La explicación psicológica de por qué el fútbol nos une tanto en una época de individualismo

El mundial ofrece una experiencia común de apoyo social y vivencias compartidas que conecta con nuestra historia.

Hinchas en la explanada de la Intendencia de Montevideo.
Hinchas en la explanada de la Intendencia de Montevideo.
Foto: Estefanía Leal.

Cada cuatro años la población de todo el mundo reorganiza sus rutinas, actividades y agendas para asistir a una cita impostergable: los partidos del Mundial de fútbol.

La típica fiebre mundialista ya se instaló en nuestras latitudes. Uruguay hizo su debut en el Mundial el lunes pasado y jugó ayer.
La gran mayoría de los uruguayos ya realizó las modificaciones pertinentes en su agenda para no solamente estar a esa hora frente al televisor, sino además poder organizar cada previa en casa de amigos, vecinos o siendo anfitrión de la juntada.

Somos todos “la celeste” y nuestra ilusión, expectativa y emoción es tanto o más intensa que la de los jugadores: los verdaderos protagonistas activos de este evento. Todo un ritual cuasi religioso que se reitera en cada Mundial.

En líneas generales en estos tiempos, el fútbol es tema de conversación en los medios de comunicación, la oficina, la familia o el colegio. El denominador común de las charlas son resultados futbolísticos. A ellos se suma la “montaña rusa emocional”, que se presenta como una constante durante toda la competencia deportiva. Un gol puede significar la euforia de todo un país, mientras que una derrota puede arruinar la semana entera.

Hinchas Uruguay.
Hinchas Uruguay.

En este sentido, me surge la pregunta: ¿Por qué nos involucramos tanto al punto de que el Mundial afecta nuestro estado de ánimo?
La psicología sostiene que el ser humano necesita sentirse perteneciente a grupos y proyectos colectivos, por lo que cuando juega la selección nacional experimentamos la sensación de “jugamos todos”, adjudicando a ese plantel de fútbol la conexión con nuestra historia, recuerdos y cultura.

En una época donde prima el individualismo y la desconexión humana, el Mundial ofrece una experiencia común de apoyo social y vivencias emocionales compartidas, donde con frecuencia la gente se junta para mirar los partidos compartiendo la previa, el momento del partido en sí y el momento posterior con el análisis y comentarios relativos al resultado.

Pero ¿qué ocurre cuando la pasión y el fervor del clima mundialista llevan a confundir los resultados deportivos con el bienestar personal? Es allí, donde el disfrute se transforma en sufrimiento y el partido pasa de ser una celebración a una tormenta de emociones negativas que dejan fijado al hincha en una especie de loop sin salida.

Dos hinchas viendo a la selección en el Mundial 2026.
Dos hinchas viendo a la selección en el Mundial 2026.
Foto: Ignacio Sánchez.

Adicionalmente, esta tríada formada por enojo, frustración y tristeza, suele perdurar en el correr de los días posteriores a la derrota, experimentando como un fracaso personal e impactando negativamente en la performance, capacidad de rendimiento, humor y estilo vincular quien lo padece.

Algunas sugerencias y recomendaciones para vivir este Mundial a pleno, desde el bienestar emocional independientemente de los resultados:

  1. Regular la expectativa: Cuando la expectativa es desmedida y rígida suele causar frustración y malestar general. Mantener la ilusión y desear lo mejor es muy saludable sin exigir ganar a modo de obligación. El hecho de perder tiene que estar sobre la mesa como opción.
  2. Disfrutar del proceso más allá del resultado: Ante una derrota deportiva, la indicación es valorar los momentos compartidos, la preparación de la “previa”, las conversaciones generadas en torno al tema futbolístico.
  3. Tomar distancia de redes sociales frente a un resultado negativo: la sobreexposición a contenido relativo a la derrota suele impactar negativamente en el humor, generando agresividad con interacciones tóxicas, una retroalimentación de la cual se hace difícil salir.
  4. Tener en cuenta que la identidad personal es más importante siempre que la identidad colectiva y deportiva: el resultado deportivo no define el valor de una persona, grupo humano o comunidad.

La verdadera enseñanza o “valor psicológico” del Mundial es de los menos comentados y tiene poca prensa: el aprendizaje no radica en ganar o perder. Este binomio sobrevalora lo cuantitativo, dejando de lado la calidad del proceso.

La realidad es que esta competencia deportiva de altas ligas, nos ayuda a practicar habilidades emocionales que necesitamos todos los días y que hacen al modo en el que ejercemos roles y nos vinculamos en sociedad: tolerar la incertidumbre y la ansiedad anticipatoria, controlar el pensamiento negativo, manejar la frustración, incorporar disciplina, profesionalismo, trabajo en equipo, fijar objetivos a largo plazo. También permite compartir alegrías y recuperarnos de las derrotas, analizar casos de éxito y fracaso para una mejora continua.

Al final, independientemente de los goles, las tablas de posiciones y los triunfos futbolísticos lo que realmente está en juego es la capacidad de compartir emociones colectivas, sin perder nuestra identidad y equilibrio individual. Celebrar cuando se gana, aceptar y acompañar cuando se pierde: bajo la premisa básica de disfrutar el proceso mientras dura.
¡Vamos Uruguay!

Hinchas de Uruguay en el Hard Rock Stadium de Miami en el Mundial 2026.
Hinchas de Uruguay en el Hard Rock Stadium de Miami en el Mundial 2026.
Foto: EFE.

Sabina Alcarraz es psicóloga clínica, psicoterapeuta cognitivo-conductual, psicoterapeuta EMDR, trauma psíquico, experta en autoestima, especialista pionera en psicoestética.

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