga”. Este tipo de pensamiento puede aparecer cuando una persona considera que sus emociones o circunstancias dependen exclusivamente de lo que hacen los demás.

Algo similar ocurre con frases como “Nunca tuve las oportunidades que otros sí tuvieron, por eso estoy así”. Las circunstancias externas pueden tener una influencia importante en la vida, pero el especialista advierte sobre convertir esa explicación en una afirmación absoluta que deje sin espacio cualquier posibilidad de actuar sobre el presente.

La culpa es otro de los patrones señalados. “Nunca voy a perdonarme por lo que hice” puede reflejar un autorreproche que se mantiene en el tiempo. Reconocer un error y asumir sus consecuencias no es lo mismo que convertirlo en una condena permanente, algo que puede dificultar procesar lo ocurrido y continuar adelante.

Por último, Ni aborda el miedo al fracaso y la búsqueda de perfección. “Tengo miedo, no sé si voy a poder hacerlo” puede ser una reacción normal ante un desafío importante. Sin embargo, cuando el temor lleva sistemáticamente a evitar nuevos intentos, puede convertirse en un obstáculo.

En ese contexto, el especialista plantea que la perfección no es un objetivo realista: “Por más que lo intentemos, simplemente no es humano ser perfecto”. La diferencia, en definitiva, no estaría en pronunciar alguna de estas frases alguna vez, sino en la frecuencia con que aparecen y en cuánto condicionan la manera de interpretar la propia vida.

En base a La Nación/GDA

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